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 the shape of leadership

Cuatro tendencias que impactarán a la iglesia en el 2020

Responder con realismo y esperanza firme

Uno de los aspectos más desafiantes de mi trabajo como investigador social es encontrar el equilibrio inspirado por el Espíritu entre el realismo y la esperanza. La verdadera libertad llega al hablar la verdad acerca de nuestra situación como cultura y como iglesia. Y al tener esperanza en nuestro Señor resucitado y en el poder de su Espíritu, ganamos la victoria sobre el temor.

Las estadísticas y el conocimiento a continuación tienen un gran peso en la balanza del realismo, pero ruego que usted se una a mí para responder a estas tendencias con una esperanza firme en el reino de Dios aquí, presente y futuro.

El alcance de la Babilonia digital se extiende

Muchos cristianos, especialmente los de más edad, se sienten culturalmente relegados. Una transición profunda en Norte América está desplazando a la fe del centro de la sociedad a las márgenes. Los datos del grupo Barna demuestran que hay un desplazamiento generalizado, cambios de arriba abajo, que reemplazan a la cultura cristianizada por una poscristiana.

El uso generalizado del Internet, las herramientas digitales abundantes y la actividad excesiva por los medios sociales han creado una nueva cultura a la que en Barna llamamos «la Babilonia digital». Los cristianos, como forasteros en una tierra extranjera, debemos aprender a vivir como exiliados, aunque somos llamados a ser el pueblo de Dios bajo su señorío. (Mi libro nuevo, Faith for Exiles [Fe para los exiliados], explora esta idea en profundidad e incluye datos sobre los jóvenes cristianos cuya fe prospera en el exilio). Así como el profeta Daniel y sus amigos, podemos adquirir fluidez en el lenguaje y entender la literatura del nuevo mundo en el que nos encontramos, y al mismo tiempo mantener un enfoque en la misión de Dios para la redención y la reconciliación (Daniel 1:4,17).

Actualmente muchos recurrimos a dispositivos electrónicos para dar sentido al mundo. Los jóvenes, especialmente, usan sus celulares como consejeros, entretenimiento, instructores, incluso como educadores sobre el sexo.

Por cierto, las búsquedas en Google pueden ser un beneficio maravilloso para la vida en el mundo moderno. ¿Quién no ha mejorado su vida al acceder a la información correcta en el momento conveniente? Mirar un tutor que paso a paso enseña cómo reparar el lavavajillas. Escuchar una canción predilecta. Descubrir una receta nueva. Buscar de inmediato un regalo para el cumpleaños de su amigo, antes de olvidarse. Las pantallas de los celulares son portales mágicos a más distracciones y es imposible de que una persona pueda visitar a todos, aunque viva miles de años, y unos pocos incluso conducen a algo útil.

Esa es la parte más difícil. Tener acceso instantáneo a la información no es lo mismo que tener sabiduría. En un sermón en 1965, Martin Luther King, Jr., bien podría haber aludido a nuestro tiempo al preguntar: «¿Cuánto de nuestra vida moderna puede resumirse en aquel dicho fascinante del poeta Thoreau: ‘Medios mejores para fines no reformados?’ [...] Hemos permitido que nuestra tecnología nos aleje de la teología, y por esta razón nos encontramos envueltos en tantos problemas».

Uno de tales problemas es el escepticismo creciente concerniente a la autoridad de las Escrituras. Seis de 10 adultos en Estados Unidos nacidos antes de 1946 concuerdan firmemente de que «la Biblia contiene todo lo que una persona necesita saber para llevar una vida significativa (61 por ciento), en comparación con solo 32 por ciento de los milenios quienes admiten lo mismo. Y aproximadamente 1 de 8 adultos jóvenes describen a la Biblia como peligrosa por su dogma religioso utilizado por siglos para oprimir a los pueblos» (13 por ciento).

De la misma manera, los estadounidenses cada vez más terminan frustrados con las instituciones que históricamente han sido el enlace que mantiene unida a la sociedad. En particular, esto es cierto con los jóvenes milenios, quienes confían poco de que las instituciones de la nación tienen «en mente los intereses de ellos». Con relación a esto solo un tercio de los jóvenes milenios (32 por ciento) admite que las universidades son fidedignas; 3 de 10 milenios (30 por ciento) dicen lo mismo acerca de las iglesias; 1 de 5 (20 por ciento) dice confiar en las compañías con fines de lucro; o en el presidente de Estados Unidos (19 por ciento); e incluso un número menor (13 por ciento) admite que los representantes en el Congreso o que el gobierno (10 por ciento) tiene en cuenta los intereses de ellos.

