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 the shape of leadership

El discipulado: Ser más como Jesús

Enseñar a la gente cómo vivir para Dios y por qué

Rick DuBose on August 5, 2021

En los primeros días de nuestro movimiento, los líderes de las Asambleas de Dios declararon su intención de emprender «la mayor obra de evangelización que el mundo haya visto jamás». Más de un siglo después, seguimos comprometidos con esa visión.

Otro énfasis desde el principio fue defender la Biblia como la Palabra de Dios completa y autorizada y la regla de fe y de conducta para todas las cosas. Una vez más, esos principios fundacionales siguen guiándonos.

Todas nuestras razones de ser comenzaron con un fin en mente. En el caso del discipulado, el objetivo siempre ha sido desarrollar seguidores devotos de Jesús que reflejen sus enseñanzas y su estilo de vida y que, en última instancia, reproduzcan ese patrón en otros.

Para lograr ese fin, nos centramos en siete prácticas de vida cristiana: Compromiso bíblico; entrega continua al Espíritu Santo; el ministerio de reconciliar a la gente con Dios; la oración; la adoración; el servicio a los demás; y la generosidad.

Los discípulos no son personas perfectas. El concepto de practicar una disciplina sugiere que se puede mejorar. En el deporte, el objetivo de la práctica es ser mejor y más fuerte. En el andar cristiano, el objetivo de la práctica es asemejarse más a Jesús.

El discipulado consiste en desarrollar y reforzar los hábitos propios de Cristo. Implica tres partes diferentes pero complementarias: un ejemplo relacional a imitar, la enseñanza y el aprendizaje bíblico, y la práctica bajo la guía de un mentor o entrenador.

El ejemplo

La parte del proceso que consiste en el ejemplo relacional es fundamental para el resto de la experiencia del discipulado. Todos somos imitadores natos. Aprendemos el lenguaje y la cultura, desarrollamos hábitos y formamos valores al observar y escuchar a quienes nos rodean. Imitamos sin pretenderlo y nos parecemos a quienes respetamos sin siquiera saberlo.

Los ejemplos de los padres y los profesores tienen más influencia que cualquier plan de estudios. De hecho, el plan de estudios sin un ejemplo tiene poco impacto. Por eso, las relaciones más allá del aula son una parte necesaria de cualquier proceso de discipulado. El mandato de Pablo en 1 Corintios 11:1 (ntv) debería servir como modelo de toda estrategia de discipulado: «Y ustedes deberían imitarme a mí, así como yo imito a Cristo».

Jesús practicó el discipulado relacional. No solo llamó a los doce para que asistieran a un seminario de enseñanza. Los llamó a seguirlo y a pasar tiempo con Él.

Los ministerios como Royal Rangers y Ministerio a las jovencitas son eficaces no solo por el plan de estudios y las actividades, sino también por las relaciones. Esos momentos juntos — en que rien, trabajan y juegan junto a adultos cristianos que lideran con el ejemplo — son momentos de discipulado fundamentales.

El verdadero discipulado no puede ocurrir desde una plataforma, o a distancia. Requiere una relación. Ya sea que estemos discipulando a nuestro propio hijo en casa, a un estudiante en el grupo de jóvenes, o a un adulto en una clase para recién llegados, el plan de estudios y los eventos nunca pueden reemplazar las relaciones saludables.

El proceso de discipulado se rompe cuando los líderes viven valores diferentes a los que enseñan, lo que obliga a los discípulos a elegir uno de ellos. La duplicidad hace que las personas se sientan confundidas, en conflicto y desanimadas. En última instancia, el ejemplo de vida casi siempre tendrá el mayor impacto.

El discipulado consiste en desarrollar y reforzar los hábitos propios de Cristo.

Como pastor, la primera pregunta que me hago al considerar un candidato para ocupar un puesto de líder de jóvenes o niños es la siguiente: «¿Es esta persona el tipo de persona que quiero que nuestros jóvenes lleguen a ser?».

