Influence

 the shape of leadership

En sintonía con el Espíritu

Liderazgo pentecostal auténtico en tiempos de desorientación

Beth Grant on April 7, 2021

En la primavera de 2020, cuando comenzaba a propagarse el COVID-19 por todos los EE.UU., Greg Mundis, el Director Ejecutivo de Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios, fue hospitalizado de manera repentina con el virus, y luchaba por su vida. Puesto que mi esposo David y yo habíamos trabajado con él esa misma semana, entramos en cuarentena con mucho tiempo libre para interceder por él y por otros amigos.

Durante ese tiempo, yo comencé a decir al final de mis llamadas telefónicas con parientes y amigos, algo que nunca había dicho en mi vida: «¡Cuídense!»

Lo decía de corazón. Sin embargo, pronto me comencé a sentir incómoda con lo que les decía. Una vocecita que he llegado a conocer bien me desafiaba diciendo: «Beth, en toda tu vida nunca te he puesto como prioridad el que te cuides. Siempre te he indicado que estés lista… Lista para escuchar mi voz, lista para obedecerme, lista para discernir lo que yo estoy haciendo y para moverte conmigo. Sí, sé sabia. Pero en primer lugar te estoy llamando a que estés lista. ¡No te pierdas ahora lo que yo haré en medio de esta tormenta!»

David y yo trabajamos como codirectores de Project Rescue (Proyecto Rescate), una labor de alcance a las víctimas de la esclavitud sexual. (Consulte la barra lateral para obtener más información acerca de este ministerio). Yo compartí este mensaje con nuestro equipo de líderes en los EE.UU. y los líderes del sur de Asia y de Europa. En conjunto, todos ellos sostuvieron que se trataba de una palabra del Señor. «¡Estén listos!» se convirtió para nosotros en nuestro grito espiritual de llamado a las armas.

Semanas después, mientras muchos de los líderes se hallaban aún en cuarentena, en aislamiento o batallando con el COVID, recibimos unas noticias asombrosas. Los distritos rojos de Europa y del sur de Asia habían cerrado sus puertas y no les daban entrada a los turistas que iban en busca de sexo ilícito. Los proxenetas y los dueños de burdeles estaban echando fuera a las mujeres prostituidas y a sus hijos porque ya no les era negocio conservarlos.

Por vez primera en los veinticuatro años de historia de Project Rescue, miles de mujeres y menores esclavizados tuvieron la oportunidad de abandonar su horrible situación y de recibir ayuda y libertad por medio de nuestro ministerio.

Pero alguien se tendría que mover con rapidez para ponerlos en situaciones seguras. Como Dios ya nos había hablado y nos había preparado por medio de su Espíritu, los líderes del ministerio estaban listos para enfrentar riesgos personales y a fin de hacer exactamente lo que Dios los había llamado a hacer. En medio de una tormenta de dimensiones mundiales, Dios estaba abriendo las puertas de las prisiones y acercando los corazones a Jesús.

 

Tiempos de cambio

Antes de la pandemia, las iglesias de EE.UU. habían disfrutado de un largo período de estabilidad relativa. La vida en la comunidad era bastante predecible y se daba por segura la posibilidad de reunirse para celebrar los cultos.

En medio de este cómodo ambiente, muchos ministros adoptaron modelos tomados del mundo de los negocios en su liderazgo. Con una planificación estratégica y un equipo de líderes bien entrenados, el éxito parecía inevitable. Sin embargo, con el tiempo, los modelos seculares de liderazgo nos pueden alejar de la confianza en el Espíritu Santo.

Entonces se produjo la crisis de 2020–21. Los supuestos anteriores acerca de los horarios de las iglesias, la planificación, los eventos, las misiones y los viajes chocaron con unas nuevas e impresionantes realidades. Y los líderes pentecostales despertaron a la necesidad de una corrección en su curso de acción.

El contexto del liderazgo ha cambiado de manera drástica, tanto dentro como fuera de la Iglesia. A lo largo del año pasado, el mundo pudo presenciar lo inadecuados que son aquellos modelos que solo dependen de los sistemas humanos. Hemos visto las limitaciones de los conocimientos económicos, científicos, políticos y psicológicos. La pandemia, las tensiones raciales, el caos político y los desastres naturales han confundido a los que dictan las normas y a las autoridades mismas, poniendo al descubierto nuestra fragilidad y nuestra tendencia a cometer errores.