Esta falta de confianza ha provocado la desintermediación de las instituciones en nuestra sociedad, la cual significa que la gente ya no tiene fe en las instituciones como mediadores dignos de confianza en nuestra vida comunitaria.

En respuesta a esto, los cristianos en el 2020 deben procurar ser relacionales. La gente tal vez no confíe en las instituciones, pero confía en otras personas, especialmente aquellas que aman incondicionalmente y ven a diario, y estas son las relaciones que marcan una diferencia medible. Por ejemplo, los jóvenes milenios, quienes continúan en la fe cristiana hasta alcanzar la edad adulta, son doblemente propensos (59 por ciento), en comparación con quienes no la mantienen (31 por ciento), en afirmar que, siendo jóvenes, tuvieron una amistad cercana con un adulto en su iglesia. Las relaciones significativas pueden marcar una gran diferencia en la fe de aquellos que viven en exilio.

El tribalismo depone la verdad

La palabra «posverdad» ha sido entendida entre los observadores políticos como un resumen metódico de lo que vivimos en nuestro tiempo, un tiempo donde a muchos les resulta difícil discernir la diferencia entre los hechos y «los hechos alternativos» o entre la verdad y «mi verdad». Es convincente, pero la posverdad es también un resumen justo de las amplias realidades culturales con implicaciones considerables ahora y en los años venideros de cómo los cristianos vivirán, trabajarán y servirán. Si no hay hechos que todos aceptan como hechos, ¿acaso es posible cambiar la manera de pensar de otros, incluso nuestra propia manera?

La misión del grupo Barna es ayudar a las personas de influencia espiritual a entender los tiempos y saber qué deben hacer. Creemos que entender la realidad de esta sociedad posverdad y saber cómo responder con sabiduría es más urgente que nunca para los líderes cristianos, no solo para nosotros mismos, sino también mientras preparamos la próxima generación de seguidores de Cristo.

La alternativa es el tribalismo, donde nuestra verdad contra la de ellos es la única verdad que importa. Cuando las personas a nuestro alrededor creen algo, somos más propensos a creer lo mismo, aunque no es verdad. Y al creerlo, aumentamos la probabilidad que crean también los que nos rodean. Un ejemplo reciente de una investigación, por el grupo Barna en sociedad con Impact 360, averiguó que la mayoría de los adolescentes admiten que la moralidad cambia con el paso del tiempo según la sociedad (58 por ciento). El tribalismo es una razón principal por la que nuestra sociedad puede llamarse legítimamente «posverdad»: A medida que más personas crean a los que están a su alrededor, la verdad auténtica se hace irrelevante. «La verdad» es aquello que las personas cercanas a mí sienten es la verdad en un momento dado. La tribu supera a todo.

El efecto de la cámara de eco que escuchamos en Internet todos los días, las 24 horas al día, contribuye al tribalismo. Preferimos a las personas que son similares a nosotros, por lo cual resulta difícil escuchar y entender a cualquiera que es diferente. Al investigar para mi libro Good Faith [Buena fe], nuestro equipo descubrió que los evangélicos estadounidenses son más propensos a decir, que cualquier otro adulto en Estados Unidos, que les sería difícil tener una conversación normal con una persona que no es como ellos. Casi 9 de 10 evangélicos les sería difícil conversar con un musulmán (87 vs. 73 por ciento de todos los adultos) o con una persona que se identifica como LGBT [lesbianas, gais, bisexuales y transgénero] (87 vs 52 por ciento de todos los adultos).

¿Se da cuenta del peligro? Cuanto más somos semejantes a las personas cercanas a nosotros, más locos parecen ser los demás. En algún momento «perdemos» la habilidad de hablar la verdad de tal manera que otros la puedan entender, debido a que nuestras tribus viven en cámaras de eco llenas de personas que solo hablan nuestro lenguaje y ejercen gran presión los unos con los otros, ya sea que lo sepamos o no, para mantener las cosas como son.

En un marcado contraste, la encarnación de Cristo provee el antídoto al tribalismo: «La Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros» (Juan 1:14, ntv).

Con nuestra esperanza firme en el Dios viviente, juntos podemos enfrentar los desafíos.

