Crear un espacio para el encuentro con Dios

Cómo guiar a las personas hacia el bautismo en el Espíritu

Tim Enloe on May 20, 2026

Mi amigo estaba parado ante el altar buscando el bautismo en el Espíritu Santo, cuando un líder conocido por «actuar en el Espíritu» comenzó a orar por él.

Este colaborador del altar, demasiado seguro de sí mismo, gritó órdenes a toda velocidad: «¡Cierra los ojos ahora! ¡Levanta las manos! ¡Más alto! ¡Abre tu boca!».

La siguiente sensación que tuvo mi amigo fue el pulgar y el dedo de la otra persona intentando agarrarle la lengua. Los pensamientos de mi amigo pasaron abruptamente de Jesús a sentirse ultrajado, además de una repentina necesidad de enjuagarse la boca y escupir.

Esta historia exagerada, pero real, refleja la posibilidad de una interferencia malsana por parte de algunas personas cuando los que buscan a Dios oran para recibir el bautismo en el Espíritu.

Si usted o alguien que conoce ha tenido una experiencia negativa como esta, el problema no fue Jesús, quien es maravilloso, sino sus «directivos de nivel medio». Como pentecostales, a veces somos nuestros peores enemigos.

Hay una manera mejor en que los líderes cristianos pueden ayudar a las personas a tener una experiencia con el Espíritu Santo: si nos ceñimos a lo que nos corresponde.

Durante 30 años, mi pasión ha sido orar con otros para que reciban el bautismo en el Espíritu, pero casi siempre enfrento un conflicto interior. Me siento seguro porque Jesús es quien bautiza en el Espíritu. Sin embargo, también me siento inadecuado porque no puedo garantizar el resultado que se desea.

Quizás se identifique conmigo. Si alguien nos pide que oremos por su salvación, procedemos con confianza. ¿Necesita sabiduría, favor o sanidad? ¡No hay problema! ¡Oremos!

Pero si alguien nos pide que oremos porque quiere ser bautizado en el Espíritu, nos entra el pánico. Notamos que la música no es la adecuada, que el ambiente no es el adecuado y que no hay tiempo suficiente.

Orar por encuentros sobrenaturales nos parece arriesgado «cuando pensamos en la imagen que queremos proyectar». Hemos pasado toda la vida protegiéndonos de la vergüenza. Pero ministrar el bautismo en el Espíritu no es una habilidad aprendida ni un don espiritual único. Es un privilegio.

A través de los años, he aprendido algunas lecciones útiles, que deseo compartir con ustedes, sobre cómo guiar a otros hacia el bautismo en el Espíritu Santo.

Sin embargo, antes de hacerlo, definamos el bautismo en el Espíritu y repasemos una premisa teológica crucial.

 

El bautismo en el Espíritu

Como pentecostales, creemos que el Espíritu Santo mora en cada cristiano desde el momento de la salvación. La noche de su resurrección, Jesús se apareció a sus discípulos y sopló sobre ellos el Espíritu Santo (Juan 20:22). Este es un paralelismo evidente con el hecho de que Dios sopló vida en Adán (Génesis 2:7).

Pablo disipó cualquier duda sobre la presencia del Espíritu en el interior de cada cristiano cuando dijo: «Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo» (Romanos 8:9, NVI).

Y, sin embargo, Jesús también prometió un bautismo posterior en el Espíritu a los mismos discípulos en quienes ya había soplado el Espíritu Santo (Hechos 1:8). En Hechos, todos los bautizados en el Espíritu ya eran morada del Espíritu. Esto significa que el bautismo en el Espíritu ocurre después del momento de la salvación y tiene un propósito diferente.

Vuelva a leer Hechos 1:4–8. Jesús explicó el propósito del bautismo en el Espíritu a un grupo de creyentes. El Espíritu ya moraba en ellos, pero Jesús prometió derramar Su Espíritu sobre ellos, aumentando drásticamente su capacidad para representarlo.