También han cambiado las necesidades dentro de la comunidad de fe. Como todos, los cristianos nos estamos enfrentando a las crudas incertidumbres de la vida, la pérdida de seres amados, a las tensiones familiares y al desempleo. En todas partes, las personas se están enfrentando a unos desafíos abrumadores, a temores y traumas.

Nuestro sentido de normalidad dentro de la Iglesia ha desaparecido. Los ministros se han tenido que adaptar con rapidez a atravesar unas realidades que ellos nunca habían pensado que se les presentarían. ¿Cuántos líderes de iglesias tenían una estrategia para ministrarles a los creyentes en una situación social de distanciamiento físico y con mascarilla, o para pasar de repente todos los cultos y las reuniones de grupo a conexiones en línea?

En el ambiente privado, las tensiones se han agigantado y las debilidades han subido a flote. Cuando los líderes están en la plataforma y los sistemas funcionan bien, es más fácil pasar por alto las vulnerabilidades. En cambio, cuando las circunstancias nos privan de nuestras rutinas seguras y familiares, nos encontramos frente a frente con nuestra propia humanidad… y con nuestra urgente necesidad de tener en nuestra vida el poder que da la presencia de Dios. Muchos pastores y misioneros veteranos se han mirado en el espejo y se han dado cuenta de que necesitaban regresar de nuevo al camino de la formación espiritual.

El mundo ha cambiado bajo nuestros pies, y seguirá cambiando. No podemos predecir a qué se enfrentarán nuestras ciudades, nuestra nación o nuestro mundo dentro de seis meses… y mucho menos dentro de cinco años. A muchos de nosotros el futuro se nos presenta más desconocido que nunca antes.

Los líderes de las iglesias y los ministerios pentecostales del presente estamos plenamente conscientes de que necesitamos al Espíritu Santo. Sentimos una apremiante necesidad de que el Espíritu Santo nos guíe. Solo Dios conoce el futuro. Él es el único que conoce el futuro. Es el que nos puede guiar de manera sobrenatural por medio de su Espíritu y reiterar su inconmovible verdad y su señorío.

En cuanto al pueblo del Espíritu. Este es el mejor de los tiempos para apoyarse en el Espíritu. Su presencia, su poder, su guía y sus dones se hallan gratuitamente a nuestra disposición para darnos poder en todas las situaciones.

 

El ministerio guiado por el Espíritu

Un respetado misionero veterano estaba tomando un curso de postgrado llamado «El desarrollo de una teología pentecostal del liderazgo». En el último día de clases, admitió que había pasado por un momento de lucidez especial. Había estudiado el liderazgo y también había desarrollado una declaración personal en cuanto a un modelo de liderazgo y una visión. Sin embargo, nunca se le había ocurrido que era su teología pentecostal la que debía dar forma a su modelo y su práctica del liderazgo.

Es muy probable que no sea el único. Entonces, ¿qué es el liderazgo pentecostal auténtico? ¿Y cómo deberá afectar nuestra identidad como creyentes llenos del Espíritu a nuestra identidad como líderes?

Cuando la épica batalla contra el mal llega a un nuevo nivel, los apetitos espirituales selectivos no les sirven de mucho a los líderes, a la iglesia, a los creyentes, ni a su misión.

Los líderes pentecostales auténticos se apoyan en la plenitud del Espíritu a la hora de predicar y de servir (Hechos 1:8). Los dones espirituales dados por Dios los acompañan en su ministerio (1 Corintios 12:7–11; Gálatas 5:22).

También los seguidores de los líderes pentecostales deben sentir hambre por la plenitud del Espíritu de Dios y experimentarla, aprender a servir a los demás por medio del poder que les da el Espíritu y ministrar en el Reino con los dones espirituales.

Entre las marcas distintivas del liderazgo pentecostal auténtico se hallan las siguientes:

La presencia de Dios. Los líderes pentecostales auténticos están llenos del Espíritu y este los unge para el ministerio día tras día. Buscan apasionadamente a Dios y reciben con gozo su inconfundible presencia con ellos. Se acercan a Él cada día, listos para escuchar su voz, sentir su guía y obedecerle en fe. Los demás los identifican como personas que viven y caminan bajo la presencia de Dios.

