Crece más alto que el muro

Principios de liderazgo para una temporada difícil en el ministerio

Melissa J Alfaro on June 3, 2026

Hace varios años, planté un pequeño naranjo en mi jardín. Estaba floreciendo en el clima de Houston, hasta que una helada que duró varios días arrancó las hojas del árbol dejando solo un tronco seco.

Le pregunté a una amiga conocedora de plantas si debía arrancar y desechar lo que quedaba del árbol nuevo.

Mi amiga me dijo: «El árbol no está muerto. Todavía hay vida en las raíces. Si sigues regándolo y cuidando la tierra, tu árbol volverá a florecer».

Después de meses de seguir este consejo, nada había cambiado. Justo cuando iba a derribar el árbol, noté algunos brotes verdes. Más tarde, brotaron hojas y flores.

Me maravillé de la resistencia del árbol y me sentí agradecida de no haberlo derribado. Lo que parecía muerto por fuera tenía una reserva oculta de fuerza que le ayudó a sobrevivir el invierno y prepararse para el regreso de la primavera.

A veces, en el ministerio, plantamos y sembramos, visitamos y oramos, ayunamos y lloramos, lanzamos y liberamos, tomamos clases y nos preparamos, sin ver fruto alguno.

Cuando la gente se va, las finanzas se agotan y el grupo de voluntarios disminuye, podemos incluso sentir la tentación de abandonar.

Sin embargo, en las temporadas difíciles, Dios sigue obrando. Él nos ensancha, nos hace crecer y madurar para nuestro bien y para su gloria.

La historia de José en el Antiguo Testamento destaca esta realidad. Él fue traicionado por sus hermanos, vendido como esclavo, acusado falsamente y encarcelado, José podría haber cedido ante la desesperación. En cambio, decidió servir fielmente a Dios y creció en espacios difíciles. Ni siquiera los muros de la prisión pudieron impedir que cumpliera el propósito que Dios le había encomendado.

 

Contra el muro

Dios puede mover cualquier obstáculo, esa es nuestra fe. Pero hay ocasiones en que el Señor no derriba los muros porque quiere que crezcamos más alto que ellos. A través de ese proceso, Dios también moldea nuestro corazón.

Santiago 1:2–4 dice: «Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce perseverancia. Y la perseverancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros sin que les falte nada».

De manera similar, Romanos 5:3–5, dice: «Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado».

Dios usa las temporadas difíciles para forjar nuestro carácter y guiar nuestro corazón a recibir de Él esperanza y amor.

Sin crecimiento, nunca alcanzaremos todo nuestro potencial. Crecer más alto que el muro significa enfrentar barreras, esforzarse y hacer cosas difíciles.

Quizás Dios te esté impulsando a tomar una decisión específica como volver a estudiar, buscar un entrenador o mentor, pagar tus deudas, fundar una iglesia, responder al llamado a las misiones, aprender un nuevo idioma o escribir un libro. O tal vez simplemente te pida servir fielmente donde estás, perseverando en medio de circunstancias difíciles.

El cambio rara vez es fácil. Esperar a que las cosas cambien puede ser angustiante. Pero seguir la dirección de Dios es siempre el siguiente paso acertado, aunque nos atemorice.

Como dice Donna Barrett, ex secretaria general de las Asambleas de Dios: «¡Hazlo con miedo!».

Valor no es la ausencia de miedo, sino ser obediente a pesar del miedo.

Con la ayuda de Dios, podemos trepar cualquier muro que se levante en nuestro camino (Salmo 18:29). Con Dios es posible soportar las pruebas y hacer cosas difíciles con fortaleza, esperanza e incluso gozo.

 

Temporadas difíciles

El equipo de liderazgo de nuestra iglesia comenzó el año 2020 lleno de optimismo por lo que nos esperaba. Sin embargo, poco después de presentar nuestra visión y nuestros objetivos a la congregación, todo se detuvo de manera muy repentina.

El cambio rara vez es fácil. Esperar 
a que las cosas cambien puede ser angustiante. Pero seguir la dirección de Dios es siempre el siguiente paso acertado, aunque nos atemorice.

