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El enfrentamiento al tráfico de personas

Las iglesias pueden ayudar a cambiar una historia a la vez

Sandie Morgan on May 18, 2022

Cuando Shyima Hall tenía 8 años, su familia en Egipto la vendió a un extraño para pagar una deuda, un escenario común en algunas partes del mundo.

La niña terminó en California, donde trabajó como esclava doméstica en una comunidad cerrada de clase alta. Hall trabajaba de sol a sol mientras cocina y limpia para una familia. De noche, dormía en una habitación sin ventanas y sin calefacción o aire acondicionado en el garaje. Comía las sobras que los demás desechaban, y tenía prohibido lavar su propia ropa cuando lavaba la ropa de la familia.

Los captores de Hall le negaron una educación y la privaron de atención médica y dental básica. En vez de llamar a la niña por su hombre, la llamaban «niña estúpida».

Hall era una víctima del tráfico de personas. Horrorosa como es su historia, tales injusticias son más comunes de lo que piensa la mayoría de los estadounidenses.

Como directora del Centro Mundial para las Mujeres y la Justicia en la Universidad de Vanguard en Costa Mesa, California, y ex copresidenta del Consejo Consultativo de Cooperación Pública-Privada para poner Fin al Tráfico de Personas, he pasado la última década concientizando a los líderes y estudiantes sobre esta cuestión. El primer paso para resolver cualquier problema es la comprensión.

El tráfico de personas implica forzar a alguien a trabajar o al acto de comercio sexual a través de la fuerza, el fraude o la coerción. El tráfico de mano de obra y la trata sexual son crímenes económicos en los que los criminales explotan a víctimas para obtener beneficios económicos. Según algunos cálculos, el tráfico humano es una industria internacional que genera 150 mil millones de dólares e involucra a 24.9 millones de víctimas. Como observó el apóstol Pablo: «Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal» (1 Timoteo 6:10).

Solo durante 2020, más de 100.000 víctimas del tráfico de personas fueron identificadas en todo el mundo. En los Estados Unidos, la Línea de Emergencia Nacional de Tráfico de Personas informó que hubo 10.583 casos durante 2021.

Sin embargo, estas cifras representan solo la punta del iceberg. En cualquier momento, la mayoría de las víctimas permanece atrapada o la mayoría de los traficantes permanece sin ser procesado a nivel judicial. Para los traficantes, es un esfuerzo criminal de bajo riesgo y alto beneficio.

El tráfico de personas puede ocurrir en cualquier lado, incluso en tu comunidad.

En mi propio vecindario de Orange County, California, el último informe de víctimas de tráfico de personas reveló que se habían descubierto 357 víctimas durante 2019 y 2020. De esas víctimas, 324 eran víctimas de trata sexual, incluidos a 100 menores. Las autoridades también encontraron a 33 víctimas de tráfico de mano de obra, aunque no realizaron investigaciones proactivas.

Los casos de tráfico de mano de obra son especialmente difíciles de documentar y litigar porque esos trabajadores podrían parecer legales y pagos. La gente queda horrorizada cuando les digo que es probable que haya tres veces más víctimas de tráfico de mano de obra que de tráfico sexual.

En 1995, 72 inmigrantes tailandeses fueron encontrados trabajando como esclavos laborales en una tienda textil en el sur de California, un descubrimiento que llevó al Congreso a sancionar la ley de Protección a Víctimas de la Violencia y del Tráfico de Seres Humanos (TVPA, por sus siglas en inglés) del año 2000.

La ley TVPA identificaba tres tipos de tráfico: la trata sexual de menores; la trata sexual por la fuerza, el fraude o la coerción; y el trabajo forzado mediante la fuerza, el fraude o la coerción. (Un menor que es vendido para cualquier acto de comercio sexual es una víctima de tráfico de personas sin necesidad de probar un elemento de fuerza, fraude o coerción).

Al hablar del tráfico de personas en las iglesias a través del país, la gente queda horrorizada y preocupada, y siente compasión. Sin embargo, la compasión sin conocimiento no basta.