Este es el llamado a las iglesias para el 2020: «Nosotros» debemos acercarnos a «ellos», y no ellos a nosotros. La encarnación es cómo crear la oportunidad para hablar la verdad.

El cambio en el método de la salvación

Usted habrá notado en sus evangelizaciones que a menudo la gente hace diferentes preguntas a los que, como cristianos, estamos preparados para responder. Ya no es seguro suponer que con tan solo explicar algunas cosas la gente pondrá su confianza en Jesús. Son pocos los estadounidenses que tienen un entendimiento básico acerca de los temas bíblicos comparten una cosmovisión cristiana básica, o siquiera retienen en su memoria un bosquejo elemental del evangelio. Además de eso, en estos tiempos de la posverdad donde abundan las noticias falsas, no tienen la menor idea de quién es fidedigno.

El evangelio de Cristo todavía es y siempre será el «poder de Dios en acción para salvar a todos los que creen» (Romanos 1:16, ntv). Pero la manera específica en que el pecado, la muerte y el diablo obran juntos para destruir vidas cambia con el tiempo y las culturas. Para percibir la necesidad, profunda y particular, de las personas a nuestro alrededor respecto a la salvación, primero necesitamos una comprensión clara de nuestra actualidad cultural.

¿Acaso sabe la gente que necesita ser salva? Quizás no es en la manera que las generaciones previas reconocían sus necesidades espirituales. Pero aún así, a muchos les falta un sentido del propósito de Dios y del significado de su propia vida. Las buenas nuevas de Jesucristo es el poder de Dios para salvar, a todo el que cree, del nihilismo demoníaco y de un sentido de vacío que mata al alma; si solo podemos encontrar maneras nuevas y eficaces para comunicar el poder de Dios para salvar.

Debemos aprender a conectar a Jesús con la realidad de la vida de hoy. Esto no solo es ser «conocedores de la tendencia», sino ser sensibles a la guía del Espíritu Santo, quien ayuda en nuestros esfuerzos para poder conocer los tiempos y oír lo que el Señor dice. Ser más relacionales y aprender a discernir culturalmente nos capacitarán para compartir a Jesús en maneras que puedan oír las personas que necesitan salvación.

Compartir la fe sucede dentro de un ecosistema social y espiritual específico. Nos guste o no, la reputación general del cristianismo en nuestra cultura amplia se interpone con nuestros esfuerzos a nivel local y personal para vivir y compartir el evangelio. Sabemos que la cristiandad es verdadera; debemos mostrar que es buena.

Muchos cristianos consideran este esfuerzo seriamente. En contra de la corriente del sentimiento popular, nuestro equipo Barna continúa descubriendo evidencia de que muchos seguidores de Cristo son una fuerza positiva en el mundo. Tan solo en los dos últimos años, hemos encontrado pruebas en las áreas del trabajo, las relaciones, y en el cuidado de los marginados y desamparados. Por ejemplo, tres cuartas partes de los cristianos practicantes concuerdan fuertemente al decir: «Quiero usar mis dones y talentos para el bien de otros» (73 por ciento); 9 de cada 10 opinan que les importa que sus obras «contribuyan para mejorar la sociedad/el mundo» (87 por ciento).

En un estudio por activistas a favor de los pobres, encontramos que los que se autoidentifican cristianos son más propensos a informar que donan dinero para caridad (75 vs. 64 por ciento de no cristianos); a aceptar responsabilidad para terminar con la pobreza (59 vs. 45 por ciento); y a realizar cambios significativos en su estilo de vida como consumidores (43 vs. 38 por ciento) para combatir la pobreza. Entre los asistentes regulares a la iglesia, los porcentajes son aún más altos. Y en un estudio entre jóvenes adultos, de 18 a 29 años hecho para Faith for Exiles, descubrimos que la mayoría de los creyentes comprometidos, a quienes llamamos discípulos firmes, continuamente informan lograr mayor vínculo relacional y satisfacción que los no cristianos, y expresan mayor interés en hablar y en conocer a las personas diferentes a ellos.

¡Eso es el poder de Dios que obra para salvar a los que creen!

El liderazgo pasa a primer plano

Hace poco, mientras comía con un amigo, este me dijo: «David, no me gustaría ser un líder joven que empieza hoy. Las cosas son mucho más complejas, especialmente al tratar de guiar en la era de la tecnología y los medios sociales». Él es un líder de mucho éxito, de más edad, y su sentimiento revela algo que percibimos en nuestras investigaciones y relaciones con líderes de todas las edades. La gente reconoce que las generaciones más jóvenes enfrentan fuertes oposiciones en el camino hacia un liderazgo eficaz.