Debido a las restricciones impuestas por el COVID-19 en nuestra ciudad, tuvimos que celebrar servicios exclusivamente virtuales durante los siguientes meses.

Como pastora, me sentí frustrada. ¿Acaso habíamos desobedecido la voluntad de Dios? ¿Cómo lograríamos nuestra visión de evangelización y construcción de una comunidad si ni siquiera podíamos salir de nuestras casas?

¿Alguna vez te has preguntado: «Dios, ¿qué pasó? ¿Pueden estos huesos secos volver a vivir?».

Mientras observaba los escombros de planes interrumpidos y sueños incumplidos, busqué consejo en las Escrituras. Durante ese tiempo, estudié el libro de Nehemías, no para preparar un sermón, sino porque me sentía identificada.

La historia de Nehemías comienza en un lugar de tristeza. Habían pasado años desde el regreso del cautiverio de los primeros exiliados. Sin embargo, las murallas de Jerusalén estaban todavía en ruinas.

Nehemías lloró cuando se enteró de la situación de la ciudad. Esas lágrimas regaron el suelo del que brotaría un nuevo comienzo.

De la experiencia de Nehemías podemos sacar varios principios para nuestro crecimiento en tiempos difíciles.

 

Buscar a Dios

Nehemías se entristeció, pero no se hundió en la desesperación. De hecho, rápidamente llevó sus preocupaciones ante Dios: «Al escuchar esto, me senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo» (Nehemías 1:4).

Pasaron varios meses antes de que Nehemías regresara a Jerusalén. En lugar de reaccionar impulsivamente, él dedicó tiempo para buscar a Dios.

El camino por delante no sería fácil. Mucho más que un simple proyecto de construcción, la tarea de Nehemías consistía en reconstruir la atmósfera espiritual y social y reconciliar los corazones con Dios. Era fundamental que las semillas de este proyecto fueran regadas con oración.

Antes de que Dios cambie una situación, genralmente nos cambia a nosotros primero. A través de la oración, entregamos nuestras dudas y decepciones a Dios y dejamos que fortalezca nuestra determinación.

En 1 de Crónicas 16:11 leemos: «¡Busquen al Señor y su fuerza; anhelen siempre su rostro!».

El Salmo 34:10 destaca el poder sustentador de la presencia de Dios: «Los leoncillos se debilitan y tienen hambre, pero a los que buscan al Señor nada les falta».

La palabra hebrea para «buscar» en estos textos es darash, que tiene relación con una palabra árabe que describe pisar o frecuentar un lugar en particular.

Al orar y buscar la voluntad de Dios, marcamos el terreno y abrimos un camino hacia nuestro milagro. Al frecuentar la presencia divina, llevamos nuestros pensamientos y emociones a un lugar de claridad y paz con Dios.

Antes de que la reina Ester arriesgara la vida al presentarse ante el rey sin ser llamada, convocó a un ayuno (Ester 4:16).

Sabiendo Jesús que estaba a punto de enfrentar la crucifixión, oró en el huerto de Getsemaní (Mateo 26:36–44).

La preparación para afrontar circunstancias difíciles comienza con la oración. Cuando te sientas cansado o abrumado, acércate a la presencia de Dios. Si te encuentras en una etapa de restauración, recoge algunos de los escombros y crea un altar de oración.

 

Examinar

Al llegar Nehemías a Jerusalén, no inició la construcción ni delegó tareas de inmediato. Primero examinó los muros caídos (Nehemías 2:13–16).

Nehemías se encargó de la situación en lugar de pedir que otra persona le informara. Trabajó solamente durante la noche, se movió entre los escombros y vio el desastre por sí mismo.

Es importante dedicar tiempo para examinar la situación con calma. Cuando se trata de un problema en el ministerio, lo más fácil es quejarse, desviar la atención o culpar a otros. Pero el líder sabio escucha y pregunta. Busca comprender la situación en lugar de simplemente reaccionar ante ella.

Proverbios 14:8 dice: «La sabiduría del prudente es discernir sus caminos, pero al necio lo engaña su propia necedad».

