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 the shape of leadership

Cómo liderar en una pandemia

Encontremos el camino a seguir en la fe

Robert C Crosby on April 15, 2020

Cómo hubieras respondido si a comienzos del año 2020 alguien te hubiera dicho?: «En menos de tres meses habrá una pandemia mundial que infectará a cientos de miles y matará a decenas de miles, las fronteras de la nación se cerrarán, innumerables iglesias no podrán reunirse en los templos, la gente será confinada a sus hogares, la economía global se estancará, y la mayoría de las universidades y escuelas cerrarán y darán sus clases por Internet».

Quizás hubieras dicho: «Bromeas, ¿verdad? ¡Estás loco! Eso jamás nos sucedería; no en este país».

Con todo, aquí estamos. Como pastores y líderes, todavía estamos tratando de entender este momento y discernir la mejor manera de afrontarlo.

El Dr. Robert E. Cooley, expresidente del Seminario Teológico Gordon-Conwell, dijo esto acerca del liderazgo: «Los líderes hacen dos cosas: Definen los problemas y afrontan los conflictos».

Me he apoyado en esta definición tanto tiempo que formé mi propia versión de ella. Los líderes cristianos hacen tres cosas: Definen los problemas, edifican al pueblo y afrontan las oportunidades para el Reino de Dios.

Pero ¿en qué manera puede este marco del liderazgo desarrollarse hoy al afrontar este entorno profundamente desafiante? ¿Cómo podemos ayudar a liderar a las personas a través de una pandemia global?

Define los problemas

Aquí no hay respuestas fáciles. No solo estamos lidiando con una crisis de salud, sino también financiera, educacional, vocacional y sicológica. Estos problemas son complejos y pueden ser abrumadores y confusos. La gente mira a los líderes para que les den claridad. Debemos responder de tres maneras.

Primero, debemos hacer las preguntas correctas. No necesitas saber la respuesta a todas las preguntas para dirigir bien a la gente, pero necesitas ser capaz de hacer y responder las preguntas correctas.

En los tiempos de crisis la gente a menudo quiere saber por qué suceden cosas malas.  No obstante, cuando Jesús habló con las personas enfermas o que tenían problemas, Él no se enfocó en el «por qué». En cambio, Jesús les trajo ayuda, gracia y sanidad.

Entonces, Una mejor manera de tratar con la pregunta del por qué podría ser considerar el para qué. ¿Qué clase de bien podría Dios sacar de un tiempo y una situación tan difícil?

La historia bíblica ofrece una perspectiva para dirigir a la gente en medio de la crisis. El viaje más famoso de fe y lucha fue el de la nación hebrea que siguió a Moisés para salir de Egipto y cruzar el desierto.

Para los hijos de Israel, el viaje de 40 años estuvo lleno de desafíos, desvíos, curvas, giros y vaivenes, con un ejército persiguiéndoles, un mar en su camino, plagas, lepra, sequías, incendios en el campamento y otros tropiezos más. Pero Dios usó este tiempo para lograr sus propósitos y enseñarle a su pueblo a confiar en Él.

¿Qué hace Dios en y a través de su pueblo hoy? ¿Cómo pueden nuestras circunstancias actuales glorificar a Dios y avanzar su misión en el mundo? Esto nos trae a un segundo punto.

Debemos buscar una perspectiva del Reino. Las Escrituras no garantizan a los seguidores de Cristo una vida libre de problemas. Jesús dijo: «Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo» (Juan 16:33). Vivimos en un mundo de aflicciones.

Sin embargo, n tiempos intensos como estos preguntamos: «¿Puede esta dificultad producir algo positivo? ¿Puede Dios usarla para algo bueno?».

Deuteronomio 8 nos proporciona una visión de cómo Dios obraba en su pueblo en medio de las dificultades:

«Recuerda cómo elSeñortu Dios te guió por el desierto durante cuarenta años, donde te humilló y te puso a prueba para revelar tu carácter y averiguar si en verdad obedecerías sus mandatos. Sí, te humilló permitiendo que pasaras hambre y luego alimentándote con maná, un alimento que ni tú ni tus antepasados conocían hasta ese momento. Lo hizo para enseñarte que la gente no vive solo de pan, sino que vivimos de cada palabra que sale de la boca delSeñor. En el desierto, te alimentó con maná, un alimento desconocido para tus antepasados. Lo hizo para humillarte y para ponerte a prueba por tu propio bien». (vv. 2-3,16).

