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 the shape of leadership

¿Tú, ellos, o Dios?

El primer paso para solucionar un problema es saber quién es el que se encargará de arreglarlo

Rob Ketterling on April 10, 2019

Frecuentemente, uno necesita averiguar como se arregla un problema espontáneamente. No significa que no te hayas preparado; solamente indica que hay algo que está en medio de tu resultado deseado, y necesitas dejarlo atrás, superarlo, o atravesarlo antes de que puedas alcanzar tu meta. ¡Créeme cuando te digo que soy una persona resolutiva, soy un sobreviviente, y creo que también puedes aprender a ser uno más!

Cuando comenzamos la iglesia River Valley en una escuela en 1995, comencé a buscar un lugar permanente para nuestra congregación. Eventualmente, encontré una finca vacía en una intersección clave en Apple Valley, Minnesota, donde convergen cuatro comunidades. Quedaba cerca del pueblo y parecía ser una ubicación ideal para el futuro. Frecuentemente yo caminaba por el terreno y oraba, “Señor, anhelo que algún día nos permitas edificar un templo en esta esquina.”

Aproximadamente cuatro años después de establecer nuestra iglesia, manejé en mi auto hacia aquella finca familiar temprano por la mañana, pero esta vez no estaba vacía. Un inspector estaba midiendo el cimiento, y los camiones estaban descargando excavadoras. Conduje hacia un hombre que estaba dentro de una excavadora, me asomé por la ventana, y agité mis brazos para captar su atención. Grité sobre el rugido del motor diésel, “Oye, ¿qué están construyendo?”

El respondió gritando, “Un almacén de oficina.”

Sonreí, y al más alto nivel de decibeles le dije, “¡Aquí voy a construir mi iglesia!”

Me miró como si hubiera perdido mis sentidos, pero no dijo nada.

Mientras me alejaba, noté un letrero nuevo en el terreno con un número de teléfono. Llamé y me comuniqué con el agente de alquiler del proyecto. Le pregunté, “¿Ya ha rentado todo el almacén que se está construyendo?”

Respondió, “No, todavía no.”

Firmé una carta de crédito con todo lo que Becca y yo poseíamos para respaldarlo, y aún así, necesitábamos recaudar más fondos sólo para comenzar.

El trabajo en el almacén comenzó y continuó, pero pronto descubrimos un pequeño problema. El contratista se fue con $60,000, dejando un lote incompleto. Ahora tenía que recaudar ese dinero de nuevo. Luego me convertí en el contratista general, y en caso de que no me conozcan bien, les contaré un secreto: No tengo absolutamente ninguna experiencia o pericia en la construcción.

Traté de buscar a todos los plomeros, electricistas, y otros contratistas para que trabajen al mismo tiempo, pero cuantas más instrucciones les ofrecía, más confundidos estaban. ¡Yo estaba estropeando las labores y aún demorando más las cosas! Esto fue en junio, con un tremendo retraso delante de mí y con la iglesia que debería abrirse en agosto. Mientras pasaban los días, mi optimismo disminuyó y aún mi débil esperanza se desvaneció al darme cuenta de que era un fracaso colosal como contratista.

No obstante, las cosas parecieron encajar en su lugar al acercarse el día de nuestra gran apertura. Las últimas inspecciones iban a ser meramente una formalidad … hasta que el inspector dijo sin expresión alguna: “Los baños no pasaron la inspección. Ustedes no pueden abrir hasta que estén arreglados.”

“Eso no puede ser,” le dije. “Vamos a abrir el domingo. ¡He enviado 25,000 invitaciones por correo para que la gente asista — este domingo! ¡Tenemos que abrir! ¡Ya lo publicamos!”

Sin ningún ápice de compasión o dispuesto a ceder me dijo, “No, no vas a abrir. No puedo regresar sino hasta la próxima semana.”

Hizo una pausa y añadió, “En realidad, voy a encadenar las puertas porque estoy muy seguro de que vas a tratar de aun usar los baños a pesar de que no pasaron la inspección.”

