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Fija tu mirada

Cuatro maneras de superar el desánimo como matrimonio en el ministerio

Geoff and Sherry Surratt on February 10, 2021

Recuerdas lo emocionados que estaban todos por el 2020? No solo era un nuevo año, sino también una nueva década.

Nuestra familia estaba ciertamente esperando el año nuevo. Sabíamos que el 2020 tenía que ser mejor que los dos años anteriores.

En 2018, un huracán obligó a nuestra hija a alterar los planes para la boda de sus sueños en una finca encantadora en Charleston a un espacio más pequeño e íntimo para bodas en Atlanta.

Durante octubre de 2019, nuestro nieto más joven nació con el cordón umbilical enredado a su cuello, y los médicos no pudieron conseguir un latido del corazón durante siete minutos. Pasamos casi todos los días durante un mes en la unidad de terapia intensiva neonatal, desesperados por un milagro. Al fin, cuando el bebé llegó a casa en el Día de Acción de Gracias, estábamos seguros de que lo peor ya había pasado, y una década mejor estaba a punto de comenzar.

Y entonces llegó el año 2020. Cada uno de nosotros tiene una lista de los desafíos que hemos navegado este último año. Entre otras cosas, nos enfrentamos al temor, a la pérdida y a los cierres en medio de una pandemia; un verano de disturbios y tensión racial; y una temporada electoral divisiva.

Como pastores, nos encontramos con un conjunto único de dificultades. Nos enfrentamos a un flujo constante de quejas sobre las cosas que hicimos, o no hicimos, en medio de la pandemia, todo mientras ayudábamos a los niños con la escuela en línea, cuidábamos a nuestros padres y manteníamos viva una iglesia que ni siquiera podía reunirse los domingos.

Pensar en ello es agotador. No es de extrañar que estemos cansados. Esa es la palabra que escuchamos más que ninguna otra mientras hablamos con matrimonios de pastores de todo el país. Todos estamos muy cansados.

En cada conversación desafiante, circunstancia decepcionante y objetivo frustrado, Dios está obrando, moldeándonos a su imagen.

Estamos cansados de tratar de encontrar respuestas donde no las hay. Estamos cansados de equilibrar el ministerio y el matrimonio cuando ambos exigen y merecen más de nuestro tiempo. Estamos cansados de cuidar ovejas que siempre parecen estar mordiéndonos o huyendo.

Si no sientes que toda esta confusión tira de las costuras de tu matrimonio, puede que no estés prestando atención. Para muchos de nosotros, la comunicación y la intimidad se han convertido en un reto. No sabemos cómo responder al temor y al desánimo que escuchamos en la voz de nuestro cónyuge, y luchamos por calmar nuestra propia alma en un mar de incertidumbre.

Sin embargo, podemos consolarnos en las palabras del apóstol Pablo en 2 Corintios 4:8 y 9:

«Por todos lados nos presionan las dificultades, pero no nos aplastan. Estamos perplejos pero no caemos en la desesperación. Somos perseguidos pero nunca abandonados por Dios. Somos derribados, pero no destruidos» (ntv).

Aunque Pablo era soltero, esta es una descripción acertada de la vida de un matrimonio de pastores el año pasado: presionado, perplejo y perseguido. Eso se vería muy bien en uno de esos grandes letreros de madera que tenemos colgados en nuestra cocina.

Más adelante en el mismo capítulo, Pablo dice esto:

«Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades!» (versículos 16 y 17, ntv).

Pablo no se rindió, y nosotros tampoco lo haremos. Las cosas son una locura. Nuestras relaciones son un desafío. No sabemos cuál será el futuro. Pero no nos rendiremos.

No renunciaremos a nuestro matrimonio, por mucho que luchemos. No nos damos por vencidos con nuestra gente, no importa lo exasperantes que puedan ser. No nos damos por vencidos con nuestras iglesias, no importa cuán irreconocibles se hayan vuelto. Y no nos damos por vencidos en el ministerio, no importa cuán atractiva pueda parecer a veces la idea de cambiarlo por un delantal verde en Starbucks.

Entonces, ¿cómo nos mantenemos en el juego? Pablo nos da la perspectiva que necesitamos en el versículo final de 2 Corintios 4:

«Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre» (versículo 18, ntv).

Pablo nos desafía a dejar de mirar las circunstancias y centrarnos en lo que da vida. Necesitamos «fijar nuestra mirada», mover nuestros ojos de lo temporal a lo eterno, de lo visible a lo invisible, de las circunstancias a las posibilidades.

A continuación presentamos cuatro maneras de fijar nuestra mirada para mantener las prioridades de Dios en foco:

1. Mira hacia adentro

Las primeras preguntas que nos gusta hacer cuando pasamos por tiempos difíciles son: «¿Qué estará obrando Dios en nosotros? ¿Qué quiere Él lograr en nuestra vida por medio de esta tormenta?».