El discernimiento sobrenatural. Muchos líderes cristianos saben de manera intelectual por medio de la Palabra de Dios y de sus promesas que Él aún sigue obrando en el mundo. En cambio, los líderes pentecostales auténticos tienen la firmeza de esa seguridad porque disciernen la obra de Dios de manera espiritual, incluso en medio de las crisis, de los sufrimientos y de las tormentas.

Escuchan su voz, de manera que sienten su Espíritu, disciernen su presencia y le responden. Además de tener un compromiso intelectual con una teología pentecostal sobre el Espíritu, insertan de manera experiencial su teología del Espíritu en su forma de ministrar, de servir en el liderazgo y de cumplir con el llamado de Dios, cualquiera que sea el contexto en el cual se encuentren.

Una integración dinámica. Por el hecho de creer que es posible y deseable andar en el Espíritu a diario de una manera sensible, es menos probable que los líderes pentecostales auténticos limiten la participación en los dones espirituales a determinados días, momentos y lugares prescritos. El Nuevo Testamento nos presenta relatos de situaciones en las cuales el Espíritu Santo guía, unge y ministra a los discípulos de Jesús y por medio de ellos a otros en las calles, en los hogares, en las prisiones, en un barco, en caminos, e incluso mientras corrían junto a un carruaje. El Espíritu no limitaba su obra a los lugares tradicionalmente considerados como sagrados. Donde los miembros del pueblo de Dios quedaban llenos del Espíritu, ese Espíritu del Señor obraba por medio de ellos de una manera dinámica.

Los tiempos inesperados de desafíos espirituales y de oportunidades son estratégicos para que los líderes reciban con agrado la participación basada en las Escrituras en todos los dones que da Dios (1 Corintios 12:1–11) de manera que la Iglesia se fortalezca y esté bien equipada para realizar la misión dada a ella por Dios.

Cuando la épica batalla contra el mal llega a un nuevo nivel, los apetitos espirituales selectivos no les sirven de mucho a los líderes, a la iglesia, a los creyentes, ni a su misión. Los líderes de las iglesias pentecostales tienen la responsabilidad de enseñarles a los creyentes lo que concierne a los dones espirituales y facilitarles oportunidades para que busquen y reciban la plenitud del Espíritu.

En el año 2021 la Iglesia necesita de todos los dones que Dios le ha proporcionado a su pueblo por medio de su Espíritu. Él no nos ha llamado únicamente a sobrevivir en los tiempos de sufrimiento; quiere también darnos fortaleza y poder para que desarrollemos un ministerio transformador en medio de las dificultades.

Valentía para ir contra la corriente. El famoso misionólogo Lesslie Newbigin preguntaba: «¿De dónde vendrá la voz que pueda desafiar a esta cultura en su propio terreno, una voz que hable su propio idioma y, sin embargo, la rete con la figura auténtica del Cristo crucificado y vivo de manera que se tenga que detener en su camino y darse vuelta para no seguir caminando hacia la muerte?»

Los líderes pentecostales auténticos desafían valientemente las normas culturales y religiosas que se hallan en conflicto con la Palabra de Dios y con la obra del Espíritu.

En Hechos 10 fue la obra conciliatoria del Espíritu Santo la que le dio a Pedro la visión de llevar el Evangelio a los gentiles, más allá de los judíos… y a ver a los seres humanos con los ojos de Dios, y no con unos ojos culturales y religiosos. La realidad de que Jesús les ofreció la salvación a todos los seres humanos iba contra el sistema personal de creencias de Pedro. No obstante, cuando Dios lo enfrentó por medio de una visión, Pedro aceptó la corrección y estuvo dispuesto a dar media vuelta de inmediato para convertirse en una voz a favor del plan redentor de Dios con los gentiles.

Aún hoy, hace falta tener una valentía guiada por el Espíritu para comunicar la verdad y retar el status quo cultural, político y religioso del momento de una manera que lleve a los que escuchan a aceptar al Cristo viviente.

Un discernimiento profético. Los líderes pentecostales auténticos comprenden los tiempos en los que están viviendo. Pueden discernir la verdad entre las mentiras del enemigo, y el bien en medio del mal. Pablo habla de distinguir entre espíritus; distinguir entre lo que es de Dios y lo que procede de Satanás.