Mi mente se aceleró buscando una solución. La encontré: “¿Y si usamos inodoros portátiles?”

Me miró, lo pensó por un momento, y dijo, “Si tienes cuatro para caballeros y cuatro para damas, incluyendo dos para los discapacitados, entonces puedes abrir el domingo.”

Ese domingo en la mañana, ocho inodoros portátiles estaban alineados como soldados en la acera al frente de nuestra iglesia. Problema resuelto. Bienvenidos a la Iglesia River Valley. ¡No les presten atención a los inodoros portátiles! Nuestra asistencia fue el doble el primer día, y hemos continuado creciendo desde ese día.

Ni había ninguna razón de tratar de ser contratista general. Debería haber buscado a alguien más calificado que yo. Pero no podía buscar culpables ese día cuando el inspector nos iba a cerrar las puertas. Tuve que adueñarme del problema.

Tú, ellos, y Dios

Muchos líderes están confundidos al buscar responsables por una decisión o un resultado que solucione un problema que están afrontando. La premisa es simple. Existen tres categorías básicas en cuanto a la responsabilidad:

  • Algunos problemas dependen de ti para ser solucionados.
  • Otros problemas les pertenecen a ellos — el pueblo que Dios te ha dado para ayudarte en la labor ministerial tales como los empleados y voluntarios.
  • Finalmente, hay problemas que solo Dios puede solucionar.

Aprendí a distinguir entre estas responsabilidades a través de mi desastrosa experiencia como contratista general. Ese jueves que estaba al frente del inspector de edificios, enfrenté un problema que no tenía a quién pasarlo. No pude llamar a un comité para una reunión y proponer una solución, no había a quién delegarlo, y no pude ignorarlo. Aún la oración en ese momento no hubiera cambiado la decisión del inspector. No era el problema de Dios; era mío. Era un problema de “ahora mismo”, y la responsabilidad caía sobre mí.

Si no hubiera intervenido para resolver el tema, la reputación de la iglesia podía haber sido destruida el mismo día que abrimos nuestras puertas por primera vez.

Sin embargo, también aprendí que no todos los problemas dependen de mí para ser resueltos. Si no delego responsabilidad y autoridad a otros, me sobrecargo, e impido que ellos crezcan y traigan sus dones al problema. Ninguno de esos resultados es productivo.

Y algunas veces — no importa cuánto oro, planifico, y me preparo, y no importa cuánto delego a otras personas competentes y llenas de fe — yo enfrento dilemas que sobrepasan mis habilidades y las de aquellos que me rodean. Dios es el único que puede resolver esos problemas.

Cuando yo no entendía estas distinciones de responsabilidad, sobrellevaba demasiada carga, y permanecía estancado en el pensamiento de que tenía que hacer todas las cosas en todo momento. Me sentía frustrado conmigo mismo, con los que me rodeaban, y si puedo ser sincero, con Dios por no hacer mi vida más fácil mientras trabajaba tan duro. Me enojaba con la gente porque no cooperaban, aunque yo no era claro con ellos de lo que esperaba. Era muy activo y había aceptado demasiada responsabilidad, y era muy pasivo cuando fallaba en darle responsabilidad a otros. En esos momentos cuando Dios era el único recurso, yo frecuentemente intentaba hacer de manera frenética lo que solo Él podía hacer, y resentía al aceptar mi culpabilidad cuando las cosas no salían como yo esperaba. Era un desorden, pero era la única manera como yo sabía que debía liderar una iglesia.

Dios ha llamado a líderes a guiar, a delegar, y a confiar en El para que El haga lo que solo El puede hacer.

Basado en mi propia experiencia y en las impresiones que otros pastores me han dado, creo que algunos de nosotros necesitamos desesperadamente distinguir entre estas tres categorías de responsabilidad. De ves en cuando, todos necesitamos recordar cuál es nuestra responsabilidad, qué es lo que otros pueden hacer, y qué es lo que solo Dios puede hacer.