Por consiguiente, el bautismo en el Espíritu puede definirse como un incremento de poder, posterior a la conversión, para hablar de Jesús a los demás.

 

El encargado de bautizar en el Espíritu

El fundamento teológico del bautismo en el Espíritu es el siguiente: Jesús es el Encargado de bautizar en el Espíritu. Todos los Evangelios incluyen una profecía que declara esta verdad en sus tres primeros capítulos (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33).

Tras su resurrección, pero antes de su ascensión, Jesús prometió bautizar a los creyentes en el Espíritu Santo «dentro de pocos días» (Hechos 1:5, NVI), refiriéndose al día de Pentecostés (2:4,33). Años más tarde, Pedro siguió afirmando que Jesús es quien bautiza en el Espíritu (11:16).

El bautismo en el Espíritu se centra en Jesús más que en el Espíritu Santo. Cuando lo buscamos, oramos para que Jesús cumpla Su promesa de bautizarnos en Su Espíritu, a fin de que tengamos más poder para hablar a otros de Él. Este encuentro nos brinda una comprensión experiencial de la identidad única de Jesús como aquel que nos bautiza en el Espíritu, tal como fue profetizado.

Jesús es el encargado de bautizar en el Espíritu las 24 horas del día, los siete días de la semana, no solo el domingo de Pentecostés. Él nunca deja de derramar Su Espíritu.

Y Jesús prometió el bautismo en el Espíritu a todos los creyentes, no solo a unos pocos carismáticos con exceso de cafeína. Él desea dar poder tanto a pastores como a miembros de la iglesia para que juntos alcancen su máximo potencial ministerial.

Al reconocer que el bautismo en el Espíritu es un acto divino, oramos para abordar este don con expectación. Debemos confiar en Jesús que es quien nos bautiza, no en las técnicas pentecostales tradicionales. Así, cuando entramos en un tiempo de oración para que las personas sean bautizadas en el Espíritu Santo, podemos estar seguros de que nos movemos de acuerdo con el plan de Dios.

Pero ¿cuál es exactamente nuestro papel a la hora de ayudar a otros a experimentar este don?

 

Asistentes de los buscadores

Los pentecostales debemos darnos cuenta de que nuestro papel no consiste en «hacerle algo» a los buscadores. No arrastramos los zapatos por la alfombra para acumular estática y dar una descarga eléctrica a los buscadores cuando les imponemos las manos sobre la cabeza. En sentido figurado, por supuesto.

El bautismo en el Espíritu se centra en Jesús más que en el Espíritu Santo. Cuando lo buscamos, oramos para que Jesús cumpla Su promesa de bautizarnos en Su Espíritu, a fin de que tengamos más poder para hablar 
a otros de Él.

Puesto que solo Jesús es el encargado de bautizar en el Espíritu, nuestro papel no es ayudarlo a Él, porque no necesita nuestra ayuda. Más bien, nuestro papel es ayudar a los buscadores, que sí la necesitan.

A continuación, se indican algunas maneras de hacerlo.

Orientación. Los buscadores recurren a otros buscando seguridad de que van por buen camino.

Físicamente nos orientamos mediante los cinco sentidos, pero los encuentros espirituales no dependen de esos sentidos. Las experiencias espirituales pueden parecer vagas para nuestra manera habitual de procesar mentalmente lo que sucede.

Por consiguiente, a los buscadores les resulta útil que una voz en la cual confían afirme su progreso.

Ánimo. Lo que les decimos a los buscadores puede afectar su experiencia tanto de forma positiva como negativa.

Recuerdo haber visto a un asistente del altar señalar con el dedo índice en la cara de un buscador y decirle con severidad: «No va a obtener nada de Dios quedándose ahí parado como un tronco». El buscador parecía un cachorro asustado.

Intervine, para ocupar el lugar del asistente del altar y le dije: «Yo me encargaré de orar por esta persona».