Filipenses 1:9-11 dice: «Le pido a Dios que el amor de ustedes desborde cada vez más y que sigan creciendo en conocimiento y entendimiento. Quiero que entiendan lo que realmente importa, a fin de que lleven una vida pura e intachable hasta el día que Cristo vuelva. Que estén siempre llenos del fruto de la salvación—es decir, el carácter justo que Jesucristo produce en su vida—porque esto traerá mucha gloria y alabanza a Dios» (énfasis añadido).

La indignación ante la injusticia no es suficiente. Necesitamos conocimiento inspirado por el Espíritu y perspicacia para discernir un camino a seguir. Necesitamos amor que abunde más y más a medida que demostremos de manera palpable y práctica la compasión de Cristo a un mundo en necesidad.

Las agencias que combaten el tráfico de personas a menudo hablan de las cuatro «P»: prevención, protección, procesamiento judicial y participación conjunta. Algunos añaden «política o normas a la lista. Para las iglesias, yo sugiero la «plegarias (oración)».

Éste es un marco útil para pensar acerca de cómo la iglesia puede trabajar con otros en la comunidad para ayudar a abordar este problema.

Cuando aparece la iglesia, somos sal y luz en el sector público (Mateo 5:13-16). Las comunidades de fe pueden y deberían participar en esfuerzos para poner fin al tráfico de personas, pero necesitamos proceder con sabiduría espiritual.

 

Prevención

La prevención trata de identificar a poblaciones vulnerables, de proveer información y de intervenir en ellas para reducir o eliminar su riesgo de explotación.

Mi historia preferida de prevención de tráfico de personas es 2 Reyes 4. Una viuda le dijo a Eliseo que un acreedor, a quien ella le debía, iría a llevarse a sus dos hijos como esclavos. 

Solo durante 2020, más de 100.000 víctimas del tráfico de personas fueron identificadas en todo el mundo.

Eliseo lidió primero con la situación presente de la viuda, preguntándole qué recursos tenía.

La viuda respondió: «no tengo nada, solo un frasco de aceite de oliva—contestó ella». (versículo 2).

Así que Eliseo le dijo que consiguiera vasijas vacías de los vecinos. De esta manera, la comunidad de la viuda llegó a ser también parte de la solución.

Eliseo siguió dando instrucciones a la viuda de que fuera a su casa y empezara a verter el aceite hasta que se llenaran todas las vasijas. El resultado fue un excedente de aceite que ella podría vender, y que le permitiría pagar la deuda y sustentar a su familia.

«Tú y tus hijos pueden vivir de lo que sobre», le dijo Eliseo a la mujer (versículo 7).

Nunca nos enteramos de los nombres de los hijos de la viuda. La prevención suele ser anónima. Lo único que necesitamos saber acerca de ellos es que no se convirtieron en esclavos. Ayudar a la madre permitió que sus hijos tuvieran un hogar seguro.

Compara esto con algunos métodos ministeriales que exponen a gente vulnerable. Imagina a una iglesia filmando a los niños, añadiendo música, y mostrando un video un domingo por la mañana antes de recaudar una ofrenda para rescatarlos de su situación difícil. Corremos el peligro de robar a la gente de su dignidad y capacidad de acción al convertirlas en un proyecto.

No hay un modelo uniforme para la prevención. Estudia a tu comunidad, identificando los factores de riesgo y los recursos. Hay herramientas para la evaluación de la comunidad disponibles a través de CompassionLink, un ministerio de las Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios.

La viudez en la antigüedad era un tipo de vulnerabilidad, como las cuestiones de la pobreza e inseguridad de la vivienda lo son para la gente hoy. ¿Cómo puede la Iglesia aparecer y hacer una diferencia en la vida de las personas vulnerables?

El Dios que milagrosamente llenó cada vasija con aceite nos llama a ser Sus representantes en el mundo, satisfaciendo las necesidades y cambiando los resultados.