En Hebreos 5:11–14 se nos advierte a los creyentes contra la apostasía y se lamenta la inmadurez espiritual de algunos. El autor describe a los creyentes maduros como aquellos «que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo» (v. 14).

Yo nací en una iglesia pentecostal, y durante toda mi vida he observado a la gente del Espíritu. Considero que, en el mundo de hoy, uno de los dones del Espíritu menos valorados y utilizados, aunque necesarios, es el de discernimiento espiritual, integrado con el de sabiduría y el de conocimiento.

El discernimiento espiritual es necesario para los líderes de las iglesias y sus miembros a causa de tantos falsos maestros que distorsionan la verdad de Dios en un intento de engañar. Abundan los líderes elocuentes e incluso fascinantes y las celebridades que pronuncian palabras que suenan religiosas, cristianas e incluso bíblicas. Se necesita discernimiento espiritual para definir cuál es el espíritu que hay detrás de esas palabras. ¿Es de Dios? El propio Satanás cita de manera insidiosa la Palabra de Dios para lograr sus propios fines destructivos (Mateo 4:5–6).

En Hechos 5, Lucas presenta el relato de un momento en el cual Pedro operó en los dones de discernimiento y de sabiduría después de Pentecostés. Ananías y su esposa Safira se presentaron públicamente ante Pedro para entregar una ofrenda. Lo trágico es que este matrimonio hizo una falsa representación de su generosidad ante Dios, ante Pedro y ante la Iglesia. La sorprendente revelación de Pedro en cuanto al engaño de aquel matrimonio y la muerte posterior de ambos es uno de los momentos más trágicos para la Iglesia del Nuevo Testamento. Después de presenciar el discernimiento que tuvo Pedro entonces, habría sido difícil dudar de su auténtico liderazgo bajo el poder del Espíritu.

Autoridad espiritual. Los líderes pentecostales auténticos hacen suya la autoridad que Jesús delegó en Mateo 28:18–20. De este modo, el reino de las tinieblas y sus malvadas manifestaciones no los intimidan. Bajo la unción del Espíritu Santo, se mantienen en pie con valentía y entran en batalla con la autoridad de Él cuando se enfrentan a un enemigo espiritual. Ejercen autoridad, no para favorecer sus propios intereses, sino para cumplir la misión redentora de Cristo en la tierra.

La realidad de las tinieblas y nuestro desespero al andar en una autoridad espiritual auténtica se hicieron personales la primera vez que entré en las zonas rojas del sur de Asia para ministrar. Por vez primera en mi vida, entré a un lugar tan lleno de perversidad, tan violento y demoníaco, que las tinieblas eran palpables al punto de intimidar.

Pronto comprendí que no había suficiente poder de Dios obrando en mí para que tomara autoridad sobre el poder de Satanás que esclaviza a esas mujeres y a esos niños. Así comencé a vivir con una dependencia desesperada en una unción fresca y poderosa en su Espíritu mientras batallaba con las fuerzas del mismo infierno.

Cuando nos encontramos con los oscuros poderes de Satanás, nuestra posición oficial, nuestras credenciales ministeriales, títulos y personalidad carismática son irrelevantes. Jesús tuvo una razón cuando envió a esperar el día de Pentecostés a sus seguidores al Aposento Alto hace dos mil años antes que salieran a ministrar. Él sabía que sería totalmente imposible cumplir con su mandato de la Gran Comisión sin el poder y la autoridad sobrenaturales que le debían acompañar.

Estas palabras de Pablo a los Efesios dejan aclarado cuál es la fuente de nuestro poder sin dejar lugar a dudas:

Una palabra final: sean fuertes en el Señor y en su gran poder. Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo. Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales (Efesios 6:10–12).

 

Nuestro alineamiento espiritual

¿Cómo nos alineamos dentro de un liderazgo pentecostal más auténtico?

En primer lugar, practiquemos a diario de manera deliberada la presencia de Dios. Cuando andemos día tras día conscientes de la presencia de Dios, escucharemos y conoceremos bien su voz. Los que viven en la presencia de Dios reconocen con mayor rapidez toda presencia o todo poder que no procede de Dios, dondequiera que estén, tanto en lugares sagrados como seculares.

