¿Siéntate y escucha?
Lo que Pablo realmente enseñó sobre las mujeres en el ministerio
Mi esposa, Rosemarie, y yo ejercemos juntos el ministerio en IES Bandung, una iglesia internacional de las Asambleas de Dios en Indonesia. Yo soy el pastor docente, pero Rosemarie es la pastora principal.
Crecimos en una tradición eclesiástica que prohibía a las mujeres ejercer el liderazgo en el ministerio. Al igual que yo, Rosemarie desde niña sintió el llamado de Dios al ministerio global. Sin embargo, mientras que a mí me animaban en mi vocación, Rosemarie aprendió desde muy temprana edad que sus posibilidades de servir al reino de Dios serían limitadas. Ella podía ser la esposa de un pastor, pero no una pastora.
Hasta el día de hoy, los prejuicios culturales crean expectativas en los demás sobre nuestras funciones en el ministerio. Los recién llegados a nuestra congregación suponen que soy el pastor principal y se refieren a Rosemarie como «la esposa del pastor».
Lamentablemente, la mala interpretación de la posición del apóstol Pablo sobre las mujeres en el ministerio impide que muchas puedan cumplir el llamado de Dios, y priva a la Iglesia de sus dones.
Un pasaje bíblico clave de este debate es 1 Timoteo 2:8-15. Al escribir a su joven discípulo en Éfeso, el apóstol Pablo parece indicar que las mujeres cristianas deben callarse y someterse al liderazgo del varón. Pero, ¿es eso realmente lo que Pablo quería enseñar?
El mundo de Éfeso
Para comprender este pasaje bíblico es necesario examinar la situación original, el contexto y los personajes.
La actitud de Pablo hacia las mujeres de otros lugares en el ministerio debería servirnos de base para interpretar sus recomendaciones a Timoteo.
La carta a los Romanos, capítulo16, es particularmente instructiva. En sus saludos personales, Pablo elogió el ministerio de varias mujeres, entre ellas Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea (vv. 1 y 2); Priscila, quien dirigía una iglesia en su casa junto a su marido, Aquilas (vv. 3–5); María, una trabajadora diligente (16:6); Junias, una apóstol (16:7); Trifena, Trifosa y Persis, que han trabajado arduamente en el Señor (16:12).
De hecho, Pablo nombró y elogió a más mujeres líderes que a varones en su carta a los Romanos 16.
Si Pablo elogió a las ministras, debe haber algo más detrás de su aparente prohibición de que las mujeres ejerzan el liderazgo en 1 Timoteo. De lo contrario, la enseñanza de Pablo sobre el tema sería confusa e incoherente.
Según Hechos 16, Timoteo, cuyos antepasados eran tanto judíos como griegos, participó juntamente con Pablo y Silas en la obra.
Después de asignar a Timoteo una posición de liderazgo en Éfeso, Pablo lo exhortó a corregir la falsa doctrina en esa iglesia (1 Timoteo 1:3, 4). Al leer 1 Timoteo es importante considerar que este asunto era la principal preocupación de Pablo.
Aquilas y Priscila eran miembros del equipo ministerial de Pablo en Éfeso y Corinto (Hechos 18:18, 19). Lucas, al presentarlos en Hechos 18:2, nombra primero a Aquilas, siguiendo el protocolo cultural. Después, tanto Lucas como Pablo dieron a Priscila un lugar destacado en todos los casos menos uno (1 Corintios 16:19), lo que sugiere que ella desempeñaba el papel más influyente en el ministerio (Hechos 18:18, 19, 26; Romanos 16:3; 2 Timoteo 4:19).
En Éfeso, un judío alejandrino, llamado Apolos, se encontró con esta pareja. Apolos ya tenía un ministerio poderoso como predicador elocuente, pero su comprensión del evangelio de Jesús no era completa (Hechos 18:24, 25).
El versículo 26, NVI, dice: «Al oírlo Priscila y Aquilas, lo tomaron a su cargo y le explicaron con mayor precisión el camino de Dios».
La mala interpretación de la posición del apóstol Pablo sobre las mujeres en el ministerio impide que muchas puedan cumplir el llamado de Dios, y priva a la Iglesia de sus dones.