La adversidad trae humildad. Revela nuestro carácter y obediencia a Dios. Y cuando Dios está con nosotros en medio de las pruebas, podemos confiar que Él las usará para nuestro bien.

Tanto en los tiempos de consuelo como en los de adversidad sabemos que Dios obra. A través de la Biblia, el pueblo de Dios ha luchado con dudas, ansiedades y preguntas. Pero, aun así, Dios habló por medio de su Palabra y les dio perspectiva y consuelo.

Por último, debemos decirle la verdad a la gente. La honestidad en la comunicación es algo esencial que inspira confianza en los líderes. Estamos viviendo en un tiempo difícil y los líderes cristianos no deberían negarlo.

Durante la Guerra Civil de los Estados Unidos, varias de las batallas no resultaron como Abraham Lincoln hubiera querido. Pero aun así ejerció la honestidad.

«Soy un firme creyente en la gente», dijo Lincoln.  «Si se les habla la verdad, se puede contar con ellos para afrontar cualquier crisis nacional. El asunto principal es comunicarles los hechos reales».

Abordar honestamente los problemas que hoy enfrentamos proporciona claridad a las personas que lideramos. Escuchar la verdad los ayuda a procesar y responder adecuadamente a las realidades difíciles. La honestidad prepara el terreno para el segundo paso del liderazgo.

Edifica a la gente

Hoy estamos afrontando una epidemia espiritual de temor. Durante una crisis las personas fácilmente quedan absorbidas y abrumadas. En un clima así los líderes tienen la oportunidad de inspirar confianza en Dios.

El pastor Jack Hayford lo dijo bien: «Dios no nos ha llamado a construir grandes iglesias, sino más bien grandes personas».

Pablo escribió a una iglesia en crisis en 1ª de Corintios. La congregación estaba llena de personas problemáticas, egocentrismo y error espiritual. Entre otras cosas, Pablo se dirigió a un mal emplazamiento de la esperanza y una excesiva dependencia en personalidades, la política, las obras y el poder (1ª de Corintios 1:10-17, 3:3-23); un malentendido sobre la gracia (1ª de Corintios 10:23-24); y una subestimación de la centralidad del amor semejante al de Cristo como la motivación y meta primaria del ministerio (1ª de Corintios 13).

En medio de esta crisis cultural, Pablo instruyó y dirigió a la iglesia de Corinto en una reforma. Se puso a enseñar, entrenar y transformar las mentes y los comportamientos de estas personas para edificar grandes almas. Cuando les escribió, Pablo les recordó de lo esencial: «Tres cosas durarán para siempre: la fe, la esperanza y el amor; y la mayor de las tres es el amor» (1ª de Corintios 13:13).

Edificar a la gente con una fe que vence. Superar una crisis, sea global o personal, requiere fe. Muy a menudo, la gente piensa en la fe como una varita mágica, algo que usamos para obtener lo que queremos de Dios.

Por el contrario, la fe bíblica no es algo que usamos para conseguir lo que queremos; sino que es algo sobrenatural que Dios pone dentro de nosotros para ayudarnos a llegar a ser las personas que Él quiere.

La fe es para los tiempos difíciles como estos. Es el músculo espiritual interno dado por Dios que necesitamos para soportar y vencer. La fe es mucho más que el próximo sermón que predicaremos. La fe es «un regalo de Dios» (Efesios 2:8).

La fe que enseñas como líder a tu pueblo informará, pero la fe que vives en este tiempo los ayudará a recibir la inspiración para caminar por la fe. La fe revela la esperanza que tenemos en el interior. El escritor a los hebreos define la fe como «la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver» (Hebreos 11:1, ntv).

