La fortaleza de la Iglesia

Por qué Cristo es más importante que las circunstancias

Doug Clay on January 12, 2026

Los peregrinos de los tiempos antiguos cantaban los Salmos de Ascensión (120–134) mientras viajaban a Jerusalén. Había santuarios y templos paganos en las montañas a lo largo del camino. Sin embargo, cuando por fin veían el monte Moriah, podían contemplar el Templo.

«Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?» preguntaban los peregrinos. Esta era una buena pregunta ya que los lugares sagrados paganos les hacían sus tentadoras ofertas.

Sin embargo, los peregrinos proclamaban: «Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra» (Salmos 121:1,2).

La palabra hebrea traducida como «socorro o ayuda» es ezer. Aparece por primera vez en Génesis 2:18,20, donde describe a Eva como una «ayuda idónea» para Adán. Sin embargo, esto no implica que la esposa sea subordinada de su esposo.

En otros pasajes, ezer describe a aliados militares (Isaías 30:5) y a oficiales (Ezequiel 12:14).

Con mayor frecuencia, ezer describe a Dios (Éxodo 18:15; Deuteronomio 12:7,26,29; Oseas 13:9), especialmente en los Salmos (20:2; 33:20; 70:5; 115:9–11; 121:1,2; 146:5).

Dios otorga «fuerza» (ezer) al rey (Salmo 89:19) y a los fieles que se encuentran en situaciones difíciles (Daniel 11:34).

En otras palabras, un ezer es un multiplicador de fuerza, que ayuda a quienes lo necesitan.

 

Diferentes circunstancias

En todo el mundo, los creyentes de las Asambleas de Dios se encuentran en diferentes circunstancias.

El pasado mes de octubre, el huracán Melissa azotó Jamaica. Los vientos alcanzaron rachas de 185 millas por hora. Decenas de residentes murieron y el 77% se quedó sin electricidad.

Las pérdidas económicas ascendieron a un tercio del PIB de Jamaica. Más de 100.000 acres de tierras de cultivo y 1 millón de animales resultaron destruidos.

Las iglesias de las Asambleas de Dios en Jamaica, a pesar de verse afectadas por la tormenta, distribuyeron ayuda a decenas de miles de personas en colaboración con Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios y Convoy of Hope.

Durante noviembre, insurgentes armados atacaron una iglesia de las Asambleas de Dios en el estado de Kebbi, en Nigeria, secuestrando a 11 creyentes, lo que forma parte de una tendencia creciente de violencia contra los cristianos en la región centro-norte del país.

Algunos secuestradores tenían motivos económicos, ya que esa región sufre hambre e inseguridad alimentaria. Otros persiguieron a los cristianos específicamente por su religión.

En Estados Unidos, las Asambleas de Dios comenzaron a crecer de nuevo tras experimentar un descenso en la asistencia y la membresía durante la pandemia.

Entre 2023 y 2024, la membresía aumentó un 2,5%, los bautismos en el Espíritu Santo un 3,9%, la asistencia un 4,1%, la asistencia presencial un 6,2%, las conversiones un 10%, los bautismos en agua un 12,1% y el establecimiento de nuevas iglesias un 33,6%.

Los cristianos se sienten tentados a asociar la fortaleza de la Iglesia con sus circunstancias. Pero los creyentes jamaicanos y nigerianos no sonn débiles a causa de los desastres naturales y la persecución, del mismo modo que los creyentes estadounidenses no son fuertes solo por el crecimiento.

La fortaleza de la Iglesia no reside en sus circunstancias, sean estas buenas o malas. Nuestra ayuda «viene del Señor» (Salmos 121:2).

Consideremos cinco realidades que fortalecen a la Iglesia.

 

Fundamento

En primer lugar, la fortaleza de la Iglesia reside en su fundamento, no en su número de miembros.

«Porque nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo» (1 Corintios 3:11).

Esta verdad es un recordatorio importante en Estados Unidos. Doy gracias a Dios por nuestro renovado crecimiento.

Si bien el tamaño, la riqueza y la influencia no son necesariamente una recompensa divina, siempre conllevan una responsabilidad misional. El Señor nos los concede para extender su reino.