Priscila no solo participó en esta enseñanza, sino que es probable que ella tomara la iniciativa. Sin ningún reparo ella enseñó y corrigió a un hombre. Apolos continuó con un ministerio eficaz en Corinto (Hechos 18:27–19:1; 1 Corintios 1:12; 3:4–6, 22).
Mientras tanto, Pablo regresó a Éfeso, donde inició a los creyentes en el bautismo en agua en el nombre de Jesús y en el bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 19:1–7). Durante dos años, Pablo enseñó con valentía allí y Dios hacia milagros extraordinarios (vv. 8–12).
El ministerio de Pablo en Éfeso provocó el arrepentimiento de muchos. Los que practicaban la hechicería quemaron sus libros valorados en cincuenta mil [dracmas], monedas de plata, el equivalente a casi 136 años de salario (19:18–20).
El templo principal de Artemisa estaba situado en Éfeso, y la difusión del evangelio enfureció a los artesanos del santuario (Hechos 19:23–41).
Pablo enseñó adecuadamente que «no son dioses los que se hacen con las manos» (Hechos 19:26 NTV). Pero para muchos en Éfeso la verdadera diosa era Artemisa. Los oponentes al mensaje de Pablo gritaban: «¡Grande es Artemisa de los efesios!» (v. 34).
En el libro Nobody’s Mother [Madre de nadie], Sandra Glahn describe a Artemisa como la segunda en importancia, solo después de Zeus, dentro del panteón grecorromano.
Los efesios convertidos al cristianismo vivían a la sombra del culto a la diosa pagana. De hecho, el culto a Artemisa es clave para comprender el pasaje de 1 Timoteo 2:8–15.
Problemas en la Iglesia
Tanto los hombres como las mujeres de Éfeso necesitaban corrección.
Pablo se dirigió primero a los hombres, diciéndoles que «oren, levantando las manos al cielo con santidad, sin enojos ni contiendas» (1 Timoteo 2:8).
El conflicto era claramente un problema en las reuniones de Éfeso. Al describir los requisitos para los obispos y diáconos, Pablo dijo a Timoteo que no debe ser «borracho ni violento, sino respetuoso, apacible» (1 Timoteo 3:3 NVI).
Estos pasajes también sugieren que las mujeres no eran las únicas causantes de problemas.
Al dirigirse a las mujeres según 1 Timoteo 2:9, los comentarios de Pablo fueron una continuación de lo que ya había exhortado a los hombres. La palabra griega traducida como «también quiero» es hōsautōs, que significa «de la misma manera».
Pablo dijo a las mujeres que «se vistan decorosamente, con modestia y recato, sin peinados ostentosos, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos. Que se adornen más bien con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan servir a Dios» (vv. 9, 10 NVI).
El punto principal de Pablo no era destacar pautas de vestimenta. Pablo no quería que los seguidores de Cristo se vistieran como los devotos de Artemisa.
En el libro Wealth in Ancient Ephesus and the First Letter to Timothy (La riqueza en la antigua Éfeso y la primera carta a Timoteo), Gary G. Hoag analiza la novela Efesíaca del siglo I de Jenofonte. Esta obra griega antigua describe la vida, la vestimenta y el comportamiento en Éfeso, específicamente de los seguidores de Artemisa.
Hoag identifica una coincidencia reveladora entre la descripción de Jenofonte y el lenguaje de Pablo en 1 Timoteo 2:9,10. De hecho, Hoag escribe: «Casi todas las palabras de 1 Timoteo 2:9,10 aparecen en Efesíaca».
Según Hoag, el cabello trenzado y las joyas que describe Pablo eran parte del culto a Artemisa, por lo que las prohibiciones de Pablo «pueden representar una instrucción para dejar de participar en actividades del culto pagano».
El testimonio de la Iglesia estaba en juego. Entre otras cosas, Pablo quería que los miembros de la congregación evitaran enviar mensajes contradictorios sobre a quién seguían. Pablo tenía las mismas inquietudes al instruir a los hombres y las mujeres de Corinto sobre asuntos del cabello y el cubrirse la cabeza (1 Corintios 11:2–16).
Es posible que los lectores modernos no reconozcan inmediatamente las alusiones de Pablo a Artemisa en 1 Timoteo 2:8–15, pero el público original las habría entendido.
