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Una cultura de alquiler o propietario

Cinco maneras para desarrollar una cultura de propietarios en la iglesia

Jill Fox on January 27, 2021

Cuando mi esposo y yo éramos recién casados, tuvimos nuestra primera casa en medio de la ciudad, cerca de un lago. Era pequeña y tenía problemas, pero estaba cerca de mi heladería favorita.

Recuerdo que cuando nos mudamos a la casa la puerta mosquitera apenas se mantenía en su lugar. De alguna manera, nos las arreglamos para meter todas las cajas sin desmontarla completamente de las bisagras. Me pregunté si debíamos hacer algo al respecto, pero luego recordé que no era nuestra para arreglarla porque éramos inquilinos.

Luego, nos encontramos con una puerta atascada que tuvimos que abrir a la fuerza. Luego hubo un problema con el césped. Luego la puerta del garaje dejó de funcionar, y así sucesivamente. Cada vez que algo necesitaba reparación, llamábamos al dueño. Después de todo, éramos inquilinos, no propietarios. No necesitábamos invertir en mantenimiento y cuidado, ni queríamos hacerlo.

La segunda casa fue diferente. La compramos. Éramos los dueños. Cuando la pintura se desprendió de la puerta principal, fuimos con rapidez a la ferretería local para comprar la marca y el tono correctos. El grifo de la cocina se rompió, así que instalamos uno más bonito, con la esperanza de que durara más tiempo. Estábamos comprometidos. La casa era nuestra, y valía la pena nuestra inversión de tiempo y dinero.

Es una historia de dos mentalidades: propietario vs. inquilino. En tu iglesia, tienes ambas historias en juego. Los inquilinos vienen y disfrutan del ambiente durante unas horas a la semana. Se sientan, participan, y luego siguen con lo próximo de ese día.

Por supuesto, ellos importan. Como líderes de la iglesia, nos emocionamos cuando la gente entra, atiende a nuestros servicios y, lo mejor de todo, cuando planea regresar. Pero la gran pregunta es, ¿seguirán viniendo como inquilinos, o se convertirán eventualmente en propietarios? ¿Continuarán viendo esto como la inversión de otro, o se convertirá en la de ellos?

Sí, es la decisión de cada persona. Sin embargo, un gran error que cometen las iglesias es no presentar la oportunidad. Llevar la iglesia de Cristo al crecimiento es una de las mejores y más grandes inversiones que cualquiera puede hacer, pero tenemos que ofrecer vías para que las personas se comprometan con la iglesia como si fuera suya. Si no capacitamos a la gente a dirigir, ellos saldrán y entrarán. Seguirán siendo inquilinos en vez de invertir en la iglesia y establecerse como propietarios.

Los propietarios hacen cuatro cosas para ayudar a que su iglesia crezca:

Los propietarios entienden la estructura. Recientemente hablé con un hombre que estaba ampliando su casa. Él sabía todo sobre el fundamento. Entendía cómo funcionaban las líneas de agua. Se había tomado el tiempo para aprender cómo funcionaba su casa.

Es lo mismo con aquellos que consideran a la iglesia como suya. Ellos entienden el propósito, la misión y la visión. Se ofrecen como voluntarios y contribuyen a asegurar que la estructura se mantenga estable.

No solo participan en el día a día de la iglesia, sino que también comparten de primera mano lo maravillosa que es e invitan a otros a unirse a ellos. Los propietarios hacen crecer las iglesias.

Los propietarios arreglan las cosas. Cuando algo se rompe, es responsabilidad del propietario arreglarlo, no de otra persona.

En todos mis años de ministerio en la iglesia, nada ha sido más hermoso que ver a los voluntarios cuidar de la iglesia. Los he visto reparar sillas para que la gente tenga un lugar donde sentarse durante el servicio. Los he visto ajustar el currículo para que los niños con necesidades especiales puedan entender. Los he visto organizar reuniones para aclarar situaciones difíciles.

Los propietarios arreglan las cosas. Hacen que las cosas sean mejores. Entienden que deben contribuir para que la iglesia cumpla su misión.

Los propietarios creen en lo que hacen, e invierten con el entendimiento de que el retorno es eterno.

Los dueños regresan después de la tormenta. Los propietarios de las zonas costeras podrían tener que evacuar antes de un huracán, pero siempre vuelven a su propiedad para decidir qué hacer a continuación. Los propietarios regresan.

Para muchos en la Iglesia, el año 2020 se ha sentido como una tormenta. Desde navegar las cuarentenas hasta transmitir los servicios en línea, ha sido difícil. Pero algo hermoso sucedió en medio de todo esto: los propietarios regresaron. Aparecieron para dirigir sus grupos pequeños en Zoom. Se ofrecieron como voluntarios para repartir comestibles. Se ofrecieron para hacer una limpieza adicional para que las instalaciones de la iglesia sean más seguras para los que entran en ellas. Los dueños son los que han estado en el frente de la batalla ministerial durante la pandemia. Han comprendido que la iglesia es esencial, y han regresado.

