Más que suficiente

Multiplicar lo que ya tenemos

Gerad Strong on June 24, 2026

Cuando era pastor de la Iglesia Bethel (AD) en Rapid City, Dakota del Sur, pensaba que nuestra iglesia no podía crecer porque no contábamos con los recursos necesarios: dinero, gente, espacio, tiempo y una lista interminable de elementos esenciales.

Cada vez que sentía que Dios nos impulsaba a dar un paso audaz, mi primer instinto era calcular cuánto nos faltaba de lo que creíamos que necesitaríamos. Y cada vez, me quedaba corto. Me convencía a mí mismo de no actuar.

Lo espiritualicé, por supuesto. «Estamos avanzando con prudencia», me decía a mí mismo. Pero la verdad era que estaba liderando desde la escasez. Creía en la multiplicación, pero no estaba seguro de creer que tuviéramos los recursos para multiplicarnos.

 

La mentalidad de la escasez

El pensamiento de escasez no siempre grita. A veces, susurra: «Somos demasiado pequeños para hacer eso. Esperemos a que el presupuesto nos alcance. Quizás cuando tengamos a las personas adecuadas a cargo. Hagamos crecer lo que tenemos antes de pensar en más».

Estas frases pueden parecer sabias, pero a menudo son el miedo disfrazado: limitaciones autoimpuestas que paralizan el potencial. Damos por sentado que necesitamos más antes de poder hacer más. Pero el reino de Dios no opera así.

En Mateo 14:13–21, Jesús alimentó a miles de personas con el almuerzo de un niño, no tras una campaña estratégica de recaudación de fondos. Jesús aprovechó el momento y utilizó lo que tenía a su alcance. En Lucas 9:1–3, envió a sus discípulos y les instruyó que no llevaran nada para el viaje: «ni bastón, ni bolso de viaje, ni comida, ni dinero, ni siquiera una muda de ropa» (NTV). Los envió solo con autoridad y fe. Y en Mateo 25:14–30, Jesús contó una parábola sobre un señor que confió talentos a sus siervos. Quienes multiplicaron lo que tenían fueron recompensados. Pero el que enterró su talento por miedo fue reprendido.

Las matemáticas del Reino desafían la lógica. Multiplican todo lo que estamos dispuestos a entregar. La escasez dice: «Guárdalo hasta que estemos preparados». La fe dice: «Ofrece lo que tienes y mira cómo obra Dios».

En 2 Reyes 4, el profeta Eliseo se encuentra con una viuda en crisis. «Dime», le pregunta, «¿qué tienes en tu casa?» (versículo 2, NTV). Inmediatamente dirige su atención hacia lo que ella ya tiene.

Es un patrón que se repite a lo largo de las Escrituras: la multiplicación divina a menudo comienza con la rendición humana.

Considera la historia de Moisés en Éxodo 3–4. Moisés sigue poniendo excusas, pero Dios sigue señalándole lo que ya tiene en sus manos.

Al igual que Eliseo antes que Él, Jesús muestra, a través del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, que Dios obra a través de lo que ya está disponible, no de lo que sería ideal.

Este principio se refleja en las palabras de Pablo a los corintios: «Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra para compartir con otros» (2 Corintios 9:8, NTV).

Nunca partimos de la escasez. Partimos de la confianza.

La lección es sencilla, pero poderosa: Dios no parte de lo que nos falta. Él parte de lo que tenemos.

 

De la escasez a la mayordomía

El cambio comenzó cuando dejamos de preguntarnos: «¿Qué es lo que no tenemos?», y empezamos a preguntarnos: «¿Qué estamos pasando por alto?».

En lugar de resentirnos por lo que faltaba, empezamos a reconocer lo que ya teníamos en nuestras manos:

  • Líderes infrautilizados que simplemente necesitaban que alguien creyera en ellos.
  • Un miembro del personal a tiempo parcial con potencial sin explotar.
  • Voluntarios con más que ofrecer, si tan solo alguien lo pidiera.
  • Un edificio que permanece vacío la mayor parte de la semana.

Que el Señor nos ayude a ver nuestras limitaciones no como obstáculos, sino como invitaciones a innovar y probar cosas nuevas. Que nos dé valor para confiar en Él y para multiplicar lo que ya tenemos.

 

El mayor recurso

Nuestros mayores recursos no son los presupuestos, sino las personas. Cuando empezamos a ver a las personas como multiplicadores en lugar de ayudantes, todo cambia. Los ayudantes ocupan puestos. Los multiplicadores proyectan la visión.

Solía pensar que el desarrollo de recursos significaba recaudar dinero. Pero me he dado cuenta de que se trata de empoderar y liberar a formadores de discípulos que tienen dones, un llamado, un corazón servicial y están llenos de sueños dados por Dios.

Cuando invertimos en las personas, multiplicamos el ministerio. Cuando equipamos a las personas, liberamos un impacto exponencial. No necesitamos más dinero para multiplicarnos; necesitamos más personas que den un paso a su destino divino (Romanos 8:28–30; 1 Corintios 12:14).