Los efesios convertidos al cristianismo vivían a la sombra del culto a la diosa pagana. De hecho, el culto a Artemisa es clave para comprender el pasaje de 1 Timoteo 2:8–15.
Continuando con su charla a las mujeres, Pablo vuelve su atención a la enseñanza y la autoridad: «Las mujeres deben aprender en silencio y sumisión. Yo no les permito a las mujeres que les enseñen a los hombres ni que tengan autoridad sobre ellos, sino que escuchen en silencio» (vv. 11,12).
Es importante señalar que el único imperativo en estos versículos es «las mujeres deben aprender». Lo que Pablo esperaba de las mujeres era un compromiso serio con el aprendizaje y el discipulado.
Aunque la palabra griega que Pablo utilizó, hēsuchia, puede referirse al silencio, aquí se traduce con mayor precisión como «estar en tranquilidad». Pablo utilizó el mismo término en 2 Tesalonicenses 3:12 al decir de las personas que andan desordenadamente que deben trabajar tranquilamente para comer su propio pan.
«Sumisión» es una palabra con mucho peso en muchas iglesias. Sin embargo, Gordon D. Fee señala que Pablo no especificó a quién deben someterse las mujeres.
En la época de Pablo, se esperaba que los hombres que aprendían de un rabino escucharan con respeto y en silencio. El hijo de Gamaliel, el maestro de Pablo, escribió: «Nada mejor he encontrado para un hombre que el silencio».
Pablo instruyó a las mujeres a hacer lo mismo. Él quería que ellas aprendieran y crecieran con la actitud tranquila y atenta de un líder en formación.
Cuando las mujeres de Corinto interrumpían las reuniones, Pablo también trató de calmar la situación (1 Corintios 14:34,35). Repito, no se trataba de una prohibición total de hablar. En 1 Corintios 11:5 es claro que había mujeres entre los que profetizaban. Las observaciones de Pablo eran parte de un llamamiento más amplio al orden en la adoración.
El propósito de Pablo
En 1 Timoteo 2:12, Pablo hace una declaración que algunos afirman que excluye a las mujeres del ministerio: «Yo no les permito a las mujeres que les enseñen a los hombres ni que tengan autoridad sobre ellos, sino que escuchen en silencio».
Pablo luego menciona el pasaje: «Pues Adán fue formado primero; después, Eva. Además, Adán no fue engañado sino la mujer, al ser engañada, incurrió en transgresión. Sin embargo, se salvará teniendo hijos si permanece en fe, amor y santidad con prudencia» (vv. 13–15 RVA-2015).
La palabra «pues» (gar) muestra que hay una conexión entre los versículos 13–15 y las declaraciones anteriores de Pablo. Pero, ¿qué relación tiene el orden de la creación con la enseñanza sobre las mujeres? ¿Acaso Pablo culpa a la mujer por el pecado original? ¿Qué tiene que ver todo esto con la maternidad?
Todo esto es parte del llamamiento de Pablo a renunciar a la idolatría. En los versículos 9 y 10, Pablo dice a las creyentes de Éfeso que eviten incluso la apariencia de adorar en el altar de Artemisa. En los versículos 13–15, Pablo refutó una serie de creencias falsas que atraían especialmente a las mujeres.
Como lo explica Glahn, Artemisa era una diosa protectora de su virginidad. La mortalidad materna era alta en la antigüedad, y las mujeres recurrían a la diosa en busca de ayuda durante el parto.
Muchos también consideraban que Artemisa era la madre de toda vida. En la literatura antigua, Artemisa nació nueve días antes que su hermano gemelo, Apolo. Su orden de nacimiento y su persistente conexión en el mundo grecorromano con la diosa egipcia Isis contribuyeron a la idea de que el hombre procedía de la mujer.
Pablo refutó esta idea recordando a los efesios lo que enseña las Escrituras: «Adán fue formado primero; después Eva» (v.13).
El énfasis en el engaño de Eva en el versículo 14 es probablemente una refutación de otro detalle de la historia de Artemisa. Hoag señala que los escritos de Jenofonte relatan un mito de la creación de Éfeso en el que el hombre fue engañado.