Una de las razones por la que dirigir es diferente es el hecho de que hay mucho que se puede cambiar, e incluso las cosas establecidas pueden parecer abiertas a la reinvención. El vínculo o la conexión, movido por la tecnología, está transformando la manera en que los líderes activan a sus seguidores hacia un objetivo compartido y cómo estos perciben su lugar en el mundo (nuevamente la desintermediación).

Los cristianos jóvenes hacen frente a altos niveles de escepticismo de sus compañeros hacia la iglesia, especialmente, pero no exclusivamente, en contextos poscristianos. En los contextos secularizados, como mi amigo Gabe Lyons y yo hemos documentado en Good Faith, la cristiandad no se debe ignorar; a menudo se la percibe como peligrosa, contraria y extrema. Muchos de los líderes cristianos de más edad, con quienes hablo, no parecen reconocer cuán tóxicas son estas percepciones y cuán difícil es guiar a los adolescentes y adultos a la fe.

El contexto para los líderes jóvenes principiantes es caótico, reaccionario, perturbador, y produce ansiedad, donde las reglas cambian el ambiente y se caracteriza por la desconfianza general y un profundo escepticismo.

Mi amigo de más edad había percibido algo: ¿Te gustaría ser líder? Si bien su reticencia a tomar un lugar es comprensible, no cambia el hecho de que necesitamos líderes jóvenes. El desarrollo de líderes debe ser un asunto de primer plano.

Actualmente hay más pastores principales que trabajan a tiempo completo de 65 años que menores de 40 años. Aunque nuestros datos no revelan exactamente la razón de este cambio, algunos factores probables son un aumento en la expectativa de vida; el aumento de pastores con doble vocación y segunda carrera; las presiones financieras que enfrentan los pastores, algunas de las cuales tiene que ver con la recesión económica del 2008; la atracción entre los adultos jóvenes de tener una empresa; la falta del desarrollo de líderes entre los jóvenes milenios y los de la generación X; y la falta de un plan de sucesión entre los nacidos durante y después a la Segunda Guerra Mundial, conocidos como baby boomers. Todos estos factores y otros más contribuyen al «envejecimiento» del clero estadounidense.

Los hechos precisos del tema son que aun el más sabio de los pastores no vivirá indefinidamente, y la comunidad de fe perderá su sabiduría a menos que se la transmita a la nueva generación. Aún más apremiante es la probabilidad de sufrir una gran escasez de líderes en las próximas décadas. En el mejor de los casos, se levantarán líderes laicos conocedores de la Biblia, llenos del Espíritu Santo en lugar de un clérigo profesional reducido, quienes desempeñen funciones en una escala poco vista. Ciertamente esta es una posibilidad, pero ¿acaso es el resultado más probable?

Es esencial que las denominaciones, redes e iglesias independientes determinen cómo motivar, movilizar, facultar y emplear mejor a más líderes jóvenes de la iglesia. Algunas soluciones a la crisis incluyen crear y presentar equipos mejores a nivel intergeneracional y multifuncional; desarrollar e implantar mejores esfuerzos para la sucesión; alentar a más jóvenes a incorporarse como líderes espirituales y que más pastores establecidos den lugar a los líderes más jóvenes; crear una visión más amplia de la función pastoral que incluya una visión renovada para el sacerdocio de todo creyente; y mejorar el proceso educativo y de desarrollo para promover nuevos pastores.

La Iglesia del 2020 necesita líderes a nivel intergeneracional para pastorear al pueblo de Dios hacia el futuro.

Nuestros desafíos a corto plazo son ciertos, pero no son la palabra final. Como dijo Pablo a Timoteo: «Porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios viviente, que es el Salvador de todos, especialmente de los que creen» (1 Timoteo 4:10, nvi).

Con nuestra esperanza firme en el Dios viviente, juntos podemos enfrentar los desafíos.

David Kinnaman es el presidente y propietario principal del Barna Group, una compañía visionaria dedicada a la investigación y los recursos ubicada en Ventura, California.

Aly Hawkins es la redactora principal de Barna Group.

Este artículo apareció originalmente en la edición noviembre/diciembre 2019 de la revista Influence.

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