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 the shape of leadership

Predicando en Color Vivo

Para ministrar efectivamente en el siglo 21, necesitamos movernos más allá de la predica daltoniano.

Matthew D Kim on January 23, 2019

Cuando veo a las personas, no veo color.” Quizás has escuchado este dicho, o lo has dicho tú mismo.

Esta declaración es buena al tratar de transmitir que todas personas son iguales, a pesar del color de su piel. Aun así, hay por lo menos tres problemas con estas palabras – aun cuando lo decimos con buenas intenciones:

  1. Dios creo todas personas con razas y etnicidades distintas para Su placer.
  2. Aquellos en la mayoría pueden escoger no ver color, porque los sistemas de poder y privilegio en los Estados Unidos les beneficia a ellos.
  3. Personas de color no tienen la libertad de escoger el síntoma daltoniano, porque la sociedad constantemente los recuerda de su estatus de minoridad y esperan de ellos a asimilarse a las maneras de la cultura mayoría.

Francamente hablando, nosotros en la Iglesia a menudo no somos diferente que la sociedad entera. Para decirlo sin rodeos, tenemos un problema con la raza en el cristianismo americano. Podemos escoger estar ciego a eso o simplemente fallar en hablar sobre eso en el contexto de la iglesia local. Pero, no podemos negarlo. Esta incrustado en nuestras comunidades, lugares de trabajo, escuelas, e iglesias. Esto es un asunto dominante para todas personas, a pesar de su origen racial, étnica o cultural.

No puedo resolver el problema racial en America o en la Iglesia con este artículo, pero quiero mostrarles que la llamada ceguera al color es una falacia. Va en contra el plan y el placer de Dios de crear personas diversas. Para ministrar efectivamente en el siglo 21, necesitamos predicar la Palabra de Dios en color vivo. Este articulo busca a ayudar a predicadores a empezar a entender y a predicar a los colores vivientes y experiencias de sus oyentes, para la gloria de Dios.

¿Estás viviendo con ceguera al color?

En términos médicos, la ceguera al color es la incapacidad de ver ciertos colores o de distinguir entre ellos (especialmente el color rojo o verde). El no poder distinguir entre, por ejemplo, los azules y los verdes quizás no sea tan consecuente. Sin embargo, la incapacidad de diferenciar entre verde y rojo puede tener consecuencias de vida o muerte para conductores. A pesar del peligro, una persona con ceguera al color puede ir toda una vida sin una diagnostico hasta que alguien se lo trae a su atención durante un examen de ojos.

Así mismo, muchos cristianos viven con una ceguera al color espiritual no percibido. Quiero traer a atención de una manera amorosa que muchos pastores ministran y predican con este tipo de ceguera al color. Interactúan con todos en la misma manera, con muy poca consideración de diferencias raciales, étnicas, culturales, socioeconómicos u otros.

Se puede preguntar, “¿Cuál es el problema?” La verdad es, la ceguera al color es una falta de amar a nuestros prójimos como Dios los creo, con sus varias diferencias. En vez, ministros ciegos al color esperan que los demás vivan, piensen, y actúen como ellos lo hacen, y en sus términos. La ceguera al color a menudo se deriva de siendo parte de la cultura mayoría, donde todos se ven como nosotros. Algunos llamen esto una forma de privilegio.

Cuando cristianos viven con un sentido de privilegio, no nos permitimos ver y empatizar con el dolor de otros, porque su desgracia y situación difícil no nos afecta directamente. El llamado para el cristiano, sin embargo, es amar a otros como Jesus nos ama – ambo únicamente y sensiblemente.

La ironía del dicho, “No veo color,” es que el color y el sexo normalmente son las primeras cosas que observamos de un individuo. Cosas como el estilo de pelo, vestuario, y tamaño normalmente son características secundarias. Hay una diferencia notable entre no ver el color y no querer escuchar sobre, identificarse con, sentirse mal por o ayudar aliviar el dolor, sufrimiento y problemas muchas personas de color enfrentan.

¡Favor de no mal interpretarme! Esto no es un problema de solo una cultura. Todas personas viven con alguna forma de ceguera al color.

Mas allá de la universalidad a la particularidad

Parte del problema en la iglesia americana es lo que nosotros llamamos “jerarquía de identidad”. En su libro Beyond Colorblind: Redeeming Our Ethnic Journey, Sarah Shin describe una persona llamada Eddy, un armenio-americano quien dijo, “La etnicidad no me importa a mi porque Jesus me importa más.”

Al pensar en estos asuntos, nos gusta recitar versículos como Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesus.”

Estos pasajes maravillosos nos hablan de nuestra posición en Cristo, pero no termina la conversación de nuestras experiencias individuas. Por supuesto, Jesus importa más que nuestras etnicidades. Y todos somos uno en Cristo Jesus, entonces no hay distinciones ultimas. Sin embargo, solo porque hay universalidades no quiere decir que las particularidades no son significativas.