Si confiamos en Jesús en lugar de en nuestras circunstancias, podemos soportar cualquier adversidad. Nuestra fortaleza proviene de edificar sobre la roca de la persona y las enseñanzas de Cristo (Mateo 7:24–29).

Las culturas cambian, los gobiernos caen, las tendencias desaparecen, pero Jesús permanece inmutable.

 

Poder

En segundo lugar, el poder del Espíritu Santo es la fortaleza de la Iglesia.

La fortaleza de la Iglesia hoy no reside en edificios ni programas, sino en la presencia viva de Cristo entre su pueblo.

La iglesia del Nuevo Testamento no contaba con los recursos que tienen los cristianos estadounidenses. En Hechos 3:6, Pedro dijo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda».

La fortaleza de la iglesia primitiva no residía en el poder humano, la riqueza ni las estrategias de crecimiento eclesiástico. Era el poder del Espíritu (Lucas 24:49; Hechos 1:8; 2:43; 4:33; 6:8; 19:20).

No es de extrañar que los primeros pentecostales enfatizaran Zacarías 4:6: «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos».

El Espíritu que descendió en Pentecostés obra en la Iglesia hoy, reavivando, empoderando y enviando. Todavía brinda valentía para testificar, consuelo en la persecución y discernimiento en medio de la confusión.

 

Unidad

En tercer lugar, la unidad es la fuerza de la Iglesia.

Jesús oró por los cristianos para que «todos sean uno». Esto reflejaba la unidad interna de Dios: «como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti». También fortalecía la misión: «que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17:21).

La división debilita, pero la unidad fortalece. «Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto» (Eclesiastés 4:12).

La Iglesia, unida a Dios y entre sí, se convierte en una fuerza imparable de amor, compasión y verdad.

 

Misión

En cuarto lugar, la misión fortalece a la Iglesia.

Un músculo que no se usa se atrofia con el tiempo. Lo mismo ocurre con la misión de la Iglesia. ¡Úsala o la perderás!

Jesús dio esta comisión a los Doce: «Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia» (Mateo 10:7,8).

Los cristianos comprometidos con la misión proclaman el evangelio con palabras y obras. Evangelizamos y hacemos discípulos. También ministramos a las necesidades físicas y materiales de las personas.

La misión mantiene a la Iglesia viva y vibrante. La Iglesia siempre es más fuerte cuando envía y sirve. La Iglesia crece fuerte cuando mira hacia afuera, no hacia adentro.

 

Perseverancia

En quinto lugar, la fortaleza de la Iglesia se manifiesta a través de la perseverancia.

Juan se describió a sí mismo como «hermano, y copartícipe [nuestro] en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo» (Apocalipsis 1:9). Nos gusta el Reino, ¿pero el sufrimiento y la perseverancia? No nos gustan en absoluto.

Y, sin embargo, el sufrimiento y la perseverancia son parte integral de seguir a Cristo.

Pablo le recordó a Timoteo: «Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos…» (2 Timoteo 3:10,11).

Luego, Pablo extrajo una conclusión de su experiencia: «Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (versículo 12).

El cristianismo miope no sabe qué hacer con Pablo. La fe con visión de futuro sí lo entiende. Los imperios surgen y caen, pero la Iglesia perdura a través del tiempo, la persecución y los cambios culturales.

La resurrección es la historia de la Iglesia: reveses seguidos de un nuevo resurgimiento por el poder de Cristo.

Por lo tanto, recibamos el encargo de Pablo a Timoteo como propio: «Tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio» (2 Timoteo 4:5).

 

Presencia viva

La fortaleza de la Iglesia hoy no reside en edificios ni programas, sino en la presencia viva de Cristo entre su pueblo.

Podemos enfrentar desafíos, pero con Cristo presente, no seremos derrotados.

En los momentos de prueba, tal vez seremos podados, pero como Cristo está con nosotros, daremos más fruto.

El mundo puede presionarnos con el ostracismo y la persecución, pero cuando somos débiles, Cristo es fuerte, y por lo tanto, somos fuertes en Él.

Y como Jesús prometió edificar su Iglesia, las puertas del infierno no prevalecerán contra nosotros (Mateo 16:18).

Al comenzar este nuevo año, ¡busquemos nuestra fortaleza en Cristo!

 

DOUG CLAY es superintendente general de las Asambleas de Dios E.U.A.




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