 

Empoderar a otros

Uno de los recordatorios más claros de esta verdad nos llegó a través de la vida de Tasha Overall. Esposa de un militar y madre de tres hijos, Tasha y su familia acudieron a nuestra iglesia en busca de esperanza y sanidad. Cuando el Señor comenzó a restaurar sus vidas, Tasha asumió el servicio como coordinadora de la guardería y no tardó mucho en manifestarse su don. Ella demostró una combinación única de habilidad administrativa y sensibilidad espiritual.

Al igual que la iglesia de Antioquía, que fue impulsada por el Espíritu a enviar a Pablo y a Bernabé (Hechos 13:2–3), intuimos que la multiplicación no comienza con la abundancia, sino con la obediencia.

A medida que crecía, Tasha siguió de cerca a mi esposa, Melanie, en el ministerio a los niños y pronto asumió el papel de pastora de niños. Lo que caracterizó su liderazgo no fue solo cómo Tasha organizaba los programas, sino cómo se reproducía en lo que hacía. Identificaba y formaba constantemente nuevos líderes, asegurándose de que el ministerio nunca recayera solo sobre ella.

Con el tiempo, Tasha supervisó el ministerio a los niños en nuestras siete sedes, creando equipos y sistemas que llevaron la misión mucho más allá de lo que una sola persona podría lograr.

Su influencia no se detuvo ahí. Tasha se unió a nuestro equipo ejecutivo y comenzó a influir en la vida de toda la organización. Ella personificó uno de los principios que definen nuestra cultura: «Trabaja hasta que se acabe el trabajo para que Dios te muestre tu próxima tarea».

En cada etapa, Tasha se superó y delegó funciones al multiplicar líderes de gran calidad capaces de dirigir con excelencia.

La historia de Tasha me recuerda que los mayores movimientos de multiplicación no se construyen sobre presupuestos, edificios o incluso estrategias audaces. Se construyen sobre las personas.

Cuando las personas son empoderadas y liberadas, el impacto del Reino se multiplica exponencialmente.

El recorrido de Tasha muestra lo que puede suceder cuando se empodera y se libera a una persona. Sin embargo, la multiplicación no se limita a los individuos; se trata de que las iglesias se atrevan a dar un paso de fe con lo que ya tienen.

 

Multiplicación en el mundo real

Nunca olvidaré la conversación que lo inició todo: «¿Consideraría su iglesia ayudar a una congregación en dificultades en Edgemont, Dakota del Sur?».

Edgemont estaba a más de 130 kilómetros de distancia y más cerca de Wyoming que de nuestro campus principal. La ciudad era pequeña. La iglesia se había reducido a unos pocos fieles. Sin pastor. Sin presupuesto. Sin un camino claro a seguir.

Desde un punto de vista estratégico, la respuesta debería haber sido: «No. Demasiado lejos, muy poca gente, una estructura demasiado frágil».

Pero no podíamos quitarnos de la cabeza el pensamiento de que se trataba de una oportunidad enviada por Dios. No había un equipo de lanzamiento. No había financiamiento oficial. No había un plan de acción preestablecido. Lo que sí teníamos eran unas pocas personas dispuestas y la profunda convicción de que el evangelio seguía siendo importante en Edgemont.

Al igual que la iglesia de Antioquía, que fue impulsada por el Espíritu a enviar a Pablo y a Bernabé (Hechos 13:2–3), intuimos que la multiplicación no comienza con la abundancia, sino con la obediencia.

La iglesia de Antioquía no enviaba por exceso, sino por fe. Así que empezamos a plantearnos una nueva serie de preguntas: no fue «¿Qué necesitamos?», sino «¿Qué es lo que ya tenemos?».

Teníamos una pareja en nuestra iglesia con raíces en esa región que se animó cuando mencionamos Edgemont. Contábamos con algunos miembros del personal dispuestos a turnarse los domingos y asumir la carga hasta que se formaran líderes locales. Teníamos acceso a un edificio que en su día había estado en su mejor momento y que ahora esperaba un nuevo propósito.

No era nada glamuroso. Pero era real. Ese inicio no se parecía al lanzamiento de un edificio de reunión en una gran ciudad. No había grandes presupuestos, promociones sofisticadas ni expectativas (aparte de los chismes del pueblo). Lo que sí teníamos era hambre, humildad, obediencia y oración. Y para Dios, eso fue suficiente.

Con el tiempo, surgieron líderes. Creció el sentido de comunidad. Empezaron a venir personas que no habían pisado una iglesia en años. No venían por el espectáculo, porque éramos sencillos. Venían por la presencia de Dios.

Y aprendimos algo fundamental: no necesitábamos tenerlo todo listo para comenzar esta nueva historia. Seguimos adelante con lo que Dios ya nos había dado.

El dinero no marcó el camino. Lo hizo la obediencia. Y el resultado no fue solo una nueva ubicación; fue un movimiento que se multiplicó.