El argumento de Pablo no dice que las mujeres fueran esencialmente más vulnerables al engaño espiritual. En otra parte de su correspondencia con Timoteo, Pablo reprendió a los hombres pecadores (1 Timoteo 1:19, 20; 2 Timoteo 2:17, 18; 3:8). Y en su carta a Tito 3:3, Pablo se incluyó a sí mismo entre los que habían sido engañados antes de llegar a Cristo.
Los libros de hechicería según Hechos 19:19 eran simbólicos del engaño que influyó en gran parte de la población de Éfeso. Las fuentes antiguas relacionan a Artemisa con los encantamientos y la magia.
El propósito de la carta de Pablo era detener las falsas enseñanzas dentro de la iglesia de Éfeso, tanto entre hombres como entre mujeres (1 Timoteo 1:3). Sus referencias a los «cuentos de viejas» (1 Timoteo 4:7 NTV) y a las que andan «entrometiéndose en la vida de los demás» (1 Timoteo 5:13) pueden ser referencias a la brujería.
La afirmación de Pablo sobre la maternidad ayuda a explicar por qué las mujeres en particular se sentían atraídas por las prácticas del culto pagano asociadas con Artemisa, a veces incluso después de convertirse al cristianismo. En Éfeso y en todo el Imperio Romano, las mujeres confiaban en Artemisa para que les evitara un parto doloroso, o algo peor.
Cabe destacar que los documentos antiguos se refieren a Artemisa como «salvadora». Por el contrario, Pablo enseña que Dios es nuestro Salvador a través de Cristo (1 Timoteo 1:1; 2:3; 4:10).
La seguridad que se expresa en 1 Timoteo 2:15 de que «las mujeres se salvarán al tener hijos, siempre y cuando sigan viviendo en la fe, el amor, la santidad y la modestia» explica que alguien salva, pero no es Artemisa.
Sin mencionar a Artemisa por su nombre, Pablo rechazó la capacidad de esta diosa de salvar y proclamó el poder salvador de Dios. Nombrar explícitamente a Artemisa podría haber puesto en peligro a Timoteo y a los demás creyentes. Sin embargo, Pablo se comunicó con la congregación utilizando un lenguaje que ellos podían comprender fácilmente.
Lo que Pablo prohibió
Este es el contexto de la controvertida afirmación de Pablo en 1 Timoteo 2:12 NTV: «Yo no les permito a las mujeres que les enseñen a los hombres ni que tengan autoridad sobre ellos, sino que escuchen en silencio».
La cuestión decisiva aquí es qué quiere decir Pablo con authentein, la palabra traducida como «ejerza autoridad» según la NVI.
Las traducciones más antiguas, como la versión Reina Valera, utilizan un lenguaje más contundente: «tomar autoridad» [RVA].
Aunque authentein solo aparece una vez en el Nuevo Testamento griego, hay múltiples ejemplos de su uso en fuentes anteriores, incluida la traducción griega de algunos textos apócrifos.
Aproximadamente un siglo antes de que Pablo escribiera 1 Timoteo, la Sabiduría de Salomón utilizó la palabra para referirse a los padres que asesinaban a sus hijos. El paterfamilias, el varón más anciano de una familia romana, tenía plena autoridad legal sobre sus hijos y todas las posesiones familiares. Esto incluía el poder de vida y muerte.
A pesar de la cultura patriarcal prevalente, el liderazgo parece haber sido un papel normativo para las mujeres en la Iglesia primitiva.
Cabe destacar que Pablo no utilizó su término habitual para referirse a la autoridad, exousia, que aparece 27 veces en sus cartas. Es probable que Pablo tuviera en mente la autoridad específica del paterfamilias.
En lugar de la autoridad en un sentido general, es posible que Pablo se refiriera al tipo de poder que puede conducir a la violencia. Si las mujeres estaban traspasando esos límites culturales y éticos, eso explicaría sin duda por qué Pablo sintió la necesidad de plantear el tema.
La frase «enseñar o asumir autoridad» proviene de una construcción griega que puede significar «cualquiera/o con», pero que también puede sugerir causa y efecto. Si Pablo tenía en mente lo segundo, podríamos leer 1 Timoteo 2:12 de esta manera: «No permito que una mujer enseñe para reclamar la autoridad suprema (de un paterfamilias) sobre un hombre; ella debe estar tranquila».