Examinar no es lo mismo que dejar de actuar. En todas las iglesias hay sistemas y procesos que ya no funcionan. Se necesita valor para afrontar esas dificultades con honestidad. Lo peor que podemos hacer es ignorar indefinidamente los problemas y esperar que se corrijan por sí solos.

En Lucas 13:6–9, Jesús refirió una parábola sobre una higuera sin fruto. El dueño de la viña quiso quitar el árbol de una vez, pero el cuidador del huerto pidió un año más.

Durante ese tiempo, el cuidador abonaría la tierra y airearía las raíces del árbol. Esto les permitiría evaluar bien la situación antes de tomar una decisión irreversible.

En Juan 15, Jesús describió al Padre como un jardinero que, de manera similar, examina, poda y corta las ramas de la vid.

Jesús dijo: «Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada» (v. 5).

Teniendo esto en cuenta, lo primero que un líder debe examinar es su propio corazón. Si hay grietas en las disciplinas espirituales o fallas en el carácter, no podremos lograr un crecimiento sostenible.

Como pastores, también debemos identificar y cambiar los hábitos poco saludables y los conflictos no resueltos en la comunidad que lideramos.

Esto significa abrir líneas de comunicación, hacer preguntas difíciles, examinar las prácticas de liderazgo y llamar al arrepentimiento cuando sea necesario.

 

Recordar

Después de orar, esperar y examinar la situación, Nehemías habló de la visión que Dios le había dado y animó al pueblo a levantarse y construir.

Sin embargo, la obediencia no libró a Nehemías y a su equipo de los ataques. En múltiples ocasiones, los gobernantes vecinos — Geshem, Sanbalat y Tobías — intentaron detener el proyecto de reconstrucción.

El pueblo oró y puso guardias. Aun así, la moral se resentió en medio de las amenazas y los informes aterradores:

Por su parte, la gente de Judá decía: «Los cargadores desfallecen, pues son muchos los escombros; ¡no vamos a poder reconstruir esta muralla!». Y nuestros enemigos maquinaban: «Les caeremos por sorpresa y los mataremos; así haremos que la obra se suspenda». Algunos de los judíos que vivían cerca de ellos venían hasta diez veces y nos advertían: «Los van a atacar por todos lados». (Nehemías 4:10–12)

El clima de miedo era paralizante y el desánimo se apoderó de todos.

Ya sea que enfrentemos dificultades a nivel personal o como iglesia, la condición de nuestro corazón siempre determinará la obra de nuestras manos.

Cuando las dificultades y la oposición nos distraen de la misión, el ministerio comienza a sentirse como una carga en lugar de una bendición.

Pero hay un antídoto contra el desánimo. Nehemías dijo: «¡No les tengan miedo! Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y peleen por sus hermanos, por sus hijos e hijas, y por sus esposas y sus hogares» (4:14).

La palabras de Nehemías llegaron al corazón de cada uno ya que citaban recuerdos que fortalecían la fe. El pueblo no necesitaba una estrategia para construir con mayor eficacia. Necesitaba recordar la grandeza de Dios.

Ya sea que enfrentemos dificultades a nivel personal o como iglesia, la condición de nuestro corazón siempre determinará la obra de nuestras manos. La amnesia espiritual perturba nuestra paz, pero el recuerdo nos ayuda a centrar nuestra atención en el Señor.

En las temporadas difíciles, debemos recordar cómo Dios ha provisto para nosotros en el pasado y animar a otros al hablar de su bondad.

Al comparar los problemas pasajeros con la gloria y la fidelidad eternas de Dios podemos mantener las crisis en perspectiva. En lugar de obsesionarnos con los «y si...», recordamos a quién servimos.

 

Construir

En respuesta a las amenazas, Nehemías asignó vigilantes en el lugar de trabajo mientras los demás construían. Incluso los que participaban en la construcción estaban preparados para la batalla.

Según Nehemías 4:17–18: «Tanto los que reconstruían la muralla como los que acarreaban los materiales hacían su trabajo con una mano y con la otra sostenían un arma. Todos los que trabajaban en la reconstrucción llevaban la espada a la cintura».