Vemos este patrón claramente en la Biblia. Consideremos como ejemplo al apóstol Pablo. Los líderes en Antioquia comisionaron a Pablo para su primer viaje misionero, y el Concilio de Jerusalén lo comisionó para el segundo. Bernabé acompañó a Pablo en su primer viaje, y Silas lo acompañó en el segundo. Pero aún así, Pablo era el líder indiscutible; era su responsabilidad. En cada ciudad donde mucha gente se convertía a la fe cristiana, Pablo nombraba ancianos para que guiaran a estas iglesias que recién empezaban. Cuando Pablo se iba de la ciudad, la responsabilidad eclesial recaía ahora en ellos. Pero en varias ocasiones, la única solución para algún problema era la mano poderosa de Dios. Por ejemplo, El Señor cambió el itinerario planeado de Pablo y lo guió a Europa. En Filipos, Pablo conoce a Lydia, la cual respondió al mensaje del evangelio y fue la primera persona en convertirse en dicho continente.

Pero Dios no había terminado: Pablo confió otra vez en El para que la joven sirvienta fuera librada de los espíritus malignos que la atormentaban, aunque como resultado de ello, Pablo y Silas fueran arrestados y echados a la cárcel. Dios luego causó un terremoto para remecer al carcelero (de muchas maneras), y los dos líderes de la iglesia fueron pronto liberados para seguir esparciendo las buenas nuevas del amor y perdón de Jesús.

Dios ha llamado a líderes a guiar, a delegar, y a confiar en El para que El haga lo que solo El puede hacer. ¡Cuando entendamos esto, sucederán cosas maravillosas! Trabajamos, servimos, laboramos, y nos esforzamos, pero no para nuestra honra y no con nuestra propia fuerza. Confiamos que El Espíritu Santo trabaje dentro de nosotros, a través de nosotros, y a nuestro favor en todo lo que hagamos.

Ellos

Permítanme darles algunos consejos sobre cómo delegarles a “ellos”. A menudo, cuando alguien se queja de que algo no esta bien hecho, o que no se ha hecho lo suficientemente bien, los pastores se preguntan, ¿Con quién puedo contar para que esto se logre? El pastor mentalmente piensa en toda la iglesia e identifica a alguien que ya está haciendo demasiadas tareas y de igual forma le pide a él o a ella que se encargue también de esta otra tarea: “Yo necesito que hagas esto. Si tú no lo haces, no se quién más pueda hacerlo.”

Si el pastor está casado, es posible que le delegue la responsabilidad a quien él sabe que no le va a decir que “no”: Su esposa. Si esto sucede demasiadas veces, los cosas en el hogar no serán muy agradables.

Contar con personas que están sobrecargadas y con demasiados compromisos puede hacer que la tarea se realice a corto plazo, pero casi inevitablemente, tiene resultados negativos a largo plazo. Necesitamos una estrategia más juiciosa y consistente para involucrarlos.

Cuando los empleados se sobrecargan o los voluntarios eventualmente se desgastan y se fatigan, algunos pastores menean sus cabezas y se quejan diciendo, “Qué lastima que no fueron fieles a largo plazo. Yo esperaba más de ellos.”

Empujan a aquellos siervos desgastados a la orilla del camino y los abandonan como carros chocados. Luego los pastores encuentran otras personas dispuestas para llenar esos puestos, haciéndoles trabajar hasta que, también ellos, se fatigan. (Este problema no sería tan común si los pastores evitaran sobrecargarse a sí mismos. Entonces, podrían ver mas claramente lo que está sucediendo en sus iglesias).

Déjenme ofrecerles unas cuantas sugerencias de cómo hacer cambios positivos en la forma de como delega:

Pidan perdón. Yo pienso que es apropiado que los pastores les pidan perdón a las personas que han llevado sobre sus hombros demasiado peso. El pastor puede decir, “He aprendido algunas cosas sobre liderazgo y a cómo delegar, y es tiempo de que hagamos cambios. Siento mucho que les he pedido que hagan mucho por tanto tiempo. Han hecho un gran trabajo, pero creo que esto no ha sido lo mejor para ustedes, y no les he dado la oportunidad a otros para que ellos sirvan como ellos desean. Necesito de su ayuda para hacer esta transición. Arreglemos esto juntos. ¿Me pueden ayudar?”

