Dinero, sexo y poder
Iluminar las tentaciones que hunden a los ministros
Durante el apogeo de la fiebre del oro de Klondike, el barco de vapor Clara Nevada navegaba por el canal Lynn de Alaska con docenas de pasajeros y un cargamento de oro a bordo.
En medio de una tormenta, la noche del 5 de febrero de 1898, el barco chocó contra una roca no cartografiada a 55 millas al norte de Juneau. El barco se hundió y los pasajeros perecieron.
El Congreso respondió a esta tragedia autorizando fondos para construir un faro en el lugar del naufragio. El faro de Eldred Rock comenzó a funcionar en 1906.
El pecado y las prácticas poco éticas son las rocas que destruyen vidas y ministerios. La verdad de la Palabra de Dios ilumina estos peligros ocultos.
En una carta al joven pastor Timoteo, el apóstol Pablo le dijo «Pelea la buena batalla, (…) Aférrate a la fe en Cristo y conserva limpia tu conciencia». (1 Timoteo 1:18, 19, NBV). Pablo advirtió que algunos se habían desviado del camino y «su fe naufragó» (versículo 19, NTV).
El fracaso moral devasta a los ministros, a sus familias y a sus congregaciones. Proyecta una sombra oscura sobre la Iglesia y la causa de Cristo.
Las faltas éticas entre los líderes de la iglesia desilusionan a los creyentes y endurecen a los incrédulos contra el evangelio. Las consecuencias tienen implicaciones eternas.
Por eso Pablo advirtió a Timoteo: «Ten mucho cuidado de cómo vives y de lo que enseñas. Mantente firme en lo que es correcto por el bien de tu propia salvación y la de quienes te oyen» (1 Timoteo 4:16, NTV).
El ministerio puede ser agotador y difícil a veces. Pero no podemos permitirnos bajar la guardia. Si los líderes de la Iglesia primitiva necesitaban vigilar de cerca su vida y su doctrina, los ministros de hoy deben hacer lo mismo.
Son motivo de especial preocupación las cuestiones relacionadas con el dinero, el sexo y el poder. A lo largo de las Escrituras y de la historia de la iglesia, estas tentaciones han desviado a muchos del camino.
Los recursos, la intimidad y el liderazgo son dones de Dios. Pero bajo la influencia corruptora del pecado, se convierten en obstáculos que destrozan vidas y ministerios, llevándolos rápidamente a profundidades oscuras.
En mi experiencia como secretario de distrito de las Asambleas de Dios, seguida de dos años en la oficina del secretario general nacional, lo he visto una y otra vez. Estas tres piedras son las razones más comunes para la disciplina ministerial.
Para servir a Cristo y a su iglesia de manera eficaz y terminar bien, debemos mantener la integridad en estas áreas.
Dinero
Muchos ministros naufragan en las rocas de los problemas financieros, incluyendo la mala administración de los fondos personales y el mal uso de las finanzas de la iglesia.
La prohibición bíblica contra el robo es clara (Éxodo 20; Efesios 4:28), pero la malversación de fondos de la iglesia no es el único escollo. Hay formas más sutiles en que los líderes dejan de honrar a Dios en cuestiones financieras.
Los ministros deben dar ejemplo en el pago del diezmo, la generosidad en las donaciones, el pago de impuestos y el vivir dentro de sus posibilidades.
Muchos pastores luchan con las deudas de consumo, lo que añade tensión y crea vulnerabilidad ante la tentación.
Codiciar un estilo de vida que está fuera de nuestro alcance financiero provoca el deseo de comprar artículos a crédito. El principio bíblico de estar contentos con lo que tenemos puede ayudarnos a evitar esta trampa.
El apóstol Pablo dijo: «Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:12, 13, NBLA).
Hay recursos que pueden ayudar con la gestión de la deuda, incluyendo libros y servicios de asesoramiento crediticio. Salir de la deuda requiere disciplina, pero a la larga, hay gozo y libertad en no deber nada más que amor (Romanos 13:8).