Los líderes pentecostales también tienen el privilegio de ser mentores de aquellos que llevan a diario ante la presencia de Dios. Invierten en ayudar a otros a comprometerse cada día más con el Espíritu de Dios y a ser menos vulnerables ante la influencia de los poderes de las tinieblas espirituales (1 Juan 4:1–3).

En segundo lugar, sometamos deliberadamente nuestra voz. Cualquiera que sea su plataforma, y dondequiera que esté, nunca subestime lo que Dios puede hacer. Pídale en oración que le dé unas palabras definidas por su Espíritu y ungidas. Ya sea predicando, comunicándose por medio de un audio para la internet o una entrega de material también por la internet, dirigiendo un grupo pequeño, participando en el ministerio en las prisiones, asistiendo a una reunión de líderes hablando con un amigo mientras toman un café, presente con humildad la presencia y la unción de Dios que hay en usted. Cuando el Espíritu del Señor habla la verdad por medio de nosotros, desarma corazones, mentes y espíritus para dar convicción de pecado, salvar, sanar, dar palabras de sabiduría y liberar de la esclavitud.

Los líderes de las iglesias no pueden dar por sentado que su mensaje esté transformando corazones y mentes. Piense en lo escasas que eran las voces que se oían hace una década, comparadas con la inmensa cantidad de voces que escuchamos hoy. Por medio de los instrumentos digitales, en especial los medios sociales, hoy en día son millones los que disponen de una plataforma y muchos más los que las siguen.

¿Por qué necesitaría nadie escuchar mi voz o la suya? Ahora bien, cuando hablamos con la autoridad, la unción y la gracia de Dios, su verdad se abre paso en medio de un auditorio repleto para tocar a las almas con una precisión personal. Se trata de una obra del Espíritu.

En tercer lugar, pidamos en oración y discernamos lo que Dios está haciendo en estos tiempos proféticos. Tanto en los tiempos de paz como en los de tribulación, Dios está obrando en el mundo. La cuestión no es solamente lo que Dios esté haciendo, sino también la manera en que nosotros podemos poner en sintonía con sus planes nuestro corazón, nuestras estrategias y nuestros recursos. ¿Cómo podemos inspirar a aquellos a quienes servimos para que se adentren en lo que Dios está haciendo en nuestro mundo con fe y valentía, y no con miedo?

Dios nos puede dar por medio de su Espíritu unos ojos que nos permitan comprender los tiempos, como hizo con los hijos de Isacar en 1 Crónicas 12:32. Necesitamos líderes espirituales que les tomen el pulso a nuestros tiempos y comprendan lo que significan para la obra del Reino.

En cuarto lugar, analicemos nuestros pensamientos, motivaciones y emociones personales. Estamos viviendo en unos tiempos de una volatilidad perturbadora, de ira política, palabras explosivas y actuaciones desenfrenadas.

En un ambiente como este, los líderes de los ministerios necesitan analizar su corazón antes de comunicar algo en cualquier plataforma. La pasión que sentimos, ¿es la unción del Espíritu Santo que sentimos para comunicar un mensaje de Dios, o sencillamente, es el impulso nacido de nuestras propias opiniones y emociones, una reacción humana natural a lo que está sucediendo a nuestro alrededor? El simple hecho de que seamos líderes pentecostales no significa que todas las pasiones que sintamos procedan de Dios.

En todo momento, los líderes pentecostales sabios guardan en ambiente de oración sus pensamientos, actitudes, motivaciones y emociones. Discierna en oración, hable con sabiduría y use el silencio de manera estratégica, tal como hizo Jesús, de una manera que le dé constantemente la honra a nuestro Padre Celestial.

En quinto lugar, seamos sinceros con los que se hallan bajo nuestro liderazgo cuando nos hayamos equivocado. Hace poco, un conocido líder cristiano pidió una disculpa en público. Había hecho unas predicciones supuestamente proféticas que resultaron falsas. Por esa razón, desde la misma plataforma en la cual había presentado el mensaje erróneo, reconoció humildemente que se había equivocado. Tomó responsabilidad como líder por sus palabras y terminó su disculpa con una alentadora manifestación de fe y esperanza en Dios, cuya Palabra nunca falla.

Solo Dios es siempre fiel, es omniciente y omnipotente. En última instancia, el futuro descansa únicamente en sus manos.