Encontrar defectos en los demás no es un don espiritual, pero a veces se necesita una intuición sobrenatural para encontrar algo que alabar o que podamos destacar para animar a una persona que busca.

Comentarios como los siguientes dan al buscador una inyección de confianza: «¡Lo está haciendo muy bien!», «¡Note cuan personal es rendirnos a Dios!», «A Dios le encanta oír eso de usted», «¡Lo está haciendo todo bien; siga acercándose más a Él!».

Comportamiento. Las expresiones faciales, el lenguaje corporal y el comportamiento general pueden decir más que nuestra voz. Revelan nuestro estado interior.

He visto a asistentes del altar que oran por otros con lo que solo se puede describir como cejas de «enfado» y una intensidad descontrolada.

Nuestro comportamiento como cristianos debería expresar el fruto del Espíritu: «amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad,humildad y dominio propio» (Gálatas 5:22–23, NVI).

En el caso concreto de los asistentes del altar, la alegría, la paciencia y la amabilidad son imprescindibles. Nuestro objetivo es reducir la tensión o la frustración de los fieles, no aumentarlas.

El rostro del buscador también revela su estado interior, ya sea que se sienta alegre o frustrado, en paz o estresado.

Según mi experiencia, al buscador le cuesta recibir el bautismo en el Espíritu cuando experimenta esas emociones negativas. Por eso, observe e rostro de la persona. Cuando note que expresa emociones negativas, intente tranquilizarlo.

Preguntar: «¿Está bien?» o decirle: «Descanse y acérquese a Jesús» a menudo restablece el estado interior de los buscadores frustrados.

Vulnerabilidad. La vulnerabilidad personal parece ser clave para recibir cualquier cosa de Dios.

La oración es una muestra de vulnerabilidad, ya que clamamos a Dios pidiendo ayuda. La salvación requiere vulnerabilidad, porque debemos confesar nuestros pecados. Buscar sanidad muestra que somos vulnerables, ya sea porque suplicamos directamente a Dios o pedimos a los ancianos que oren por nuestras necesidades físicas.

La vulnerabilidad impregna cada encuentro bíblico de los seres humanos con Dios. Requiere confianza en el Padre celestial y rendirse a Él.

Esta cualidad opera como un regulador de intensidad mas que un interruptor de encendido y apagado. Se produce de manera gradual a medida que nos permitimos confiar y rendirnos un poco, y luego un poco más.

Si pidiera a los miembros de la iglesia que levantaran la mano y dijeran en voz alta: «Jesús es el Señor», lo harían. Pero ¿sería este un acto de vulnerabilidad o de obediencia? Lamentablemente, en los entornos sociales, la obediencia puede ser un motivador mayor que la confesión auténtica.

He visto a asistentes del altar que, con buena intención, se acercan a un buscador y le dice: «¡Levante las manos!», «¡Ore en voz alta!», «¡Más alto!».

Al cabo de un rato, el buscador se frustra y decide abandonar su búsqueda pensando que hay algo mal en él o ella. ¿Podría ser que el problema no sea el problema?

Al exigir que el buscador realice acciones específicas, el asistente del altar puede confundir la sumisión social con la vulnerabilidad sincera. Las exigencias pueden agotar prematuramente las maneras en que el buscador exprese su entrega, de modo que cuando llegue a sentirse auténticamente vulnerable, le queden pocas maneras de expresarlo.

Al exigir que el buscador realice acciones específicas, el asistente del altar puede confundir la sumisión social con la vulnerabilidad sincera.

Solo el buscador puede expresar una vulnerabilidad auténtica. Sin embargo, el asistente del altar puede invitar al buscador, de una manera amable, sin manipulación, a entrar en ese espacio a su propio ritmo. Por ejemplo, en lugar de exigir una acción inmediata, podría decir:

Me alegra mucho que busques este regalo de Jesús. Es posible que descubras que mientras más ores, tanto más vas a desear entregarte a Dios. Eso es hermoso. ¡Responde a Jesús con toda libertad!