Si su iglesia no paga un salario digno, hable con la junta directiva sobre un ajuste salarial o elabore un horario razonable que le permita tener un segundo empleo. Comunicar sus necesidades puede ser de gran ayuda para evitar el agotamiento.
No utilice la influencia del ministerio para promover negocios personales. Por supuesto, los congregantes pueden utilizar los negocios de los líderes de la iglesia. Pero no queremos que la gente experimente que nuestro interés en ellos es más comercial que pastoral.
Otra tentación contra la que deben protegerse los ministros son las apuestas. Hace décadas, las apuestas legales se limitaba principalmente a los casinos y los billetes de lotería. Hoy en día, los sitios web y las aplicaciones facilitan a las personas realizar apuestas a través de los teléfonos inteligentes.
Los recursos, la intimidad y el liderazgo son dones de Dios. Pero bajo la influencia corruptora del pecado, se convierten en obstáculos que destrozan vidas y ministerios, llevándolos rápidamente a profundidades oscuras.
La industria de las apuestas se aprovecha de las personas pobres, desesperadas y propensas a la adicción. Los líderes de la iglesia, que ciertamente no son inmunes, deben tomar una postura contra esa explotación absteniéndose de apostar.
Los problemas económicos pueden conducir al fracaso moral, incluido el mal uso de las finanzas de la iglesia.
El resentimiento y la codicia pueden llevar a un líder de la iglesia a pensar: «Merezco más dinero. Nadie se enterará si me quedo con algo».
Demasiados pastores han violado su sagrada confianza utilizando las tarjetas de crédito de la iglesia para gastos personales o robando dinero de las ofrendas. No es de extrañar que las Escrituras digan: «el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal» (1 Timoteo 6:10, NTV).
Relacionado con el amor al dinero está el hecho de que algunos salarios pastorales superan en gran medida el de la persona promedio de la congregación. Los ministros deben recibir una compensación justa. Sin embargo, crear estilos de vida lujosos para los líderes puede dañar el testimonio de una iglesia.
Las Escrituras también advierten contra el favoritismo hacia los ricos (Santiago 2:1–13). Los líderes aprecian a sus benefactores y deben honrar su arduo trabajo y generosidad. La amistad con personas exitosas no está mal, pero los pastores deben amar y respetar por igual a todos los congregantes.
Hay cuatro principios que pueden ayudarles a evitar naufragar en el área de las finanzas y a construir una vida y un ministerio sostenibles que honren a Dios.
1. Mantenga una postura de obediencia y gratitud con respecto a las finanzas. Diezme con alegría. Pague sus impuestos con integridad. Viva dentro de sus posibilidades. Administre los recursos de manera responsable, evitando comportamientos arriesgados y deudas innecesarias.
2. Manténgase alerta y use discernimiento con respecto a la tentación. Cuando se sienta cansado, frustrado o desilusionado, es vulnerable.
En esos momentos, busque al Señor para que le dé fuerzas para mantener el rumbo. Apóyese también en las oraciones y el respaldo de su familia y amigos.
3. Cree sistemas financieros ministeriales eficaces con medidas de seguridad incorporadas. Puede confiar en las personas y, al mismo tiempo, establecer sistemas para una gestión financiera adecuada.
Establezca y siga prácticas contables cuidadosas. Por ejemplo, el proceso de aprobar una compra y firmar el cheque debe involucrar a más de una persona. Al menos dos personas deben contar y registrar las ofrendas.
4. Invertir en la jubilación. Una planificación financiera madura no es poco espiritual ni materialista.
Los datos recientes sobre los ministros de las Asambleas de Dios y sus fondos de jubilación son desalentadores. Muchos no pueden jubilarse con seguridad financiera. En consecuencia, algunos líderes permanecen en sus puestos mucho después de haber pasado el testigo.