Los propietarios invierten financieramente. Los propietarios no solo dan de su tiempo, sino también de sus recursos financieros. Saben que la despensa no puede servir a los necesitados si el techo tiene goteras, así que ayudan a pagar las reparaciones. Reconocen cómo la vida de los estudiantes puede cambiar al ver cómo Dios obra en el mundo, así que dan a la adolescente que está recaudando fondos para que pueda ir al viaje misionero. Los propietarios creen en lo que hacen, e invierten con el entendimiento de que el retorno es eterno.

Los propietarios importan en las iglesias. Como líderes de la iglesia, nuestro trabajo es ayudar a los inquilinos a convertirse en propietarios. Eso significa dar la oportunidad a otros para que lideren e inviertan.

Aquí hay cinco maneras de desarrollar una cultura de propietarios en tu iglesia:

1. Que encaje el voluntario adecuado, no la posición

Crecí en una granja en Iowa. A una edad temprana, me consideraba un experto en moda, pero era difícil mantenerse al día cuando nos aventurábamos en la gran ciudad solo unas dos veces al año.

A veces, no saber cuándo volveríamos a la ciudad me llevó a tomar decisiones imprudentes, como meter los pies en zapatos demasiado pequeños porque la tienda no tenía mi talla. aprendí una dolorosa lección cuando fui cojeando al aula en octavo grado con ampollas en los pies: caminar con la talla que no encaja no es algo fácil.

En las iglesias, a veces nos equivocamos en cuanto a la posición adecuada con los voluntarios, y eso duele. Le duele al voluntario y a la iglesia. Típicamente terminan abandonando la posición. Lo peor de todo es que no levantan la mano para volver a ser voluntarios debido a la última experiencia traumática que tuvieron al servir.

Si queremos que la gente se apropie del ministerio de la iglesia, tenemos que asegurarnos de que encuentren el lugar donde encajan como voluntarios.

Empieza hablando con los voluntarios y pregúntales sobre sus pasiones e intereses. Si no están seguros, podría ayudar que hagan un inventario de los dones espirituales.

Dales un recorrido por las áreas de voluntariado y responde a las preguntas que puedan tener antes de comprometerse. Deja que los voluntarios observen el ministerio en acción. Algunas personas disfrutarán de estar en una sala llena de enérgicos estudiantes de secundaria. Otros pueden darse vuelta y decidir que ese no es el lugar para ellos.

2. Haz que todos se conviertan en reclutadores

Si tu iglesia tiene un solo coordinador de voluntarios, es hora de cambiar. Cuando las iglesias ponen la responsabilidad de reclutar en una sola persona, pierden valiosas oportunidades de multiplicar su eficacia.

Lo mejor que puedes hacer es conseguir que todos tus voluntarios se conviertan en reclutadores. La influencia de las relaciones da resultado. Compras la marca de camioneta que tu amigo sugiere porque te jura que puede transportar más que cualquier otra camioneta que haya tenido, y confías en él. Compras el champú que tu amiga sugiere porque te dice que es el único que controla el encrespamiento. Así es como tomamos muchas decisiones en la vida; confiamos en las recomendaciones de los que conocemos.

Es lo mismo con el voluntariado. Alguien que se entusiasma con lo que ocurre con el ministerio de prisiones es el mejor anuncio para conseguir que otros se unan. Si alguien que le encanta cuidar el jardín de la iglesia comienza a hablar con sus amigos sobre ello, aumentarán las probabilidades de generar interés.

Esto no tiene por qué ser difícil. De hecho, el primer paso es tan fácil como decirles a tus voluntarios que ellos también pueden reclutar. Te sorprendería saber cuántos ni siquiera tienen idea de que se les permite hacer eso.

Proporciona algunas herramientas para que los voluntarios estén equipados para la tarea. Diseña una descripción de su rol para que la usen cuando hablen del puesto. Crea oportunidades, sin presión, para que los voluntarios traigan a sus amigos, los presenten y les muestren el lugar.

Reconoce el trabajo de reclutamiento exitoso al hacer mención de ello en una reunión de equipo o enviar una tarjeta de agradecimiento.

Si quieres propietarios en tu iglesia, deja que recluten. De todas formas, probablemente lo harán mejor que tú.

3. Proporciona capacitación

Los líderes de una iglesia me pidieron una vez que hiciera una consultoría porque estaban luchando por mantener a los voluntarios comprometidos. Acepté reunirme con todo el personal. Mi primera pregunta fue cómo era su entrenamiento.

Hicieron como los de secundaria, donde todos miran a su alrededor, pero no a la persona que habla porque están aterrorizados de tener que responder. Así que llamé a algunos de ellos.

«¿El ministerio a las mujeres?».

«Eee, no tenemos».

«¿Ministerio a los niños?».

«Sí, estamos en preparativos».

«¿Ujieres de bienvenida?».

«Lo mismo».

Me quedé allí y sonreí antes de decir amablemente: «Bueno, creo que ya sé cuál es el problema».