En cada conversación desafiante, circunstancia decepcionante y objetivo frustrado, Dios está obrando, moldeándonos a su imagen. Cuando podemos encontrar su propósito en el desorden, esto nos ayuda a cambiar nuestra perspectiva.

Tengo un amigo que me ayuda a prestar atención a lo que Dios está haciendo. A menudo utiliza la palabra «fíjate», lo que me incita a tomar nota de mis pensamientos y emociones, especialmente cuando estoy tratando con una persona difícil.

Mi amigo señala que las emociones son solo una de las maneras en que Dios nos habla, y que, si nos detenemos y escuchamos, podemos aprender algo sobre lo que Dios está haciendo en nuestro corazón.

Necesito preguntar, ¿por qué esa persona o situación me hizo enojar o temer? ¿Qué podría querer Dios que yo notara en mi corazón o en mis motivos? ¿Cómo podría querer cambiarme? Aunque tal introspección es a menudo difícil, ayuda a revelar el amor de Dios por mí. Mi amigo me recuerda que el propósito de Dios no es condenarme, sino ayudarme a convertirme en la mejor versión de mí mismo en Él.

Para mí (Geoff), es útil enumerar las áreas de mi vida que se sienten abrumadoras y desalentadoras, y luego pasar el tiempo pidiéndole a Dios que me muestre lo que está haciendo en cada lugar.

No es un proceso fácil. Normalmente comienza con mi lista de quejas, un tiempo dedicado a sentir lástima por mí mismo, y finalmente un período tranquilo de escucha mientras Dios le habla a mi alma. Tengo que volver a este ejercicio una y otra vez para saber que Dios está obrando. Eventualmente, la gratitud por la misericordia de Dios comienza a abrirse paso.

¿Qué está hace Dios en tu vida en este momento? ¿Hay algún amigo de confianza que pueda ayudarte a procesar esta temporada? ¿Estás pasando un tiempo prolongado con Dios, esforzándote por escuchar su voz a través de la tormenta?

Dios está tramando algo. Él tiene un plan para tu matrimonio y tu ministerio. Considera esta pregunta: ¿Qué hace Dios?

2. Mira a tu alrededor

Uno de los mayores desafíos de 2020 fue el aislamiento de muchas de las personas que nos inspiran. Nos encanta pasar el rato con parejas que están en el ministerio, que no se impresionan demasiado con ellos mismos, y que les encanta reírse.

Tan pronto como las restricciones comenzaron a levantarse, nos acercamos a una de esas parejas y les pedimos que vinieran a cenar tan pronto como se sintieran cómodos. Ellos respondieron: «¿Qué tal si lo hacemos mañana por la noche?».

Uno de los momentos más vivificantes del año pasado fue cuando nos sentamos por varias horas con nuestros amigos, intercambiando historias ministeriales del tiempo de cuarentena, comparando notas sobre la paternidad de los hijos adultos, y riendo hasta llorar. Le dio vida al alma de nuestro matrimonio.

Jesús tenía sus discípulos, pero ellos normalmente discutían entre ellos, exigiendo algo de Él, o no entendían nada. (Se parecen mucho a la gente que dirigimos, ¿verdad?). Puede que por eso Jesús también buscara amigos como María, Marta y Lázaro. Había algo vivificante para Jesús cuando pasaba el rato en la casa de ellos.

Los matrimonios en el ministerio también necesitan el tipo de amigos con los que pueden ser ellos mismos, idealmente, gente que no asista a nuestra iglesia, que no dependa de nosotros para el pago de su sueldo, y que no tenga autoridad sobre nosotros.

Necesitamos amigos que puedan relacionarse con las presiones y el dolor del ministerio, y que sepan cómo reírse y divertirse. Estos amigos son como la válvula de escape de una olla a presión; ayudan a regular la presión para que las cosas no estallen.

¿Pero por qué a veces nos resistimos a esto? Yo (Sherry) he notado a menudo esta tendencia en mí misma. Cuando me siento más desanimada, aislada y sola, pienso que no debería infectar a los demás con mi triste estado de ánimo. Debería esperar hasta que yo pueda ser mejor compañía.

Si te encuentras aislado en una isla ministerial, separado de aquellos con los que puedes reír y llorar, Satanás te está tendiendo una trampa. Dios nos advierte de que tenemos un enemigo muy real que le encantaría hacernos naufragar. Efesios 6:12 nos dice esto:

«Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales» (ntv).

No te creas los planes de Satanás. Si no conoces a otro matrimonio con quien pasar el tiempo, pon esta búsqueda al principio de tu lista de cosas por hacer.

Busca a otro matrimonio en tu área que también esté en el ministerio, sin importar a qué tribu pertenezcan, y averigua si estuvieran dispuestos a comer juntos.