Podemos tener una esperanza viva en el inminente regreso de Cristo y planificar nuestro futuro. Las iglesias deben contribuir a un plan de jubilación para los pastores y los miembros del personal, con una opción de fondos de contrapartida.
El dinero puede ser una herramienta para el bien, pero también puede convertirse en una trampa. Los líderes de la iglesia deben administrar bien sus finanzas personales y ministeriales.
Sexo
El pecado sexual ha hundido a muchos líderes a lo largo de los años y sigue siendo una de las principales áreas de fracaso moral en el ministerio. Este problema ha destrozado familias, devastado congregaciones, destruido vidas individuales y dañado el testimonio de la Iglesia.
El diseño de Dios para el matrimonio es una hermosa unión de cuerpo y espíritu que refleja Su amor. Toda actividad sexual fuera del matrimonio bíblico es inmoral.
La Biblia es clara: Dios creó a la humanidad como hombre y mujer y reservó la intimidad sexual para el vínculo matrimonial de por vida entre un hombre y una mujer (Génesis 1:26–28; 2:21–24; Mateo 19:4–6).
Dado que el matrimonio es un pacto, cualquier expresión de intimidad sexual fuera de ese vínculo viola el diseño de Dios.
Si bien el sexo prematrimonial y extramatrimonial son los ejemplos más obvios, las aventuras emocionales y los intercambios inapropiados por Internet o mensajes de texto también cruzan los límites. Jesús enseñó que el pecado sexual comienza en el corazón (Mateo 5:28; 15:18,19).
Los ministros deben tener cuidado de evitar incluso el más mínimo indicio de conducta inapropiada. Esto incluye insinuaciones sexuales, humor lascivo, conversaciones coquetas y cualquier contacto físico no deseado o poco profesional.
La diferencia de poder entre un pastor y un congregante hace que la conducta sexual inapropiada del liderazgo eclesiástico sea particularmente grave. Abusar de la autoridad y traicionar la confianza socava la razón de ser de la Iglesia y se convierte en un obstáculo para el evangelio.
Las iglesias deben establecer prácticas que salvaguarden la integridad ministerial. Dado que el contexto de cada congregación es diferente, no existe un enfoque único que sirva para todos. Sin embargo, vale la pena considerar algunas buenas prácticas.
Cuando atienda en privado a un congregante del sexo opuesto, haga que haya otra persona presente o reúnase en una oficina con ventanas mientras haya otras personas en el edificio.
Si alguien acude a su oficina en busca de atención pastoral, interrumpa las visitas y remita a la persona a un consejero profesional después de tres reuniones (si no antes).
Existen diversas escuelas de pensamiento con respecto a la interacción con los compañeros de ministerio. Algunos ministros evitan estar a solas con cualquier persona del sexo opuesto que no sea su cónyuge. Otros crean políticas que garantizan la seguridad sin que nadie se sienta marginado.
Dado que el matrimonio es un pacto, cualquier expresión de intimidad sexual fuera de ese vínculo viola el diseño de Dios.
Dios llama tanto a hombres como a mujeres al ministerio, y debemos celebrar la capacidad de trabajar juntos.
La formación espiritual, el profesionalismo, el compromiso con la fidelidad conyugal y el trato a los colegas como hermanos y hermanas en Cristo son las barreras de protección más importantes.
Es importante contar con las protecciones adecuadas en el lugar de trabajo. Sin embargo, también debe haber libertad para que hombres y mujeres cumplan con su llamado y colaboren profesionalmente.
Además de mantener la integridad en las relaciones, los ministros deben proteger sus corazones y sus mentes alejándose de los medios de comunicación inapropiados y del material pornográfico.
Es fácil suponer que este problema solo afecta a los no creyentes. Sin embargo, la pornografía también atrapa a los cristianos, incluidos los líderes eclesiásticos. Causa un daño real a las personas, las relaciones y los ministerios.
En The Anxious Generation, Jonathan Haidt cita estudios que indican que el consumo de pornografía hace que las personas sean menos propensas a formar o mantener relaciones reales.