El evangelio trasciende todas las culturas, pero las culturas todavía tienen significado, propósito y valor. Para ministrar y predicar a aquellos que son diferentes a nosotros mismos, queremos valorar su identidad universal en Cristo y también sus identidades particulares (etnicidad, cultura, género, etc.) lo suficiente para aprender sobre ellos y amarlos hacia la semejanza a Cristo.

Echemos un vistazo más de cerca a los beneficios de ver el color que nos rodea, y consideremos formas de eliminar la ceguera al color de nuestra predicación. Para comenzar el proceso de traer color al púlpito hacia el siglo 21, quiero desentrañar un pasaje de las Escrituras y ver cómo la predicación en color vivo afecta nuestra comprensión del texto bíblico y cómo podemos aplicarlo a la vida de nuestros oyentes.

Interprete el texto en color viviente

Es lunes o martes por la mañana, y estás predicando en 2 Corintios 5:17-21 el próximo domingo. Hay varios temas principales en estos versos. Primero, Pablo nos dice que en Cristo somos creaciones nuevas que ya no deben vivir de acuerdo con la carne. Segundo, Dios nos ha reconciliado consigo mismo a través de Jesucristo. Tercero, nos ha confiado el ministerio de reconciliación y el mensaje de reconciliación para compartir estas buenas nuevas con los demás. Cuarto, Dios nos ha llamado a ser embajadores de Cristo.

Dependiendo de su contexto étnico / racial / cultural, puede interpretar el pasaje de manera diferente a otro predicador. Una lectura estándar del texto significa que leeremos el pasaje de nuestro propio y limitado fondo cultural (aunque nuestra aspiración es leerlo desde la perspectiva de un corintio). También asumiremos que todos deben leer e interpretar un pasaje como nosotros. Si bien estamos de acuerdo en que una nueva vida en Cristo es posible con la ayuda del Espíritu Santo y que todos deben estar reconciliados con Dios, los dos segundos temas de este texto presentan interpretaciones matizadas.

La verdad es, la ceguera al color es una falta de amar a nuestros prójimos como Dios los creo, con sus varias diferencias.

Una forma en que podemos interpretar el pasaje en color vivo es considerar cómo alguien en nuestra iglesia de una etnia, raza o cultura diferente podría interpretar la frase "el ministerio de reconciliación". ¿Es esta reconciliación solo vertical (es decir, nuestra reconciliación con Dios)? ¿O es también horizontal (es decir, nuestra reconciliación con las personas)?

Si nos acercamos al texto como una persona de cualquier cultura eclesial dominante, podríamos pensar que la reconciliación que requiere Pablo es solo vertical. Podríamos pensar: ¿Por qué debería tratar de reconciliarme con los demás? Si tienen un problema conmigo, primero tienen que venir a mí. Dependiendo de cómo nos veamos a nosotros mismos, es posible que no sintamos la necesidad de ser ministros de reconciliación. El acto de perseguir la reconciliación requiere autoconciencia y humildad.

Una segunda pregunta interpretativa es: ¿Qué significa que somos embajadores de Cristo? "Embajador" puede significar diferentes cosas para diferentes culturas. Algunos pueden leer la palabra y pensar en embajadores en los Estados Unidos que mantienen y promueven la armonía en todo el mundo. Pueden interpretar al "embajador" como el salvador de otras personas y otras culturas. Aún más, algunas culturas pueden pensar que este pasaje aboga por el colonialismo, dependiendo de sus historias culturales. "Embajador" puede tomar una variedad de significados.

Interpretar el texto en colores vivos significa no conformarse con la interpretación a primera vista basada únicamente en nuestras perspectivas y experiencias limitadas. Por supuesto, la meta para los predicadores bíblicos es que lleguemos a la misma interpretación de un pasaje dado en base a lo que creemos que pretendía el autor original. Esto requiere una exégesis exhaustiva (análisis histórico, gramatical, literario y cultural) y la sumisión en oración al Espíritu Santo.

Sin embargo, cada persona es un ser cultural. Interpretamos el texto a través de nuestras propias lentes culturales únicas. Dicho esto, queremos interactuar con personas de otros orígenes culturales, preguntándoles qué significa este texto para ellos. Es posible que tengan una interpretación ligeramente diferente de la que nunca estaríamos al tanto si no nos tomamos el tiempo para preguntar. No podemos asumir que todos interpretan el pasaje exactamente como lo hacemos nosotros. Interpretar el texto en color vivo.

Aplicar el texto en color viviente

Además de la interpretación, queremos aplicar el texto en colores vivos. La reconciliación en Cristo se extiende más allá de simplemente sentarse junto a personas de diferentes etnias y culturas en los bancos durante los servicios de adoración del domingo por la mañana. La reconciliación racial y étnica, en particular, se manifiesta por actos implacables y concienzudos de metanoia: buscar el arrepentimiento, pedir perdón y experimentar actitudes cambiantes hacia los demás.