Edificar a la gente con una esperanza inconmovible. En los tiempos difíciles, puede dificultarse encontrar esperanza. El 3 de marzo, una serie de tornados devastadores azotaron la ciudad de Nashville, Tennessee, y causaron estragos en el campus principal de CrossPoint Church. Inmediatamente después de esa tragedia, la pandemia del COVID-19 cerró las reuniones en la ciudad y en todo el estado. ¿Cómo nutre un pastor la esperanza en la gente en un tiempo de crisis?

El pastor principal Kevin Queen está llevando a la gente a Jesús y a la paz que solo puede encontrarse en Él. En un podcast reciente de la iglesia, Queen habló sobre los discípulos cuando se escondieron por temor después de la crucifixión. Cuando el Cristo resucitado entró en la habitación donde estaban reunidos, les dijo: «La paz sea con ustedes» (Juan 20:19,21, ntv).

La gente que carece de esperanza necesita ver a líderes que encuentran su propia esperanza y paz en Cristo. Sin importar lo que enfrentemos, la esperanza es «un ancla firme y confiable para el alma» (Hebreos 6:19, ntv).

Edificar a la gente con un amor duradero. Esta crisis está llena de sufrimiento. Hay gente que está enferma y muriendo en muchos lugares. Las familias están sufriendo por las luchas de sus seres queridos y a menudo no se les permite estar presentes con ellos. El mundo que nos rodea necesita desesperadamente el cuidado compasivo de la Iglesia, el pueblo de Dios.

Durante esta crisis, muchos pastores están viviendo más sermones que los que predican. Apoyan a los médicos socorristas, alimentan a los niños de la escuela, y demuestran el amor de Cristo a través de innumerables actos de servicio. Los complejos desafíos están creando una agenda para expresiones refrescantes del amor y el ministerio.

«Me alienta como las iglesias están unidas para cuidarse mutuamente», dice Rich Guerra, superintendente de la Red SoCal de las Asambleas de Dios en Irvine, California.

Cuando los ministros son ejemplos al amar a la gente, incluso a sus compañeros pastores e iglesias vecinas, este podría ser el mejor sermón que puedan predicar.

«Esto ha incluido la ayuda de algunas iglesias, que son más hábiles con la tecnología, a otras para que puedan ofrecer sus cultos en línea, en algunos casos prestando su personal técnico para asegurarse de que otras iglesias puedan tener los conocimientos adecuados. He visto como se comparten los recursos [entre iglesias] como nunca».

Cuando los ministros son ejemplos al amar a la gente, incluso a sus compañeros pastores e iglesias vecinas, este podría ser el mejor sermón que puedan predicar.

Esto edifica en las congregaciones lo que necesitan para involucrarse en oportunidades para el crecimiento del Reino.

Participa en las oportunidades

En medio de la crisis financiera estadounidense del 2008, Rahm Emmanuel, quien sirvió como jefe de personal de la Casa Blanca bajo el presidente Barack Obama, dijo: «Nunca quieres que una crisis seria sea desperdiciada. Y con esto me refiero a la oportunidad de hacer las cosas que antes no pensabas que podías hacer».

La crisis actual puede presentar más oportunidades de lo que imaginamos. Tres ya son evidentes.

Primero, tenemos la oportunidad de redefinir la «Iglesia». Este tiempo está causando que los pastores y los líderes ministeriales reflexionen sobre una visión renovada de la Iglesia.

Jason Burns, el pastor principal de Access Church (AD) en Lakeland, Florida, dice que muchas iglesias están extendiendo su alcance al transmitir sus cultos por Internet y al encontrar maneras innovadoras de ministrar.

«Yo creo que este tiempo es algo similar a lo que leemos en Hechos 8 cuando se desató la persecución y la iglesia se descentralizó y estalló su crecimiento», dice Burns.

Nona Jones, la directora de las relaciones globales de fe para Facebook dice que muchas iglesias recién ahora están descubriendo el potencial de las redes sociales.

«Hasta ahora, la iglesia ha sido considerada como un modelo que requiere una fecha, una hora y un lugar», dijo Jones en un podcast reciente de Barna. «Los medios sociales nos permiten ministrar a la gente 24/7. [La iglesia o el culto] puede hacerse dondequiera que estés».