«Es probable que estas tendencias empeoren con la llegada del metaverso, el vídeo espacial[i] y la inteligencia artificial generativa», afirma Haidt. «Ahora que Meta y Apple ofrecen cascos que permiten a los usuarios vagar por cualquier tipo de mundo que otra persona pueda imaginar para ellos, la pornografía tridimensional con personas “perfectas” con cuerpos imposibles se convertirá sin duda en un atractivo aún mayor».
El Salmo 101:3 dice: « Me negaré a mirar cualquier cosa vil o vulgar». Y Jesús advirtió que mirar a otra persona con lujuria es pecado (Mateo 5:28).
Debido a la naturaleza omnipresente de la pornografía en la sociedad actual, los líderes ministeriales deben tomar medidas proactivas para mantenerse por encima de todo reproche.
Los servicios de suscripción como Covenant Eyes supervisan la actividad electrónica e informan a los socios responsables.
Celebrate Recovery [Celebremos la recuperación] proporciona recursos[ii] para aquellos que luchan contra la adicción. Los ministros también pueden encontrar una lista de consejeros profesionales en ministerfamilycare.ag.org.
Como con todas las tentaciones, caminar con Dios es la mejor prevención. Disfrutar de Su carácter, pasar tiempo en Su Palabra, adorarlo y escuchar a Su Espíritu mantiene nuestros corazones orientados hacia la justicia y la verdad de Dios.
El Salmo 1 lo expresa así:
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su Ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará. (versículos 1–3, RVR1995).
Además, el salmista dice: «la senda de los malos perecerá» (versículo 6, RVR1995).
Los que se deleitan en la verdad de Dios no ven a las personas como objetos utilizables para la gratificación sexual, sino como individuos creados a su imagen. Los compañeros creyentes son hermanos y hermanas en la familia de Dios. Los que están fuera de la Iglesia son almas perdidas por las que Jesús murió para que sean salvos.
Esta comprensión bíblica nos mantiene enfocados en servir a Dios y a los demás, al tiempo que rechazamos las actitudes y acciones incorrectas.
Los líderes que están casados deben reafirmar ese pacto cada día, dando gracias por el don de Dios que es su cónyuge. El compromiso con la salud matrimonial también significa buscar la ayuda de un consejero profesional cuando sea necesario.
Estos principios nos ayudarán a evitar arruinar sus vidas con el pecado sexual. Como líderes espirituales, debemos tomar medidas para protegernos a nosotros mismos contra la ruina, a los demás contra el daño y al evangelio contra el descrédito.
Teniendo esto en cuenta, también quiero abordar la responsabilidad de la Iglesia de proteger y cuidar a los más vulnerables entre nosotros: nuestros niños y jóvenes.
Eviten estar a solas con un menor que no sea de su familia. Esto limita la posibilidad de que se formen vínculos poco saludables y les protege contra acusaciones falsas.
Cuando se provea transporte a un menor, debe haber otro adulto en el vehículo.
La mentoría individual debe realizarse en un lugar público o en presencia de una tercera persona.
Evite enviar mensajes de texto o mensajes directos en privado a menores. Si es necesario comunicarse digitalmente con un estudiante, añada a otro adulto a la comunicación.
Respete el espacio personal y evite cualquier comentario que un adolescente pueda interpretar como coqueto o de incitación.
Los jóvenes deben sentirse amados, cuidados y seguros en la iglesia. Si tiene conocimiento de un abuso sexual que involucre a un menor, denúncielo inmediatamente a las autoridades competentes y aleje al agresor del liderazgo y de la proximidad a niños y adolescentes.
Poder
Jim Bradford, pastor de la Central Assembly of God en Springfield, Misuri, ofreció algunas pautas útiles sobre el uso adecuado de la autoridad espiritual durante el episodio 346 del podcast Influence (disponible en inglés).