Los líderes pentecostales son redimidos, llamados… y humanos. La participación con Dios y con la obra del Espíritu Santo en la misión no es una ciencia exacta. Exige de nosotros humildad e integridad. Lo bueno de todo esto es que mientras más se dejen guiar los líderes por el Espíritu y practiquen con sencillez su obediencia, más fácil les será discernir y obedecer.

Por último, pensemos de nuevo y revisemos nuestros planes. Hace varios años, revisé nuestros continuos viajes y nuestro calendario de ministerio en los EE.UU. y en el extranjero y sentí convicción de parte de Dios.

Sentí que el Señor me decía: «Beth, si yo te traigo una persona inesperada o una puerta abierta que no esté en tus planes, ¿tendrías al menos tiempo en tu calendario para que yo hiciera mi obra? ¿Estarías dispuesta a asignar una oportunidad para que yo obrara lo inesperado y milagroso por medio de mi Espíritu?”

Esta pregunta es profunda… e incómoda. ¿Hay espacio en nuestra planificación personal y en el calendario de la iglesia para que Dios se mueva de maneras nuevas en estos tiempos, o el calendario de nuestra iglesia y de nuestro ministerio está tan repleto con lo bueno y predecible, que hay muy poco tiempo para que Dios se mueva con libertad por medio de su Espíritu y pueda hacer lo bueno e impredecible? ¿Les estamos dando espacio a las personas a las cuales servimos para que clamen a Dios y respondan ante el viento fresco del Espíritu que está soplando?

Sí, planifique bien. Pero también piense en la manera en que puede simplificar, complicar menos y mantener un margen de libertad de forma que se pueda adaptar con rapidez a lo que le indica el Espíritu.

Yo creo que Dios está levantando pioneros en el poder del Espíritu para una nueva temporada de cosecha. Tal vez nos llame a estar entre esos pioneros, o nos indique que seamos mentores de unos jóvenes que preparen el suelo para las horas finales antes del regreso de Jesús.

¿Podremos soltar algunas de las cosas que siempre hemos hecho para aceptar las cosas que a Dios le encanta hacer y ha prometido hacer en el futuro? ¡El Espíritu se está moviendo! ¡Dejémosles espacio a los milagros!

 

Listos y al día con los sucesos

Durante la mitad del año 2020, los equipos de ministerio de Project Rescue tuvieron puertas abiertas por Dios para ministrarles a más de mil mujeres prostituidas y a sus hijos.

Hubo pastores e iglesias de las Asambleas de Dios en los EE.UU. que oyeron hablar de estas oportunidades y se sumaron a este esfuerzo también. Fue muy emocionante ver con cuánta rapidez y generosidad aportaban ayuda en medio de sus propios días de dificultades. Como consecuencia de esto, Project Rescue tuvo recursos a mano para responder a las necesidades y compartir el amor y la compasión de Cristo con los explotados sexualmente durante una ventana de tiempo extraordinaria.

Recientemente, pudimos adquirir el edificio de un burdel situado dentro de una gran zona roja y convertirlo en un centro de ministerio. Pronto, las mujeres y los niños esclavizados en esas infames y tenebrosas calles tendrán un encuentro con Jesús en nuestras nuevas instalaciones, se encontrarán libres del poder del maligno y aprenderán lo que significa vivir dentro del pueblo de Dios, redimidos y llenos del Espíritu.

Las palabras del apóstol Pablo a la iglesia de la Galacia se ajustan bien a los líderes pentecostales de hoy: «Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida» (Gálatas 5:25).

Mantengámonos listos y andando a la par de Él en estos tiempos tan significativos, para la gloria de nuestro Padre y el cumplimiento de su grandiosa misión.

 

Beth Grant y su esposo David han trabajado como misioneros de las Asambleas de Dios en el sur de Asia durante más de 44 años. Grant es el director ejecutivo de Project Rescue, un ministerio de Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios en Eurasia, dirigido a los sobrevivientes del tráfico sexual. Beth también es presbítero de las Asambleas de Dios en representación de las damas que son ministros ordenados. Grant es la autora de Valerosa compasión: Enfrentemos la injusticia social a la manera de Dios y coautora de Hands that Heal (Manos que sanan), un programa de estudios para ayudar en el entrenamiento de aquellos que cuidan de los supervivientes al tráfico sexual.

 

Este artículo aparece en la edición de abril–junio 2021 de la revista Influence.

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