Todos los nuevos voluntarios merecen recibir una formación. Puede ser de cinco minutos para el nuevo miembro del equipo que apila sillas, o un día entero para el nuevo líder del área del ministerio a los niños, pero todos deberían recibir algún tipo de capacitación. En vez de esperar a que el fracaso y la frustración se instalen, prepara a las personas para que tengan éxito.

Crea una descripción del trabajo para cada posición, y guía a los reclutas a través de cada aspecto de sus nuevos roles. Lleva a tu mejor voluntario en el grupo, y haz que los recién llegados sigan a esa persona.

Al final de sus primeras semanas de voluntariado, ten un tiempo de preguntas y respuestas con los voluntarios para que puedan hacer todas las preguntas que tengan.

Si quieres propietarios en tu iglesia, tienes que capacitarlos desde el principio.

4. Celebra la comunidad

Si quieres que los voluntarios se queden, crea equipos con miembros que se preocupen por los demás y que se diviertan juntos.

Una vez tuve un equipo de ujieres que era como ningún otro. Los ujieres estaban totalmente comprometidos y hacían el trabajo mejor que cualquier otro equipo que yo haya dirigido. Había una razón para su éxito: su líder.

Steve era un organizador innato en su comunidad. Siempre organizaba picnics en en el parque para su equipo. Cada semana, enviaba un correo electrónico haciendo peticiones de oración, y se tomaba el tiempo de hacer preguntas a la gente y de interesarse por su vida personal. Su amor por ese equipo creó comunidad y conexión.

Los equipos de voluntarios que superan a los demás hacen vida juntos. Puede ser cuestión de pasar tiempo juntos fuera de los típicos momentos del culto, orar juntos, celebrar cumpleaños y otros momentos especiales de la vida.

También es importante agradecer a todos por servir, ya sea verbalmente o con una nota.

Si quieres propietarios en tu iglesia, participen juntos de la vida y diviértanse.

5. Enfócate en los demás

Cuando tenía veinticuatro años, mi pastor principal me pidió hacer la transición de mi posición como líder de jóvenes a un nuevo rol pastoral. Me encantaban los voluntarios y estudiantes con los que trabajaba, pero después de considerarlo en oración, acepté.

Quería completar nuestros viajes de misiones de verano antes de anunciar el cambio. Guardé el secreto cuidadosamente, y fue doloroso. Durante una escala en el último viaje, lo estaba procesando todo y me sentí melancólico. Me pregunté: ¿Quién los amará como yo? ¿Quién irá a sus partidos de voleibol y fútbol? ¿Quién los escuchará mientras toman un café?

Mientras estaba en el aeropuerto, apoyado en un pilar y haciendo mi fiesta de lástima, miré y noté que los estudiantes se habían movido. Estaban ahora en un gran círculo, y sentados en el medio estaban tres de mis voluntarios.

Los voluntarios rodeaban el círculo pidiendo a cada uno de los estudiantes que respondieran a estas preguntas: «¿Cómo te ha cambiado este viaje? ¿Cómo vivirás de manera diferente cuando vuelvas a casa? ¿Cómo puedes compartir tu fe?».

En ese momento, empecé a llorar. Me di cuenta de que los estudiantes estarían bien. No me necesitaban porque tenían el mejor tipo de voluntarios posibles: los propietarios.

Esa experiencia me enseñó que no se trata de mí. Es fácil para los pastores hacer que el ministerio sea todo sobre su liderazgo.

Incluso los líderes más bienintencionados pueden empezar a creer que el éxito de su ministerio depende de cuánto bien puedan hacer. Por lo tanto, mantienen el enfoque en sí mismos y se aseguran de que su voz sea la más fuerte mientras tratan de llevar toda la carga.

Sin embargo, eso no es cómo Jesús lideró. No se aferró con fuerza al poder; Jesús lo comisionó. Él formó discípulos, capacitó, dio poder y envió a otros para multiplicar la obra del Reino.

Para aquellos en el ministerio de la iglesia vocacional, es nuestro trabajo hacer lo mismo. Siempre deberíamos preguntarnos: ¿Quién más podría hacer esto? ¿Quién podría hacer esto mejor que yo? ¿Dónde está la oportunidad para que alguien más trate de liderar?

Esas preguntas deben guiar a nuestro ministerio en cada etapa. La señal de los grandes líderes es que cuando se van, el ministerio sigue adelante porque han formado a otros para liderar. En otras palabras, no se trataba de ellos.

Si quieres ver propietarios en tu iglesia, debes aprender que no se trata de ti.

La cultura de propietarios no sucede porque sí, sino que se desarrolla intencionadamente. Es reflexiva, clara, requiere tiempo y tiene expectativas.

Si quieres ver crecer a tu iglesia, si quieres ver a la gente profundizar en su fe, si quieres ver a la gente llegar a la fe en Jesucristo, déjalos liderar. Entrega el ministerio, invítalos a convertirse en propietarios, y déjalos invertir.

 

Jill Fox es la pastora ejecutiva de ministerios en Westwood Community Church en Chanhassen, Minnesota. Es coautora de dos libros, Volunteering [Voluntariado] y The Volunteer Church [La iglesia voluntaria].

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