Sabía que la persona era más importante que el programa que él o ella proporcionaría. Cuando construyas un camino de discipulado, recuerda que lo primero y más importante son las relaciones.

La enseñanza

Por supuesto, la instrucción verbal sigue siendo importante. Jesús no solo vivió la verdad delante de sus seguidores, sino que también se sentó y les enseñó. Jesús enseñó en entornos formales, como la sinagoga, y en otros informales, como los hogares y los espacios al aire libre. Enseñaba de camino a sus tareas ministeriales y desde una barca anclada en la costa.

Jesús enseñó utilizando parábolas e historias para ilustrar las lecciones de la vida. Enseñaba de manera adecuada a sus oyentes, ya fuera un líder judío que acudía a él de noche o una mujer samaritana que hacía preguntas junto a un pozo. Incluso después de su resurrección, Jesús enseñó a dos de sus discípulos en el camino a Emaús, explicándoles ampliamente las Escrituras (Lucas 24:27).

Al igual que Jesús, nosotros mostramos a nuestros discípulos cómo vivir para Dios con nuestros ejemplos y les enseñamos el porqué a través de las Escrituras. Si no saben por qué, no podrán mantenerse firmes, resistir la tentación y decirle al diablo: «Escrito está», como lo hizo Jesús (Lucas 4:1-13 nvi).

Si queremos hacer discípulos que sigan a Jesús, imiten a Jesús, permanezcan con Jesús y transmitan el conocimiento de Jesús a otros, debemos asegurarnos de que tengan una base bíblica sólida.

El compromiso bíblico es clave para un discipulado saludable. No basta con compartir historias y principios de la Biblia; también debemos enseñar a las personas a interactuar con las Escrituras, interpretar el texto, ver el panorama general y aplicar la Palabra de Dios a su vida.

En el mundo actual no faltan las voces que compiten por la atención, pero la Biblia es la única voz completamente fiable de la verdad. Nunca ha sido más urgente que los líderes manejen correctamente la Palabra de Dios y la confíen a otros, que también la transmitirán (2 Timoteo 2:2,15).

Poner en práctica la Palabra

¿Cómo sabemos que nuestros discípulos lo han entendido bien? ¿Cómo podemos estar seguros de que vivirán correctamente más allá de nuestro alcance y sin nuestro apoyo? ¿Cómo sabremos que están preparados para transmitirlo?

Jesús sabía que volvería al Padre y que el futuro de la Iglesia y del reino estaría en manos de sus discípulos. Sabía que tenía que proporcionarles oportunidades para practicar el compromiso bíblico, la entrega al Espíritu Santo, el ministerio de reconciliar a la gente con Dios, la oración, la adoración, el servicio a los demás y la generosidad, mientras Él los entrenaba, corregía y animaba.

Cuando Jesús llamó a Pedro para que se acercara a Él en el agua, en medio de un lago donde solo Él y los otros once podían ver, estaba permitiendo que Pedro practicara su fe. Pedro fracasó. Sin embargo, Jesús utilizó el hundimiento de Pedro como un momento de enseñanza. Y el mismo discípulo que carecía de la fe para permanecer sobre el agua, más tarde se levantó y declaró audazmente la Palabra de Dios, llevando a tres mil personas a la salvación en un día (Hechos 2:41).

El discipulado requiere un ejemplo a imitar, la enseñanza bíblica y la práctica bajo la mirada de un buen entrenador. Al desarrollar tu plan para hacer discípulos, asegúrate de que estos tres elementos estén en su lugar y funcionen a un alto nivel.

Ojalá sigamos realizando la mayor obra de evangelización que el mundo haya visto jamás cuando Jesús regrese.

Rick DuBose es el superintendente general adjunto de las Asambleas de Dios de Estados Unidos.

Este artículo aparece en la verano 2021 de la revista Influence.

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