Los prejuicios raciales y étnicos no nos escapan por completo. Más bien, al igual que los virus latentes, aparecen en momentos de debilidad carnal. La verdadera reconciliación nos obliga a hacer cosas incómodas.

Por ejemplo, como un coreano-americano, nacido y criado en los Estados Unidos, ¿qué significa para mí reconciliarme con Dios y con mi prójimo? ¿Qué tipo de preguntas me plantea este texto como persona de minoría étnica? ¿A quién debo reconciliarme?

Hace tres años, nuestra familia experimentó una tragedia indescriptible cuando mi hermano menor, Tim, fue brutalmente asesinado en Filipinas justo después de su cumpleaños número 36. Esta tragedia colorea la lente única a través de la cual ahora veo el mundo. En mi corazón, albergo a veces la falta de perdón y el resentimiento hacia los filipinos. En mi dolor, he luchado para llevar el ministerio y el mensaje de reconciliación a los filipinos debido a lo que sucedió en su territorio.

De manera similar, los estadounidenses blancos pueden leer este texto y decir que necesitan la ayuda de Dios para ser un mensajero de reconciliación con los musulmanes en Estados Unidos o los de otros grupos raciales / étnicos con los que existe una ruptura en la relación. Y así. Ser un embajador de Cristo puede aplicarse de manera similar a diferentes culturas de diversas maneras.

¿Ser un embajador de Cristo requiere mudarse al extranjero como misionero de tiempo completo? ¿A quién me llama Dios para ser su embajador? Estas son algunas de las preguntas de aplicación que quiero hacerme mientras predico en colores vivos.

Cuando los hablamos desde el corazón, las frases "Lo siento" y "Perdóname" están entre las más poderosas en el idioma inglés. En nuestra cultura de derechos, rara vez nos pedimos disculpas entre nosotros, incluso cuando nuestras acciones y palabras tienen relaciones fragmentadas.

Incluso en el púlpito, los predicadores evitan decir "lo siento" o pedir perdón, por temor a que estas frases tristes puedan disminuir su capacidad de liderazgo. Sin embargo, cuando se trata de diferencias étnicas y culturales, la superación de malentendidos, los usos erróneos del humor y los intentos de reconciliación, ninguna palabra puede tener mayor peso o generar más confianza.

El racismo es un problema sistémico. Cada persona lucha en ciertos puntos con pensamientos racistas y acciones prejuiciosas, y eso incluye a los predicadores. ¿Qué significaría para nuestros oyentes escuchar una sincera disculpa de su predicador que, de alguna manera tangible o subconsciente, reveló un corazón racista?

Conclusión

Vivir con la ceguera al color no es realmente una opción en el siglo 21, especialmente para los cristianos. Según algunas estimaciones, los humanos son capaces de ver más de un millón de colores y tonos de color diferentes. ¿Por qué nos conformaríamos, entonces, con ver un mundo sin color?

Dios ha creado de manera similar un mundo formado por personas de una amplia gama de colores y culturas. Viven en nuestras comunidades y adoran con nosotros en nuestras iglesias, a veces con gran regularidad. Podemos continuar predicando, enseñando, ministrando y discipulándolos como si sus razas, etnias, culturas y distinciones no existan o no importen. O, podemos abrazar y celebrar quiénes son, como Dios los ha creado para que sean.

Predicar en el siglo 21 significa predicar con colores vivos. Este es solo el comienzo de una conversación que espero continúe y crezca en nuestras iglesias, vecindarios, lugares de trabajo, escuelas y otros lugares donde la gente se reúne. Predicar con colores vivos significa reconocer cómo nosotros, y otros, leemos y aplicamos el texto.

A medida que aprendamos lo que significa ver y vivir en color, cometeremos errores. Seremos torpes. Vamos a mirar. Vamos a ofender. Vamos a llorar. Nos sentiremos frustrados. Vamos a querer rendirnos.

Pero Jesús nunca dijo que sería fácil seguirlo. Nos llama al ministerio y al mensaje de reconciliación. Creo que incluso nos llama a (me atrevo a decirlo) disfrutar las diferencias entre nosotros. Que podamos sonreír, reír, abrazar y sentir curiosidad para aprender cosas nuevas.

Cuando se siente en su estudio el próximo domingo, pídale al Espíritu Santo que le muestre formas prácticas de ver y predicar con colores vivos. Puede que te sorprenda lo que puedes lograr con Su ayuda.

Mientras intentamos vivir esta realidad en nuestras congregaciones, podemos obtener un anticipo del cielo como se muestra en Apocalipsis 7:9 – ¡a Dios sea la gloria!

Matthew D. Kim es profesor asociado de Predicación y Ministerio en el Seminario Teológico Gordon-Conwell y autor de Predicando con Inteligencia Cultural: Entendiendo a la Gente que Oye Nuestros Sermones (Baker Academic, 2017). Algunas partes de este artículo fueron extraídas y adaptadas (con permiso) del capítulo 6 de ese libro. Este artículo apareció originalmente en la edición Enero/Febrero 2019 de la revista Influence.

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