Hablar en lenguas, la señal que confirma el bautismo en el Espíritu es otra expresión de vulnerabilidad. Decimos en voz alta algo que no podemos comprender intelectualmente, simplemente porque confiamos en la Palabra de Dios y en nuestra capacidad, dada por el Espíritu, para discernir Su guía.

El asistente del altar debe ayudar al buscador en su camino hacia una mayor vulnerabilidad, a medida que abre cada vez más su corazón a Jesús.

Eliminar las barreras. En Lucas 3:5, Juan el Bautista utilizó cuatro imágenes para definir su ministerio de preparar el camino para Jesús: «Los valles serán rellenados, y las montañas y las colinas, allanadas. Las curvas serán enderezadas, y los lugares ásperos, suavizados» (NTV).

En pocas palabras, el ministerio de Juan consistía en eliminar las barreras entre sus oyentes y Jesús. Aunque el ministerio implique algo más que la eliminación de barreras, ¿no le parecen significativas las imágenes de Juan?

Debemos eliminar las barreras para que las personas puedan encontrarse con Jesús. Esto no significa, por supuesto, transigir en la doctrina o tolerar el pecado. Sin embargo, sí significa que debemos evaluar la pureza de nuestras motivaciones y acciones al guiar a los demás.

¿Podría ser cierto también lo contrario? ¿Es posible que el «antiministerio» introduzca barreras entre las personas y Jesús que antes no existían? ¿O tal vez sean solo distracciones?

Hace muchos años, asistí a la conferencia de un famoso ministro. La música y la predicación fueron excepcionales. Junto con miles de personas más, corrí hacia el altar para orar y buscar al Señor al final del servicio.

Mientras me encontraba con Jesús de una manera poderosa, este famoso ministro apareció súbitamente delante de mí y me agarró la cabeza con lo que los aficionados a Star Trek podrían describir como un «agarre mortal vulcano». Las yemas de los dedos del ministro se clavaron dolorosamente en mis sienes mientras me sacudía la cabeza de un lado a otro, una y otra vez.

Si antes había estado pensando en Jesús, ahora tenía que lidiar con las tácticas de manipulación de este ministro. (También me pregunté dónde, a esas horas de la noche, podría comprar un collarín para el latigazo cervical).

A veces no nos damos cuenta de que somos un obstáculo para el buscador. He aquí algunas preguntas sencillas que podemos hacernos para desarrollar una mayor conciencia de nuestras acciones:

  • ¿Han mejorado o empeorado las cosas para este buscador desde que yo aparecí?
  • ¿Estoy eliminando distracciones o causándolas?
  • ¿Está experimentando a Jesús esta persona o yo me he interpuesto en su camino?

 

Liderar los tiempos de respuesta

El Señor me llamó por primera vez para enseñar a otros acerca del Espíritu Santo cuando tenía 14 años. Mi personalidad no se parecía en nada a la caricatura de un evangelista pentecostal que escupe fuego. Luché con Dios en oración por esto durante algún tiempo.

Mi suposición era que tenía que imitar a otros que parecían ser evangelistas eficaces, pero ese razonamiento era erróneo.

Nunca olvidaré el día en que el Señor habló a mi corazón y me dijo que mi responsabilidad era simplemente enseñar la Biblia y luego pedir a las personas que oraran. Si lo hacía, Jesús derramaría su Espíritu sobre quienes oraran en respuesta a la Palabra de Dios. Él lo ha hecho fielmente desde entonces.

Invite a Dios a liberarlo de las suposiciones erróneas que limitan sus paradigmas ministeriales, tal como lo hizo conmigo.

Aun así, aquí tiene algunas sugerencias sobre cómo liderar los momentos de respuesta al bautismo en el Espíritu de manera más eficaz, basadas en muchos años de experiencia personal.