Bradford comenzó con las palabras de Jesús en Lucas 22:25, 26: «En este mundo, los reyes y los grandes hombres tratan a su pueblo con prepotencia; sin embargo, son llamados “amigos del pueblo”. Pero entre ustedes será diferente. El más importante de ustedes deberá tomar el puesto más bajo, y el líder debe ser como un sirviente» (NTV).
Los líderes piadosos no son controladores, sino que sacan lo mejor de los demás, explicó Bradford. En lugar de exigir que la gente los atienda, los líderes piadosos sirven.
Además, Bradford observó que los líderes piadosos esperan y aceptan la responsabilidad.
El abuso espiritual, especialmente los estilos autoritarios de liderazgo, son un desafío creciente para la Iglesia. Necesitamos la Palabra de Dios, el consejo sabio y la ayuda del Espíritu para distinguir la autoridad piadosa de la opresión impía.
Algunos líderes acumulan poder rechazando cualquier autoridad que los controle.
Otros utilizan su vocación ministerial como un escudo, afirmando que cualquiera que los cuestione se está en rebeldía contra la unción de Dios.
Si bien quienes lideran merecen respeto, Dios es la autoridad suprema. Toda autoridad humana es delegada y, por lo tanto, limitada.
Los discípulos sanos son líderes sanos. El abuso suele provenir de líderes que son talentosos, pero emocionalmente inmaduros, heridos o que viven en pecado.
Los ministros son responsables de proteger, equipar, empoderar, animar, enseñar, edificar y, a veces, reprender y corregir. Todo esto debe hacerse con espíritu de amor y preocupación (Juan 10:11; Efesios 4:15; 1 Pedro 5:2,3).
El uso correcto de la autoridad espiritual bendice a los demás, incluso si la orientación es difícil o incómoda.
Dios nunca quiso que los líderes de la iglesia actuaran como déspotas. De hecho, todos los creyentes forman parte del sacerdocio real, comparten la misma vida del Espíritu y tienen llamados y dones dignos de respeto (1 Pedro 2:9; Efesios 4:4–6; 1 Corintios 12:7–11).
Algunos líderes eclesiásticos abusan de su poder mediante la manipulación y el control. El líder abusivo a menudo malinterpreta las Escrituras o afirma hablar en nombre de Dios en todas las situaciones.
Estos líderes explotan a las personas a su cargo para servir a sus propios fines. Una estrategia frecuente es alternar entre elogiar y avergonzar a sus seguidores. Esto hace que las personas cuestionen sus percepciones, sus recuerdos y su sentido de la realidad.
Los líderes abusivos suelen utilizar el miedo como herramienta de intimidación. Corregir a alguien públicamente para avergonzarlo puede infundir miedo en toda la congregación.
Favorecer a algunos mientras se critica o se ignora a otros genera inseguridad. Las personas pueden preocuparse por perder su posición privilegiada o sufrir represalias o aislamiento. Los congregantes nunca deben temer a su pastor.
Muchos líderes abusivos exigen una responsabilidad excesiva e insisten en controlar minuciosamente la vida de sus seguidores.
Las personas deben acudir a los líderes de la iglesia en busca de orientación espiritual y discipulado, pero los líderes sanos los ayudan a aprender a tomar decisiones que honran a Dios y a asumir la responsabilidad de sus vidas.
El líder abusivo a menudo malinterpreta las Escrituras o afirma hablar en nombre de Dios en todas las situaciones.
Esto forma parte del proceso de crecimiento desde la infancia espiritual hasta la madurez piadosa (1 Corintios 3:1, 2; Hebreos 6:1, 2; Filipenses 3:15). Queremos que las personas dependan de Dios, no de un pastor.
La falta de rendición de cuentas es un problema para muchos líderes eclesiásticos. Quieren una obediencia total de los feligreses, pero no permiten que nadie se entrometa en sus vidas ni corrija sus prácticas.
