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Evangelización: Buenas noticias a tiempo

Por qué y cómo compartir el evangelio personalmente

Doug Clay on August 3, 2021

El evangelio es una buena noticia con importancia eterna. Es el mensaje de que Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó para que podamos vivir para siempre con Dios (1 Corintios 15:3-8). Pero como dijo el teólogo Carl F.H. Henry: «El evangelio solo es una buena noticia si llega a tiempo».

El evangelismo consiste en llevar esa buena noticia en el momento oportuno a las personas que más la necesitan. No es una sugerencia para la Iglesia ni un pasatiempo secundario, sino un mandato del propio Jesucristo (Mateo 28:19-20). Pablo describe la evangelización como una prioridad del ministerio: «Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24 rvr1960).

En las Asambleas de Dios, la evangelización es la primera de nuestras cuatro «razones prioritarias de ser», siendo las otras la adoración, el discipulado y la compasión. Nuestra Fraternidad surgió como «una agencia de Dios para evangelizar al mundo». Y en 1914, el año de nuestra fundación, nos comprometimos a hacer «la mayor obra de evangelización que el mundo haya visto jamás».

Por todo ello, compartir la buena noticia de Jesucristo es nuestra oportunidad privilegiada.

El miedo, la hostilidad y la apatía

¿Por qué los cristianos dudan a menudo de participar en la evangelización personal? Para algunos de nosotros, la idea de evangelizar evoca emociones negativas. Puede que nos preocupe no saber qué decir, que nuestra devoción religiosa nos avergüence delante de nuestros compañeros o que los amigos nos rechacen.

También hay fuerzas sociales más amplias en juego. La cultura contemporánea desprecia la autoridad y abraza la autenticidad. No hay una verdad absoluta, solo mi verdad o tu verdad. ¿Y cómo se atreve alguien a imponerme su verdad?

Además, ha habido un cambio masivo de afiliación religiosa. La mayoría de los estadounidenses de las generaciones anteriores creían en un Dios personal y en los absolutos morales. Respetaban a la Iglesia y creían que el cristianismo era bueno para las personas y la sociedad.

Ese respeto por el cristianismo se está disipando. El grupo religioso de más rápido crecimiento en Estados Unidos hoy en día son los llamados «Ni ni», personas sin afiliación religiosa alguna. Según el Pew Research Center, los «ni ni» representaban el 26% de la población adulta de Estados Unidos en 2019, frente al 17% de solo una década antes.

Una minoría de los «ni ni» expresa una abierta hostilidad hacia la fe y la práctica cristianas. Suelen ser ateos o agnósticos y creen que el cristianismo es irracional e inmoral. Rechazan los puntos de vista morales cristianos tradicionales por considerarlos intolerantes, especialmente los relativos a la sexualidad humana.

Sin embargo, la mayoría de los «ni ni» son lo que el autor Kyle Beshears llama «apateístas». Los describe como «cognitivamente indiferentes y emocionalmente apáticos» a la religión. Los apateístas no saben si Dios existe y no les importa.

El miedo, la hostilidad y la apatía explican en gran medida por qué muchos creyentes tienen dificultades para evangelizar.

Valor, capacidad, importancia

Dejando de lado las dificultades, ¿cómo ve Dios la evangelización? ¿Cómo ve él a la persona que necesita escuchar el evangelio?

Génesis 1:26 enseña que Dios creó al ser humano a su imagen. La imagen de Dios incluye nuestro diseño intelectual, moral y social. Nos dio la razón para discernir la verdad del error, el bien y el mal. Nos dio la capacidad de vivir según sus mandamientos. Y socialmente, nos creó para la comunión con él y con los demás.

Cuando nos damos cuenta de que el amor es lo que motiva a Dios
y debería motivarnos
a nosotros, nuestra perspectiva sobre la evangelización cambia.

De hecho, Dios nos invita a la comunión que el Padre, el Hijo y el Espíritu disfrutan eternamente en la Trinidad (Juan 15:9). Precisamente porque Dios es amor, nos creó para amar y ser amados (Juan 15:12). Cuando nos damos cuenta de que el amor es lo que motiva a Dios y debería motivarnos a nosotros, nuestra perspectiva sobre la evangelización cambia. El amor nos muestra el valor, la capacidad y la importancia de otras personas.