Quizás no congenies con el primer matrimonio al que te acerques, pero no te des por vencido. La amistad es demasiado importante.

Considera esta pregunta: ¿Cuál de ellos emana vida?

3. Presta atención

Entre los relatos de Marcos sobre el envío de los Doce y la alimentación de los cinco mil, el escritor de los Evangelios registra este momento fácilmente pasado por alto en el ministerio de Jesús:

«Entonces Jesús les dijo: “Vayamos solos a un lugar tranquilo para descansar un rato”. Lo dijo porque había tanta gente que iba y venía que Jesús y sus apóstoles no tenían tiempo ni para comer. Así que salieron en la barca a un lugar tranquilo, donde pudieran estar a solas» (Marcos 6:31-32, ntv).

Jesús reconoció la necesidad de retirarse de las multitudes y tomar un descanso de las demandas del ministerio. En medio de la misión más importante que el mundo ha visto, Jesús se tomó un tiempo para estar con sus amigos. Aparentemente, Jesús sintió que alejarse del ministerio para relajarse era importante.

Cada año intentamos escaparnos para nuestro aniversario, pero el año pasado parecía que no sucedería. Viajar estaba prohibido en muchos lugares, y las restricciones eran tan estrictas en otros lugares que parecía imposible.

Sin embargo, estamos tan convencidos de la importancia de escapar, que encontramos una manera segura de hacerlo. Algunas personas pueden no entenderlo, pero esos pocos días renovaron nuestras fuerzas en el momento justo. Meses después, todavía recordamos cómo ese tiempo juntos reavivó nuestro amor y renovó nuestro espíritu.

Nuestro corazón anhela los momentos no programados, el tiempo para pasar el rato y hablar, y el tiempo y el espacio para reconectarnos y sentirnos como nosotros mismos otra vez.

¿Qué es lo que recarga tus baterías? ¿Es una hora en las montañas? ¿Un viaje a la playa? ¿Una casa en el lago? Si te preocupa que todo se derrumbe porque no estás allí, supéralo. Incluso Dios se toma un día de descanso.

Considera esta pregunta: ¿Qué es lo que te recarga la energía?

4. Mira hacia adelante

Aunque el año 2020 fue difícil para todos, también debemos reconocer las oportunidades que se nos presentan. Como pastores, tenemos que reescribir cómo la iglesia se verá ahora, y ver lo que Dios estará haciendo próximamente.

¿Qué nuevas ideas de ministerio en línea has estado considerando? ¿Qué tecnologías has aprendido a usar que te inspiran a imaginar nuevas posibilidades? Todos somos artistas sentados ante un gran lienzo en blanco, con todos los colores imaginables en nuestra paleta.

Nos encanta programar una «cita soñada» donde cada uno pasa tiempo a solas con Dios para luego presentar entre nosotros nuestros sueños honestos y sinceros. Nos gusta enmarcarlo así: «Si nada fuera imposible, y Dios obra, ¿cómo serían los próximos cinco años?».

Nos encanta esta pregunta porque, por supuesto, nada es imposible con Dios, y Él siempre obra cuando lo invitamos. Hemos experimentado de primera mano cómo estas «citas soñadas» renuevan nuestra alma, recordándonos lo que Dios ha hecho en el pasado cuando sentimos la presión por todos lados.

Además, se nos recuerda que no servimos a un Dios débil que apenas tiene lo suficiente para que subsistamos. En Efesios 3:20, Pablo lo describe como: «Quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros» (ntv).

Infinitamente más de lo que podríamos soñar. Este es el Dios al que servimos. Cualquier sueño audaz que tengamos para nuestro ministerio o nuestro matrimonio, Dios ya está muy por delante de nosotros. Él no está enredado con el presupuesto o atormentado por cuántas personas volverán a los bancos de la iglesia, o qué decisión tomará mi hijo adulto a continuación. Dios nos está llamando, y también a ti, a soñar en grande.

Considera esta pregunta: ¿Qué podría ser lo siguiente?

Fijemos nuestra mirada

Pablo nos dice que «fijemos nuestra mirada». ¿Dónde necesitas fijar tu mirada? ¿Dónde te enfocas en las cosas equivocadas, las circunstancias equivocadas, la gente equivocada? La realidad es que las iglesias crecen y se encogen, los desafíos van y vienen, los miembros se alegran y se enojan, pero la relación que tienes con Dios y con tu cónyuge son para siempre.

Acordemos juntos que nuestra esperanza está en las promesas de Dios, no en las circunstancias alocadas que vemos a nuestro alrededor. Es hora de fijar nuestros ojos en Jesús y en los sueños que tiene para nuestro ministerio y para nuestra familia.

 

Geoff y Sherry Surratt son los fundadores de MinistryTogether. Su misión es asociarse con los pastores para la salud relacional, el crecimiento organizacional y el impacto del Reino. Viven en Parker, Colorado.

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