Mike Cameneti, el pastor de Faith Family Church en el norte de Canton, Ohio, dice que ve a las iglesias sobresaliendo al compartir la compasión de Cristo.

«Siento que por años hemos aprendido acerca de liderar bien, y lo necesitábamos», dijo Cameneti. «Pero en un tiempo como este, más que cualquier otra cosa tenemos que mostrar más compasión. Nuestros pastores están tomando un paso más allá de tan solo liderar hacia atender verdaderamente a las ovejas a través del cuidado».

Además, la iglesia también está adoptando nuevas formas.

«Me he quedado sorprendido a la ingeniosidad que han mostrado la gran mayoría de nuestros pastores», dice Jason Tourvill, director de cuidado de ministros para el PennDel Ministry Network de las Asambleas de Dios en Mechanicsville, Pennsylvania.

«Una de nuestras iglesias de Pennsylvania alquiló un autocine y llevaron a cabo el culto usando su tecnología. El pastor le dijo a su congregación que, si querían gritar ‘amén’, que parpadearan las luces o tocaran su bocina».

Las restricciones impuestas por el gobierno pueden causar temor en el corazón de los pastores y llevarlos a enfocarse en lo que sus iglesias no pueden hacer. No obstante, es más productivo centrarnos en lo que podemos hacer. A veces podemos sentir que estamos vagando por el desierto. Pero con la guía y la provisión de Dios, la Iglesia está encontrando su camino.

Segundo, tenemos la oportunidad de recuperar lo que más importa. Para cientos de millones de personas la vida se ha detenido de maneras que nunca hemos visto en nuestro tiempo de vida. El cierre de los lugares de trabajo, los deportes, las escuelas y el entretenimiento ha puesto un fin a la forma de vida que vivíamos.

Debido a que gran parte de la sociedad se ha detenido repentinamente, la Iglesia ha tenido una rara oportunidad para hacer lo que dice el Salmo 46:10, nvi: «Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios». Pero ¿qué es lo que Dios nos está diciendo en este tiempo?

Anne Graham Lotz, la hija del fallecido Billy Graham, y la fundadora de AnGeL Ministries escribió en un reciente blog: «¡Es tiempo de orar! Ha llegado el tiempo de apartarnos de nuestro pecado, el egocentrismo y secularismo, y volvernos a Dios en fe y confianza. [Oremos que] esto lleve a que América alce sus ojos y escuche lo que Dios tiene que decir, y de este modo se desencadene un avivamiento espiritual nacional».

¿Cuáles son los cambios necesarios a los que Dios puede llamar a su pueblo, sus pastores? Hace apenas un par de años una megaiglesia influyente pasó por una implosión de liderazgo. Debido a que numerosos líderes de la iglesia renunciaron, algunos de los miembros restantes del equipo crearon una lista sobre los cambios transformacionales del pensamiento acerca del ministerio. 

La lista convincente desafía los líderes a que nunca más prioricen la estrategia por encima de cuidar la grey, la competencia sobre el carácter, la cantidad sobre la calidad, la celebridad sobre la humildad, el mando sobre la colaboración, el secreto sobre la transparencia o la planificación por encima de la oración.

En este tiempo de distanciamiento social, ¿será que Dios está llamando tanto a líderes como a seguidores para acercarse a Él? Terry Yancey, el superintendente de las Asambleas de Dios para la red ministerial de Kansas en Maize, Kansas, cree que este podría ser un momento para la iglesia como lo fue en Efesios 1:17.

Pablo escribe en ese pasaje: «Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor».

«Es mi oración que cualquiera de nosotros que sea culpable de ser un clérigo profesional regrese a Efesios 1:17», dice Yancey.

Tercero, tenemos una oportunidad para incluir a una nueva generación de líderes. En la tensión de su propia crisis y temor, Elías casi pasó por alto algo tan importante, algo que no podemos permitirnos perder: la próxima generación. Mientras el profeta lamentaba sus propias luchas, Dios tiernamente le mostró una gran oportunidad en el joven aprendiz, Eliseo (1 Reyes 19).

Al trabajar y liderar en esta temporada, debemos recordar que la gente está observando. En especial, la próxima generación está observando. Los hijos e hijas de la iglesia verán la manera en que los padres y las madres de la fe hacen frente a estos tiempos.