En la obra del ministerio, debemos permanecer alertas ante los enemigos del desánimo y el agotamiento. Nuestras armas no son físicas, pero son poderosas. Entre ellas se encuentran la oración y la espada del Espíritu — la Palabra de Dios (Efesios 6:17).

El mismo Espíritu que trajo orden al caos, según leemos en Génesis 1, quiere caminar con nosotros hoy y transformar los lugares inestables de nuestra vida. Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos nos trae la esperanza de la resurrección (Romanos 8:1–2; 2 Corintios 4:13–14).

La obediencia de Nehemías durante las temporadas difíciles condujo al crecimiento tanto en él mismo como en los demás. Los constructores confiaron en Dios, se apoyaron mutuamente y progresaron rápidamente, completando el muro en solo 52 días (Nehemías 6:15).

Incluso los adversarios de Nehemías reconocieron el papel central de Dios en este logro notable.

Nehemías 6:16, dice: «Cuando todos nuestros enemigos se enteraron de esto, las naciones vecinas se sintieron atemorizadas y humilladas, pues reconocieron que ese trabajo se había hecho con la ayuda de nuestro Dios».

Los líderes en el ministerio deben esforzarse por capacitar a los miembros del equipo no solo con conocimiento y sabiduría, sino también con reservas espirituales para perseverar durante las temporadas difíciles de reconstrucción y crecimiento.

Esto requiere un corazón de pastor y una cultura de comunicación abierta, mentoría, oración y discipulado.

 

Una nueva forma

Al pensar en los días del COVID en 2020, fueron los meses más difíciles, y también fructíferos, que he experimentado en el ministerio.

Nos desligamos de los planes formales, de los programas ajetreados y las rutinas, para descubrir las fuentes profundas de la presencia de Dios.

Desde entonces, Dios nos ha estado enseñando una forma más productiva de reconstruir su Iglesia.

El Señor nos devolvió a una vida congregacional moldeada por el Espíritu. Dejamos de cuidar cristianos y comenzamos a hacer discípulos. Nos esforzamos y crecimos, aunque no de la manera que esperábamos.

En medio de los escombros de lo que creíamos que representaba nuestra fuerza y nuestro éxito, Dios utilizó este tiempo abrumador para alentarnos a superar las barreras. Hicimos las preguntas difíciles y realizamos los cambios necesarios para alinearnos con el plan de Dios.

No fue fácil. Hubo momentos en los que cuestionamos nuestra vocación o consideramos la posibilidad de cambiar de trabajo. Sin embargo, seguimos adelante.

Seguimos recorriendo el camino de la oración constante y el examen cuidadoso. Recordamos lo que Dios ya había hecho y construimos sobre la base de su fidelidad.

Juntamente con las herramientas de la sabiduría, la estrategia y los principios de liderazgo, tomamos la espada de la eficacia espiritual: la intercesión, el ayuno y el estudio de la Palabra de Dios.

Cuando aprendemos a crecer a través de las temporadas difíciles a la manera de Dios, la vida brota de manera orgánica. No tenemos que forzarla ni programarla. El crecimiento ocurre porque estamos conectados a la Vid.

Quizás en este momento no puedas ver una manera de superar las dificultades que estás enfrentando. El proceso de seguir adelante puede ser difícil. Sin embargo, así como Dios ayudó a Nehemías a reconstruir y dirigió nuestra iglesia hacia un ámbito espiritual más saludable, Él está obrando en tu vida durante este tiempo difícil.

No pienses en cómo salir del ministerio que Dios te ha dado o en abandonar la misión. No renuncies.

Toma tus herramientas, empuña tu espada y levántate para construir de nuevo. Por la fe, puedes superar todos los obstáculos.

Es hora de crecer encima del muro.

 

Adaptado de Un corazón que abre caminos: Dibujando el mapa para la próxima generación (Springfield, MO: Gospel Publishing House, 2026).

 

Melissa Alfaro, Ph.D., es copastora de El Tabernáculo en Houston y presbítera ejecutiva de las Asambleas de Dios, en representación de las ministras ordenadas.

 

Este artículo aparece en el número de primavera de 2026 de la revista Influence.

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