1. Enseñe con sencillez. Conozca su mensaje tan bien que pueda explicarlo a un niño de siete años. Responda a las preguntas que plantean los buscadores, tales como: ¿Qué es el bautismo en el Espíritu? ¿Para quién es? ¿Cómo puedo recibirlo? ¿Qué hago con él después?

2. Capacite a los compañeros de oración. ¿Cuándo fue la última vez que capacitó a líderes sobre cómo orar con otros para recibir el bautismo en el Espíritu? Si no fue recientemente, es probable que no sepa qué prácticas consideran aceptables sus compañeros de oración.

Entre las prácticas comunes que deben evitarse se incluyen pedir a los buscadores que repitan lo que decimos, empujarlos físicamente para que caigan, no respetar su espacio personal y ofrecer asesoramiento o conversación cuando deberíamos estar orando.

3. Planifique la logística del espacio. ¿Supone un obstáculo o una ayuda para los buscadores el espacio físico de su ministerio? Si tiene suelo de hormigón, la gente no permanecerá mucho tiempo de pie orando. ¿Hay un lugar donde algunos puedan sentarse mientras otros permanecen de pie o de rodillas? ¿Hay espacio suficiente para que los asistentes del altar oren con las personas?

Normalmente pido a los buscadores que se ubiquen en el borde frente a la plataforma. De ese modo, los asistentes del altar sabrán quién necesita ayuda. Aquellos que ya han experimentado el bautismo en el Espíritu o desean una unción renovada pueden situarse unos pasos más atrás.

¿Cuándo fue la última vez que capacitó a líderes sobre cómo orar 
con otros para 
recibir el bautismo 
en el Espíritu?

4. Tenga en cuenta el tiempo disponible. A menos que los buscadores experimenten un «de repente … desde el cielo», he observado que suelen ser llenos del Espíritu Santo tras 20–30 minutos de oración. Según mi experiencia, esto es así independientemente de la edad, la cultura u otras variables.

Por lo tanto, si está planificando un tiempo de respuesta para el bautismo en el Espíritu el domingo por la mañana y celebra varios servicios, necesitará acortar el tiempo asignado a la música de adoración y otros elementos del programa para dar cabida al tiempo dedicado a la búsqueda de ese día.

5. Planifique el ambiente espiritual. Hay quien da por sentado que este detalle se resuelve por sí solo (¡al fin y al cabo, se trata de una iglesia!), pero he comprobado que el ambiente espiritual requiere una reflexión previa y una planificación.

¿Baja las luces para la oración? Si es así, se limita drásticamente la participación de las personas mayores, así como de otras personas que no confían en su vista.

¿El equipo de adoración liderará cantando? He descubierto que no ocurre gran cosa cuando se invita a las personas a pasar al frente para recibir el bautismo en el Espíritu y luego simplemente se cantan canciones. Cantar letras escritas por otros no implica la misma vulnerabilidad que crear sus propias oraciones.

Prefiero que el equipo de adoración toque música instrumental, pero que no canten. En algún momento, los buscadores intentarán expresar una revelación del Espíritu Santo. Llenar el ambiente con canciones de adoración con letra en español puede confundir el momento.

La mayoría de los líderes de alabanza sienten, con razón, la necesidad de involucrar a todos los presentes en la sala. Sin embargo, los momentos de respuesta al bautismo en el Espíritu deben estar orientados a los buscadores, no a los observadores. No se preocupe si quienes están en sus asientos no parecen tan participativos como lo estaban en el momento anterior de alabanza.

Intente limitar las distracciones durante la oración. Por ejemplo, considere pedir a quienes no buscan el bautismo en el Espíritu que se dirijan al vestíbulo para conversar libremente. Pida a los anfitriones o a los ujieres que vigilen amablemente las puertas.

6. Defina las expectativas con precisión. Prefiero contar ejemplos típicos de personas que han sido llenas del Espíritu, en lugar de historias más exóticas. Esto ayuda al buscador a tener una mejor idea de lo que puede suceder.

