¡Abre la puerta de par en par!

Lecciones del Avivamiento de la Calle Azusa 120 años después

Doug Clay on April 29, 2026

El Avivamiento de la Calle Azusa comenzó el 9 de abril de 1906 en Los Ángeles.

Allí, mientras el pastor William J. Seymour oraba humildemente detrás de un púlpito improvisado, el viento de Dios sopló sobre la congregación, la ciudad, la nación y, finalmente, el mundo.

Los participantes no iniciaron el avivamiento. No lo programaron ni lo administraron, y ciertamente no pudieron contenerlo. En cambio, simplemente abrieron las puertas de sus corazones y permitieron que el Espíritu Santo entrara—no como un invitado, sino como un residente.

 

Invitado vs. residente

Los invitados ocupan habitaciones libres y viven con las maletas hechas. No están seguros si son bienvenidos, procuran no molestar y siempre son conscientes del límite entre su espacio y el de quienes residen en la casa.

Los residentes, en cambio, están entretejidos en la vida cotidiana del hogar. Están presentes en la mesa, participan en las decisiones y se les confían las llaves de la casa.

Muchos de nosotros abrimos la puerta al Espíritu Santo, pero solo como un invitado. Reconocemos su presencia los domingos, lo invitamos en nuestras crisis y acudimos a Él en busca de consuelo y dirección.

Los hombres y las mujeres de la Calle Azusa abrieron sus puertas de par en par. Dijeron: «Señor, mora en este lugar. No solo en reuniones de oración o cuando estamos en crisis, sino en cada habitación, cada decisión, cada momento».

Todo cambia cuando el Espíritu Santo toma residencia.

Al conmemorar los120 años del Avivamiento de la Calle Azusa, recordemos también que Dios no es nostálgico. El Espíritu rara vez repite el patrón exacto de avivamientos anteriores. Nuestra herencia espiritual es un regalo, no una fórmula a seguir.

Aun así, creo que podemos aprender cuatro características de la Calle Azusa que nos prepararán para un profundo mover de Dios en nuestros días.

 

1. Hambre de Dios

El avivamiento de la Calle Azusa no tuvo nada que ver con la personalidad del predicador ni con su predicación. Fue impulsado por el hambre—un deseo insaciable no solo de saber acerca de Dios, sino de conocerlo. No solo de oír hablar de Dios, sino de oírlo a Él.

Los participantes anhelaban a Dios en toda su plenitud; de ahí la expresión «evangelio completo».

En una congregación, el hambre espiritual suele comenzar con los líderes espirituales. A quienes llevamos esa responsabilidad, les pregunto: ¿Cuánta hambre tenemos de Dios? ¿Seguimos anhelando su presencia?

Nunca quiero volverme autosuficiente en el ministerio. Necesito la unción. El ajetreo no es avivamiento. La complejidad no es unción. La actividad no es intimidad. Muchos líderes espirituales hoy están exhaustos de hacer ministerio y, poco a poco, han perdido su hambre de Dios.

Las expectativas, la administración y la sobrecarga organizativa pueden alejarnos de la oración y del ministerio de la Palabra (Hechos 6:4). En la Calle Azusa, cuando el Espíritu se movía, la gente respondía. Temían contristar al Espíritu más que faltar a una cita. Todo el lugar estaba inundado de oración. La presencia de Dios se manifestaba. El hambre genera el deseo de responder. El deseo de responder genera una actitud expectante. La actitud expectante abre espacio para la visitación divina. ¿Permitirás que el Espíritu Santo te bautice con un hambre renovada de Dios?

 

2. Amor que derriba barreras

Entre las características más asombrosas del Avivamiento de la Calle Azusa estuvieron los muros derribados de raza, clase social, género, educación y afiliación denominacional.

Mucho antes del Movimiento por los Derechos Civiles, la Calle Azusa modeló un liderazgo multiétnico e integrado. Su publicación oficial, The Apostolic Faith (La Fe Apostólica), ni siquiera incluía el nombre de un editor, porque los publicadores querían que Dios recibiera la gloria, no ellos.

La Calle Azusa nos recuerda que cuando personas comunes le dan acceso al Espíritu Santo, Dios hace cosas extraordinarias por medios sencillos.

¿Qué pasaría hoy en las iglesias pentecostales si nuestras redes sociales se enfocaran más en Dios que en los predicadores?