Todas las personas son importantes para Dios. Él las creó y las ama, por lo que son valiosas a sus ojos. Esto es cierto independientemente de su raza o etnia, clase económica o posición social, sexualidad o identidad de género. Es cierto sin importar la nacionalidad o la afiliación partidista. Dios ama «al mundo» (Juan 3:16), a todo el mundo y a todas las personas que lo componen. No hay ninguna persona que conozcas a la que Dios no ame.

Todas las personas pueden responder a Dios. La Escritura dice que Dios «sembró la eternidad en el corazón humano» (Eclesiastés 3:11 NTV). Nos creó a su imagen y semejanza, por lo que tenemos una conciencia de Dios incorporada, una capacidad de responder a Él. Esa capacidad solo alcanza su plenitud cuando adoramos y obedecemos a nuestro Creador. Como oró San Agustín: «Nos has hecho para ti, oh Dios, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

Todas las personas tienen importancia ante Dios. Dios nos creó para ejercer «dominio» sobre la creación (Génesis 1:26). Dominio significa actuar como mayordomos, utilizando los dones que Dios nos dio para llevar el mundo que creó a su máximo potencial. Cuando utilizamos los dones que Dios nos dio, por pequeños o aparentemente insignificantes que sean, estamos haciendo la obra del Señor.

Método evangelístico

No hace mucho, el Grupo Barna informó que el 47% de los mileniales cristianos practicantes piensan que el evangelismo es un error. ¡Eso me sorprendió! Las fuerzas sociales que mencioné anteriormente pueden explicar parte de la razón de esto.

La mayoría de las personas vienen a Cristo porque tienen una relación personal con un cristiano. La relación es la tierra en la que crece el fruto del evangelio. Los métodos rutinarios de evangelización no requieren que tú conozcas nada de la otra persona. Una relación real sí lo requiere.

Si cada persona es importante para Dios, puede responder a Dios y tiene importancia ante Dios, la evangelización personal debe ser personal. Para ello, debemos hacer cuatro cosas en particular:

1. Haz preguntas eficaces. Jesús planteó docenas de preguntas en los Evangelios. A menudo pensamos que el evangelismo consiste en dar respuestas, pero hacer preguntas también es valioso. Cuando hacemos preguntas eficaces, invitamos a los demás a unirse a nosotros en un viaje espiritual, en lugar de limitarnos a dar instrucciones.

2. Escucha sin juzgar. Cuando le haces una pregunta a un incrédulo, probablemente escucharás una respuesta con la que no estás de acuerdo. Eso está bien. Esto ayuda a entender las experiencias que han llevado a otra persona a tener sus propias creencias. Y cuanto más dispuesto estés a escuchar a los demás, más dispuestos estarán los demás para escucharte a ti.

3. Lleva el ritmo de la conversación. Mantén el contacto visual y una postura abierta. No pienses en tu respuesta cuando otra persona esté hablando. Utiliza un lenguaje reflexivo (por ejemplo, «Lo que te oigo decir es...») para que los que comparten se sientan escuchados y comprendidos.

A un nivel más profundo, debes discernir cuándo es el momento adecuado para invitar a la gente a confiar en Jesús para la salvación. Si has estado hablando con un amigo no creyente sobre fútbol, sería forzado e incómodo decir algo como: «Oye, ¿te gustaría que Jesús fuera el mariscal de campo de tu vida?». Pero si has estado hablando sobre el sentido de la vida, se puede abrir una puerta para una discusión espiritual.

4. Déjale espacio al Espíritu Santo para trabajar. El Espíritu Santo es el evangelista más eficaz, no tú. Cuando estamos llenos del Espíritu, sabremos qué decir y cuándo decirlo. Las palabras del Espíritu se convertirán en las nuestras.

Cada persona tiene valor, capacidad y importancia a los ojos de Dios. Las personas alcanzan su máximo potencial cuando ponen su fe en Él, que «nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados» (1 Juan 4:10 ntv). Así pues, comprometámonos de nuevo a compartir las buenas noticias, ya sea al otro lado de la calle o en todo el mundo. Y hagámoslo a tiempo.

Doug Clay es superintendente general de las Asambleas de Dios de Estados Unidos.

Este artículo aparece en la verano 2021 de la revista Influence.

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