En 1 Timoteo 2:8, Pablo habla a los hombres a no ser violentos. A continuación, instruye a las mujeres a aprender (v.11) y a evitar enseñar de una manera que pudiera dañar a otros (v. 12), especialmente promoviendo falsas doctrinas.
Glahn observa: «La instrucción del autor sugiere que tanto los maridos como las mujeres en la reunión deben calmarse».
Hoag describe las instrucciones de Pablo de esta manera:
Las mujeres deben dejar de difundir la herejía que promovía a la mujer como usurpadora de la autoridad del hombre, a la mujer como la creadora del hombre y al hombre como el engañado en el relato de la creación. Aunque estas realidades religiosas pueden vincularse a los mitos asociados con Artemisa e Isis, las mujeres ya no deben enseñarlas.
Pablo comenzó 1 Timoteo 2:8–15 planteando el comportamiento tranquilo de los hombres y luego de las mujeres. A continuación, instruyó a las mujeres a aprender y participar de una manera que no violara el orden civil. A continuación, afirmó lo que enseña las Escrituras, oponiéndose claramente al culto a Artemisa.
Mujeres líderes
¿Prohibió Pablo toda enseñanza por parte de las mujeres? ¿Limitó a las mujeres al ministerio solo entre otras mujeres?
Las pruebas sugieren claramente que Pablo no afirmaba ninguna de estas posiciones. Además de los muchos ejemplos de mujeres líderes en los escritos de Pablo, el relato en el libro de los Hechos prueba que Priscila enseñó a Apolos.
A pesar de la cultura patriarcal prevalente, el liderazgo parece haber sido un papel normativo para las mujeres en la Iglesia primitiva.
Timoteo debía transmitir lo que había oído de Pablo «esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros » (2 Timoteo 2:2, énfasis añadido). La palabra griega anthropos es genérica para «ser humano» en lugar de específica para «hombre». Es de suponer que entre esos maestros había mujeres como Priscila.
De hecho, Pablo terminó esa misma carta extendiendo sus saludos a Priscila y Aquila (4:19). Esto habría sido algo extraño si Pablo se hubiera opuesto al liderazgo de las mujeres.
Pablo elogió repetidamente a las mujeres en el ministerio, presentándolas como ejemplos a seguir para los demás. 1 Timoteo 2:11, 12 se entiende mejor no como una contradicción de esa posición, sino como una situación única que requiere contexto.
En base a esta parte de ese pasaje, nuestra cultura eclesiástica formativa habría insistido en que Rosemarie y yo estábamos desobedeciendo a Dios en nuestras funciones ministeriales. Pero eso no es una representación fiel de la opinión de Pablo.
Pablo elogió el ministerio fiel tanto de hombres como de mujeres. Él también refutaba cualquier enseñanza, independientemente del mensajero o del contexto, que no se ajustara a la verdad bíblica.
En los tiempos modernos, las mujeres pentecostales han respondido al llamado de llevar el evangelio por todo el mundo, fundar iglesias, ser pastoras de congregaciones, dirigir organizaciones paraeclesiásticas y enseñar la Palabra de Dios.
En lugar de poner barreras en el camino de las personas que Dios ha llamado, debemos empoderarlas para que sirvan y aceptar sus contribuciones al Reino.
Probablemente haya alguien como Rosemarie en su congregación. Quizás está luchando con el llamado de Dios y se pregunta si hay un lugar para ella en el ministerio vocacional. ¿Cómo le responderá usted?
Las palabras de Pablo sobre la diaconisa Febe proporcionan un buen punto de partida: «Pido que la reciban dignamente en el Señor, como conviene hacerlo entre hermanos en la fe; préstenle toda la ayuda que necesite» (Romanos 16:2 NVI).
EL DR. WALDEMAR KOWALSKI es un trabajador global de las Asambleas de Dios, pastor docente en IES Bandung (AG) en Indonesia y autor de Lo que Pablo realmente enseñó sobre las mujeres en el ministerio: conciliando la práctica y la instrucción de Pablo.
Este artículo aparece en el número de invierno de 2026 de la revista Influence.
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