Recuerde que las experiencias del ruido «de una violenta ráfaga de viento» y «lenguas como de fuego» solo ocurrieron una vez, en Hechos 2:2–3.

7. Dé instrucciones claras. El buscador saber qué hacer. Felizmente, Hechos nos ofrece un esquema sencillo y coherente que podemos utilizar. Encontrará estos tres elementos en Hechos 2, 10 y 19:

  • Acérquese a Jesús en oración. La oración precede a cada bautismo en el Espíritu registrado en Hechos.
  • Jesús derramará su Espíritu Santo sobre usted.
  • Comunique lo que sienta que el Espíritu Santo le impulsa a decir, en lugar de sus propias palabras.

8. Anime constantemente. No es necesario que diga mucho, y solo debe hablar cuando sienta que es el momento adecuado.

A menudo digo algo como: «Puedo ver que cada uno de ustedes busca a Jesús con sinceridad. Persistan en lo que anhelan».

El ánimo colectivo también puede ayudar a levantar el ambiente.

9. Lidere. Los líderes marcan la pauta. Le animo a que sea visible y esté presente.

Mantenga los ojos abiertos ante circunstancias que puedan requerir que tome medidas preventivas. Preste atención a cómo tratan los asistentes del altar a las personas con las que están orando. Observe los rostros y el lenguaje corporal de los buscadores.

Y lo más importante: escuche la sabiduría y la guía del Espíritu. ¡Él lo ayudará!

 

—————

 

Como líderes, Dios nos llama a salir de nuestra zona de comodidad.

Al principio del ministerio, nos movemos con más fe que con habilidad. Pero a medida que ganamos experiencia, tendemos a actuar basándonos más en la habilidad adquirida que en la fe. En algún momento del camino, dedicamos la mayor parte de nuestra atención y esfuerzo a acciones con resultados garantizados.

Guiar momentos bíblicos, saludables, seguros y satisfactorios para que las personas experimenten el bautismo en el Espíritu Santo puede parecer arriesgado. Nunca estaremos exentos de temores y preocupaciones. Pero con el tiempo nos sentiremos más cómodos sirviendo en esta área, siempre y cuando sigamos dependiendo de Jesús.

Jesús es quien bautiza en el Espíritu. Él ha prometido un don a todas las personas a quienes se nos ha confiado guiar. ¿Le dará a Jesús el espacio para que cumpla Su promesa?

 

BARRA LATERAL 1: La persona introvertida y el bautismo en el Espíritu

No todo el mundo busca o responde al bautismo en el Espíritu de una manera emocionalmente evidente. La persona introvertida suele expresarse de un modo más discreto, incluso cuando Dios obra profundamente en su vida.

Con frecuencia veo a personas que muestran un lenguaje corporal típicamente introvertido en torno a altares ruidosos y abarrotados. Parecen personas fuera de lugar, distraídas, desanimadas, sobreestimuladas y, a veces, un poco asustadas.

Para ayudar a tranquilizar al buscador introvertido, suelo decir algo como: «Estoy muy feliz de que haya venido aquí delante de todos. Es un hermoso acto de entrega a Jesús. Lo animo a que no compare sus respuestas con las de quienes lo rodean, sino que simplemente se acerque a Jesús tanto como pueda».

Algunas personas son tan introvertidas que no se atreven a mostrar una vulnerabilidad suficiente como para empezar a hablar en lenguas en público.

No debemos dar por sentado que los servicios llenos de energía son los únicos lugares donde se puede recibir el bautismo en el Espíritu.

Antes de hacer un llamado al altar para recibir el bautismo en el Espíritu, suelo decir: «Muchos lo recibirán en el altar en unos minutos, pero otros necesitarán orar después y en privado».

Esto no es un plan B. Algunas personas simplemente necesitan menos distracción y presión social.