¿La lección? La provisión suele seguir a la obediencia. Los recursos aparecen cuando empezamos a caminar por fe.

No hace mucho, mi amigo Sheldon McGorman, que ahora ejerce como superintendente de la Red Ministerial de Dakota del Norte, pastoreaba una iglesia rural llena de vida: la Asamblea de Dios de Watford City. Donde otros podrían haber visto limitaciones, Sheldon vio una oportunidad.

Dios comenzó a mover el corazón de Sheldon para que inaugurara otro lugar de reunión. Pero no había un edificio impecable, ni un presupuesto asignado, ni datos demográficos ideales que respaldaran la iniciativa. Lo que tenían era un equipo dispuesto, un claro llamado de Dios y un garaje. Así es. Su lugar de reunión más nuevo comenzó en una casa y un garaje.

Mientras que muchos habrían esperado a que se dieran mejores condiciones, Sheldon y su equipo dieron un paso adelante con lo que tenían. Confiaban en que Dios ya estaba obrando y que simplemente necesitaba su «sí».

No todas las personas dirigirán un ministerio, pero todas pueden multiplicar algo.

A partir de esos humildes comienzos, el impulso fue creciendo. La gente conoció a Jesús. Las vidas fueron transformadas. Y cuando la obediencia se convirtió en movimiento, ocurrió algo extraordinario: la iglesia recaudó más de 800.000 dólares en la zona rural de Dakota del Norte para satisfacer las necesidades de su comunidad, porque el evangelio se estaba expandiendo.

Lo que comenzó en un garaje es ahora una iglesia floreciente. Dios la está utilizando para llegar a personas en lugares que otros pasarían por alto. Se erige como un recordatorio visible de que Dios no espera a que tengamos «lo suficiente». Él actúa cuando ofrecemos con fe lo que ya tenemos.

Sheldon sería el primero en decir: «A Dios sea la gloria». Porque en el Reino, el fruto no brota solo de la estrategia; brota de la entrega.

Cuando dejamos de esperar más y comenzamos a caminar en obediencia, descubrimos que Dios ya ha puesto más que suficiente en nuestras manos.

 

Cuatro cambios

Cuatro cambios nos ayudaron a dejar de esperar más y a empezar a multiplicar lo que ya teníamos:

1. De la escasez a la estrategia. En lugar de centrarnos en lo que falta, identifiquemos lo que está infrautilizado. Aprovechemos al máximo los espacios, los horarios y las personas. ¿Qué hay inactivo que podría ponerse en marcha?

Lea Nehemías 2 y observe que, antes de pedir más, Nehemías evaluó lo que tenía.

2. De «cubrir la necesidad» a «alimentar el llamado». No se limite a tapar agujeros. Ponga de relieve los dones. Las personas estarán a la altura de las circunstancias cuando se les dé un propósito y no solo una lista de tareas (Efesios 4:11–13).

3. De la conservación al avance. Pregúntese: «¿Están nuestros recursos organizados para la comodidad o para la expansión?». Si todo está diseñado pensando en la conservación, nunca daremos el paso hacia lo que podría ser.

El crecimiento obliga a la estructura a adaptarse (Hechos 6:1–7).

4. De consumidores a colaboradores. En nuestras iglesias hay mucho potencial. No todas las personas dirigirán un ministerio, pero todas pueden multiplicar algo.

Equipemos. Empoderemos. Esperemos algo bueno de cada persona (Efesios 4:16).

La siguiente tabla ilustra los procesos de pensamiento de las iglesias con una cultura de escasez frente a aquellas con una cultura de multiplicación.

 

CULTURA DE ESCASEZ

CULTURA DE MULTIPLICACIÓN

«No tenemos suficiente».

«Utilicemos lo que tenemos».

«Esperemos hasta que estemos preparados».

«Actuemos y confiemos en que Dios proveerá».

«Necesitamos expertos».

«Formaremos y desarrollaremos a quienes tenemos».

«No podemos permitirnos eso».

«No podemos perder esta oportunidad».

 

Nuestros recursos ya están aquí, en esta sala. No necesitamos mirar más lejos, sino más cerca.

Dios ya ha puesto algo en nuestras manos. Puede que sea pequeño. Puede que pase desapercibido. Puede que sea imperfecto. Pero es suficiente para empezar.

La multiplicación no comienza cuando obtenemos más; comienza cuando utilizamos lo que ya se nos ha dado.

Hagamos inventario e identifiquemos los dones en los demás. Organicemos con fe lo que tenemos, y observemos cómo Dios lo vivifica.

En lugar de esperar, comencemos a multiplicarnos.

 

Gerad Strong es director de liderazgo y formación de la Red de Multiplicación de Iglesias de las Asambleas de Dios.

 

Adaptado del libro de su autoría «Mentalidad de multiplicación: Cómo los líderes empoderados por el Espíritu forman personas, no solo plataformas» (Springfield, MO: Gospel Publishing House, 2026).

 

Este artículo aparece en el número de primavera de 2026 de la revista Influence.

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