Manténganse de manera realista. Tenemos una gran visión, y esperamos que el pueblo capte la visión y nos siga al hacer grandes cosas para Dios. El problema es que nuestros planes pueden ser mucho más grandes que nuestros propios recursos, y es por eso que sobrecargamos a unas pocas personas. Las iglesias más pequeñas deben hacer bien pocas cosas en vez de tratar de hacer bien muchas cosas sin tener los recursos para llevarlas a cabo.

Comunica cuidadosamente el plan. Cuando yo hablaba a una gran audiencia en nuestra iglesia para realizar algunos cambios, yo les explicaba el concepto y anticipaba su respuesta emocional diciéndoles, “Probablemente sienten que…” Cuando yo repasaba la letanía de posibles reacciones, las personas sentían que yo los entendía, lo cual es muy importante para ayudarles a aceptar los cambios.

Yo tenía que explicar una y otra vez que queríamos darle al mayor número de personas posibles la oportunidad de decir “sí” para que pudieran florecer en sus diferentes funciones. Pero cada compromiso es a corto plazo. Quizá en un futuro tengan una función muy diferente. Nadie está atrapado. Nadie debe morir de agotamiento. Nadie debería perder su familia por pasar demasiado tiempo sirviendo en la iglesia. Otras personas deberían descubrir el gozo de vivir al encontrar el lugar adecuado para servir a Dios y a otros.

Un “sí” significa que están comprometiéndose a tocar vidas en maneras significativas, actuando en ser – una pequeña parte – un componente integral del cuerpo de Cristo, y ocupándose de las personas de la iglesia y la comunidad. Al usar sus dones para la gloria de Dios, crecerán en su efectividad y en su amor hacia Dios. Cuando Dios les indica a hacer algo diferente o algo más, ¡eso es fantástico! Es nuestro trabajo ayudarles a encontrar el lugar perfecto para esta temporada en su caminar con Cristo.

Aborda la incomodidad. Todos los cambios presentan amenazas. Algunas personas florecen en medio de la euforia, pero la mayoría necesita ser consolada y animada mientras que se desenvuelve el proceso. Cuando los pastores crean rampas de acceso fácil, necesitan acentuar el gozo de servir – no la obligación – que es la belleza del Rey del Universo que involucra a otros en su trabajo divino en vez de simplemente decirles que es su deber el llenar un espacio o hacer lo que el pastor les ha pedido. Queremos que las personas se unan a Dios en la más grande empresa que el mundo ha conocido, construir su iglesia, y queremos que vengan con gozo mientras esperan todo lo que Dios hará.

Mi esperanza para usted

Es imposible exagerar lo importante que ha sido para mí entender la diferencia entre mis responsabilidades, las que necesito delegar a otros, y las que solo Dios puede llevar. Esto ha hecho mi carga más ligera, me ha hecho un mejor líder, ha agregado muchas más personas en la construcción del reino de Dios, y ha revelado el maravilloso poder de Dios más que nunca.

Mientras piensas en los retos que tienes por delante, considera cuáles son los que debes arreglar, cuáles son los que Dios les ha dado a otros que lleven, y cuáles son los que con fe deberías dejarle al Señor.

Confío que esto te dará esperanza y apoyo: Esperanza para que puedas delinear claramente quién es responsable por cada tarea en tu iglesia, y apoyo en las decisiones que necesitas tomar para que puedas vivir con libertad, gozo, y con el maravilloso poder de Dios.

Rob Ketterling es el fnudador y pastor principal de la Iglesia River Valley en Apple Valley, Minnesota.

Este artículo apareció originalmente en la edición Marzo/Abril 2019 de la revista Influence.

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