Al enfrentar los desafíos presentados por este enemigo invisible, el coronavirus, con fe, esperanza y amor, los pasos que demos, las actitudes que transmitamos, y el amor que demostremos a otros, formará a quienes nos siguen.

Con los líderes de la generación del milenio asistiendo a los pastores mayores en toda la nación con nuevas maneras de ministerio, de repente los mayores están buscando el consejo de los Eliseos alrededor de ellos. No debemos perder este momento. Una vez que hayamos superado esta crisis quizás veamos a la próxima generación tomando su lugar en muchos frentes.

En la reciente Cumbre de la Iglesia COVID-19, el superintendente general de las Asambleas de Dios, Doug Clay dijo: «Nunca he visto el tipo de unidad generacional como el que he visto en las últimas dos semanas». La generación de los nacidos entre los 40 y 60 necesita a la generación de los milenios».

Muchos líderes ya han percibido que esta temporada producirá un gran cambio y de muchas maneras.

«El COVID-19 ha cambiado y continuará cambiando a EE. UU. y al mundo a medida que vaya menguando», dice Joseph Girdler, el superintendente de la red de ministerios de Kentucky en Crestwood, Kentucky. «Nosotros y la iglesia, jamás seremos los mismos».

Cambios en el ministerio

Cuando Craig Groeschel, el pastor de Life.Church Network, regresó de su cuarentena de 14 días, decidió archivar los dos próximos episodios que ya había grabado para su podcast, que cubrían el tema de como hacer crecer a una organización.

«El problema es que hoy no conozco a muchas iglesias u organizaciones que estén tratando de crecer», dice Groeschel. «En este momento están tratando de sobrevivir».

Sin embargo, el futuro del ministerio es tan fuerte como Aquel que prometió edificar la Iglesia, aun a pesar de «las puertas del Hades» (Mateo 16:18, rvr1960). Aun mientras navegamos por una nueva normalidad se avecinan más cambios en el aire. Como líderes debemos estar preparados para ello.

Del otro lado de esta crisis, ¿cómo responderás a estas preguntas?:

• ¿Cómo has definido los problemas a tu congregación durante esta temporada?

• ¿En qué maneras edificaste a la gente para ayudarla a soportar y superar?

• ¿Cuándo te involucraste en las oportunidades disponibles durante este momento único en la historia?

«Si esta crisis solo sirvió para que más pastores tengan estudios bíblicos y cultos de adoración en vivo por Facebook, entonces habremos desperdiciado la oportunidad», dice Yancey.

Por cierto, Dios tiene mucho más en mente. Pero el pueblo que dirigimos necesita las mismas cosas que aquellos que Pablo lideró: fe, esperanza y amor, lo esencial del ministerio cristiano.

Pablo escribió en 1ª de Tesalonicenses 1:2-3: «Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes cuando los mencionamos en nuestras oraciones. Los recordamos constantemente delante de nuestro Dios y Padre a causa de la obra realizada por su fe, el trabajo motivado por su amor, y la constancia sostenida por su esperanza en nuestro Señor Jesucristo» (énfasis agregado).

Define los problemas. Edifica a la gente. Participa en las oportunidades.

En el mejor y el peor de los tiempos, esto es lo que los líderes hacen para la gloria de Dios.

«Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.
¡Yo seré exaltado entre las naciones!
¡Yo seré enaltecido en la tierra!» (Salmo 46:10).

El Dr. Robert Crosby es el presidente de Emerge Counseling Ministries. Emerge es el socio principal de asesoramiento para las AD y ha estado proporcionando asesoramiento por más de 45 años. Emerge también dirige The HelpLine, una línea global de asesoría telefónica de apoyo para los pastores de la AD y sus familiares. Crosby es el autor de varios libros, entre ellos The One Jesus Loves [Al que ama Jesús] (Nelson Books) y The Teaming Church [La iglesia que colabora] (Abingdon Press). Puedes contactar a Emerge Counseling por medio de emerge.org o llamando al 800-621-5207.

Este artículo aparece en la edición de mayo/junio de 2020 de la revista Influence.

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