Las palabras clave de la Calle Azusa eran amor, fe, unidad y humildad. Esos valores derribaron barreras.

Estoy agradecido de que las Asambleas de Dios continúe creciendo en diversidad racial y cultural—aunque siempre hay espacio para crecer más. Sin embargo, hay otras barreras que amenazan nuestra unidad, y también necesitamos la ayuda del Espíritu para superarlas.

Por ejemplo, si no tenemos cuidado, la generación mayor protegerá la tradición, mientras que la más joven perseguirá la innovación. Si se niegan a trabajar juntas, ambas se perderán el avivamiento.

El avivamiento fluye donde hay unidad. No necesitamos uniformidad, pero sí honra. El avivamiento no puede florecer donde viven la sospecha y la división. Cuando entras en un lugar donde el Espíritu es evidente, exaltar a Cristo es siempre la prioridad. Él nos da una perspectiva del Reino. Y el reino de Dios siempre une lo que el ser humano divide.

 

3. Compromiso bíblico inquebrantable

La calle Azusa fue una experiencia vivencial, pero no estuvo impulsada por la experiencia misma. Uno de sus primeros líderes afirmó: «Creemos que el Espíritu no va donde la Palabra no lo permite».

Como pentecostales, debemos estar fundamentados en la Palabra, instruidos por la Palabra, gobernados por la Palabra e influenciados por la Palabra.

En el día de Pentecostés, Pedro ancló la experiencia de los creyentes en las Escrituras: «Esto es lo dicho por el profeta Joel» (Hechos 2:16). El Espíritu y la Palabra son compañeros, no competidores.

En una cultura que relativiza la verdad, los creyentes llenos del Espíritu deben conocer la Biblia. Una cosmovisión bíblica interpreta la realidad a través del filtro de la Palabra de Dios—no de las tendencias culturales.

Si perdemos la Palabra, perdemos nuestro testimonio.

 

4. Enfoque misional intencional

El bautismo en el Espíritu Santo no es un souvenir espiritual. Con demasiada frecuencia reducimos esa experiencia sagrada a un momento para recordar, en lugar de un poder para vivir.

Los creyentes de la calle Azusa no buscaban al Espíritu solo por una experiencia, sino por empoderamiento. Hechos 1:8 (NTV) es claro: «Recibirán poder… y serán mis testigos».

El énfasis no debe estar en la experiencia en sí, sino en el resultado de la experiencia. La intención del Espíritu no es solo conmovernos emocionalmente, sino movilizarnos para evangelizar.

De la calle Azusa surgieron misioneros, evangelistas, plantadores de iglesias y obreros que llevaron el evangelio por todo el mundo. Hoy hay más de 600 millones de pentecostales en el mundo, ¡una población que podría alcanzar mil millones para el año 2050!

Sin embargo, a pesar de este crecimiento, los grupos no alcanzados representan el 49 % de la población mundial. El Espíritu Santo habita en nosotros para empoderarnos, a fin de que todos los pueblos conozcan a Cristo.

Si redefinimos Pentecostés como un momento en lugar de una misión, lo hemos malinterpretado.

 

Morada permanente

El mismo Espíritu que descendió en el Avivamiento de la Calle Azusa está presente aquí y ahora. Él no se ha cansado, ni su poder ha disminuido. No está esperando una generación mejor ni personas más capacitadas. Está buscando una puerta abierta.

Imagina despertar mañana —y cada día después— recordando constantemente las promesas de Dios, siendo continuamente consciente de la presencia de Cristo, y creciendo diariamente en la confianza de la guía del Espíritu. Esa vida no está reservada para unos pocos; es el deseo de Dios para cada cristiano.

Todo comienza con una disposición a decir: «Espíritu Santo, no solo visita mi vida. Vive aquí. Haz tu hogar en mí. Te doy acceso para obrar transformación en cada área de mi vida».

La Calle Azusa nos recuerda que cuando personas comunes le dan acceso al Espíritu Santo, Dios hace cosas extraordinarias por medios sencillos. Un edificio deteriorado se convierte en el lugar de nacimiento de un avivamiento mundial. Una reunión humilde se transforma en el manantial de un río que aún fluye hoy.

La pregunta nunca es si el Espíritu Santo está dispuesto a habitar en ti. La pregunta es si tú estás dispuesto a dejarlo entrar.

¡Abre la puerta de par en par!

 

DOUG CLAY es el superintendente general de las Asambleas de Dios.




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