Con frecuencia escucho relatos de personas que son llenas del Espíritu durante un momento de oración personal mientras conducen de regreso a casa desde la iglesia, o cuando están acostadas en la cama o incluso mientras realizan las tareas domésticas.

Si las personas se sienten más cómodas buscando el bautismo en el Espíritu en privado, debemos animarlas a hacerlo.

Le aconsejo a las personas que busquen a Jesús tanto como puedan en el altar y que luego continúen la búsqueda en un lugar tranquilo.

Dios creó a cada persona y trata con ellas de manera individual. El bautismo en el Espíritu Santo también es para los introvertidos.

 

 

BARRA LATERAL 2: Ocho temores del buscador

Según mi experiencia, hay al menos ocho razones comunes que pueden impedir que la persona reciba el bautismo en el Espíritu. Cada una de ellas está relacionada con un temor común.

1. Carga emocional anti pentecostal.

Miedo subyacente: Aceptar una experiencia falsa.

Ayuda necesaria: Tranquilizar al buscador con pasajes de las Escrituras (p. ej., Lucas 11:11–13, Hechos 2:39).

2. Personalidad tímida e introvertida.

Miedo subyacente: la humillación o la atención pública.

Ayuda necesaria: Anime al buscador a orar a su manera o a buscar el bautismo en el Espíritu en privado.

3. Mentalidad hiperanalítica.

Miedo subyacente: Incapacidad para comprender o procesar intelectualmente la experiencia.

Ayuda necesaria: Animar al buscador a dejar de lado el análisis por el momento; invitarlo a recibir el bautismo en el Espíritu ahora y a reflexionar sobre ello después. Ayudarlo a reconocer que hay realidades espirituales que simplemente escapan a nuestra comprensión total.

4. Enfoque pasivo en la búsqueda.

Miedo subyacente: Creencia errónea de que el bautismo en el Espíritu es pasivo o automático.

Ayuda necesaria: Hable del bautismo en el Espíritu como una colaboración. El creyente habla en respuesta a la inspiración del Espíritu.

5. Sentimientos abrumadores de indignidad.

Miedo subyacente: el rechazo.

Ayuda necesaria: Tranquilice al buscador con las Escrituras, explicándole que solo Jesús es digno. Por gracia, Cristo proporciona toda la dignidad en cada transacción espiritual.

6. Una cosmovisión o un trasfondo cultural excesivamente respetuoso.

Miedo subyacente: Asumir una actitud presuntuosa respecto al don de Dios.

Ayuda necesaria: Remitiéndose a las Escrituras, explique que el bautismo es, en efecto, la voluntad de Dios para todo creyente, pero que debemos estar dispuestos a recibirla.

7. Un enfoque en las respuestas físicas como temblor, saltos o caídas.

Miedo subyacente: No saber qué hacer.

Ayuda necesaria: Explicar la naturaleza verbal y profética del bautismo en el Espíritu según la Biblia. Las Escrituras describen sistemáticamente las lenguas como la evidencia física inicial del bautismo en el Espíritu Santo. Aunque no sustituyen a las lenguas, otras expresiones físicas no plantean problema alguno, siempre y cuando el objetivo principal sea rendirnos al Espíritu.

8. Esperar una manifestación idealizada del poder.

Miedo subyacente: la falta de intensidad puede indicar una experiencia superficial o falsa.

Ayuda necesaria: Ofrezca la seguridad de que el bautismo en el Espíritu confiere poder para dar testimonio, aunque no nos sintamos poderosos.

 

TIM ENLOE es un evangelista de las Asambleas de Dios que conduce conferencias sobre el Espíritu Santo a nivel nacional e internacional.

 

Este artículo aparece en el número de primavera de 2026 de la revistaInfluence.

RECOMMENDED ARTICLES
Advertise   Privacy Policy   Terms   About Us   Submission Guidelines  

Influence Magazine & The Healthy Church Network
© 2026 Assemblies of God