Todos los ministros necesitan estructuras de responsabilidad. Estas pueden incluir el liderazgo del distrito o la red, los miembros de la junta directiva o cuerpo oficial de la iglesia y los amigos. El aislamiento en el ministerio, junto con la falta de responsabilidad, es una receta para el desastre.
Ignorar las estructuras de rendición de cuentas conduce a un comportamiento dictatorial. Asumiendo el control total sobre la congregación, el líder pone fin a toda discusión afirmando haber escuchado a Dios.
Por ejemplo, un pastor puede optar por tomar decisiones de forma unilateral en lugar de celebrar reuniones periódicas con la junta directiva, el cuerpo oficial o los miembros.
Con frecuencia, el quebrantamiento personal, las luchas con el pecado, la formación deficiente y la mala teología impulsan estos estilos de liderazgo.
También puede haber otra patología en juego: el narcisismo. Los líderes narcisistas son controladores e intimidantes, se sienten con derecho a todo y rechazan la corrección. Un sentido exagerado de la importancia puede convencerlos de que solo ellos llevan la visión del ministerio o hablan en nombre de Dios.
Estos líderes pueden permitir e incluso sembrar el caos como medio para reforzar su autoridad. Quieren parecer héroes al resolver problemas que ellos mismos han creado.
Las prácticas abusivas en los demás suelen ser evidentes. Detectarlas en nuestras propias vidas y ministerios puede ser más difícil, especialmente cuando comienzan de manera sutil.
Ningún ministro está exento de las tentaciones del orgullo espiritual. Si no protegemos nuestros corazones, incluso nuestras las cualidades pueden empezar a alimentar un exceso de autoestima.
Contrarrestemos esta tendencia humana practicando la humildad, buscando a Dios y aceptando la responsabilidad.
En primer lugar, elijamos el camino de la humildad encarnada que Jesús nos mostró. Seguros de nuestra posición como hijos de Dios, aceptemos Su llamado, clamemos por la ayuda del Espíritu y elijamos una vida de servicio (Juan 13:1–17; Filipenses 2:1–11).
Segundo, cultivemos una conciencia clara de nosotros mismos pasando tiempo en la presencia de Dios, abriéndonos al escrutinio de Su Espíritu. El Señor disciplina a aquellos a quienes ama. Esta corrección, aunque a veces es severa, siempre es sanadora y transformadora (Hebreos 12:4–11).
En tercer lugar, asumamos la responsabilidad. Rindamos cuentas no solo ante Dios, sino también ante nuestra familia, la junta directiva y los líderes laicos, los líderes del distrito o la red y otras personas en las que confíamos. Es sabio buscar muchos consejeros piadosos (Proverbios 11:14).
Si está sirviendo en una situación de abuso espiritual, lleve sus preocupaciones al líder en oración. Luego, apele a las autoridades de la congregación y la denominación, según corresponda.
Cuando los intentos por resolver el problema no tengan éxito, busque un nuevo lugar de comunión y servicio. A veces, lo mejor que puede hacer es dejar la situación en manos de Dios y seguir adelante con fe.
——
Pablo le dijo a Timoteo: «guarda con sumo cuidado la preciosa verdad que se te confió» (2 Timoteo 1:14, NTV).
Dios nos ha confiado el tesoro de su evangelio. Una de las maneras de guardar este buen depósito es llevar una vida íntegra que le glorifique y promueva la causa de Cristo.
El dinero, el sexo y el poder son dones de Dios cuando se administran bien, y tentaciones peligrosas cuando nos desviamos de los caminos bíblicos.
Que la luz de la Palabra de Dios nos guíe con seguridad más allá de las rocas ocultas que hacen naufragar a muchos, y que nuestra vida y ministerio señalen continuamente a otros hacia Jesús (1 Corintios 11:1).
BRAD KESLER es secretario general de las Asambleas de Dios.
CHARLIE SELF es profesor visitante de historia de la iglesia en el Seminario Teológico de las Asambleas de Dios en Springfield, Misuri.
Influence Magazine & The Healthy Church Network
© 2026 Assemblies of God