Hay muchas maneras en que las iglesias pueden ayudar a prevenir el tráfico de personas. Por ejemplo, ¿qué sucedería si más familias en nuestras congregaciones abrieran sus hogares a niños en cuidado adoptivo temporal? ¿Y si conocemos la situación de nuestros vecinos y trabajamos con ellos para encontrar maneras de aliviar la falta de vivienda, la inseguridad alimentaria, la adicción y otros problemas? ¿Y si empoderamos a aquellos que sirven, dándoles una voz y un rol en el proceso?

La Escritura ya nos llama a cuidar de los vulnerables. Santiago 1:27 dice: «La religión pura y verdadera a los ojos de Dios Padre consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas en sus aflicciones, y no dejar que el mundo te corrompa».

Muchas iglesias ya tienen ministerios que apoyan a las familias y a los niños. Solo tendrán que colaborar con organizaciones que están trabajando para reducir el riesgo del tráfico de personas y recibir capacitación de ellas.

 

Protección

La protección implica ofrecer apoyo a los sobrevivientes del tráfico de personas y restaurar su dignidad. La prioridad es ir a la par de los que sufren, caminando con ellos en su dolor y encaminándolos hacia la sanidad. Esto es algo que las iglesias pueden hacer bien.

La asistencia para los sobrevivientes durante el período de readaptación incluye proveer terapia para el trauma, atención médica, cuidado dental, alojamiento a largo plazo y formación profesional. También incluye estar presente en los tiempos de necesidad, por ejemplo, proveyendo apoyo emocional y espiritual para una víctima que está testificando en la corte.

El personal y los voluntarios necesitarán capacitación especializada en atención centrada en la víctima que entienda el impacto del trauma y sepa cómo asistir a la persona de la mejor manera, y la confidencialidad. La capacitación adecuada es esencial para cualquier persona que trabaje con sobrevivientes de violencia y abuso, incluyendo los sobrevivientes de tráfico de personas.

Sin ese tipo de capacitación, aun el voluntario con las mejores intenciones puede crear confusión e infligir dolor sin querer. Por ejemplo, la gente a menudo quiere abrazar a los sobrevivientes como una expresión de amor y aceptación. Sin embargo, mucha gente explotada no ha tenido control sobre quién la toca. Incluso si un miembro de la iglesia pide permiso para hacerlo, los sobrevivientes del tráfico tal vez sientan que no pueden decir que no si tienen la esperanza de recibir comida y otros servicios.

La indignación ante la injusticia no es suficiente. Necesitamos conocimiento inspirado por el Espíritu y perspicacia para discernir un camino a seguir.

Otro factor crítico de protección es la confidencialidad. Esto significa respetar la privacidad de las víctimas, protegerlas de preguntas indiscretas y mantenerlas a salvo de los traficantes, que todavía pueden estar sueltos.

Los voluntarios de la iglesia suelen tener dificultad con la confidencialidad. Tal vez se sientan tentados a compartir detalles acerca de la víctima en reuniones de oración pública o discursos recientes de recaudación de fondos. Por esta razón, recomiendo que todos los voluntarios firmen un documento que explique en detalle la expectativa de confidencialidad absoluta.

Lo mejor que cualquier iglesia puede hacer es dar la bienvenida y proteger a las personas lastimadas.

Durante una conferencia reciente de Ensure Justice en la Universidad Vanguard, la sobreviviente de tráfico de mano de obra Bella Hounakey enfatizó el valor de pertenecer a una comunidad eclesial afectuosa.

«La vergüenza, la culpa, el arrepentimiento que llevas como sobreviviente te siguen», dijo Hounakey. «Es como ser perseguido por tu propia sombra. Cuanto más rodeado estás de una comunidad que te recuerda la bondad de Dios hacia ti, más empiezas a identificarte con las maneras en que eres percibido por esa comunidad de personas».

«Pensé que había agotado a mi comunidad de apoyo», continuó Hounakey. «Ellos eran un grupo de creyentes comprometidos con toda mi persona. Tomaron tiempo para construir la confianza conmigo, tomaron tiempo para entenderme, y no forzaron nada».

Para Hounakey, el apoyo a largo plazo de su congregación fue esencial para su proceso de sanidad.

«Supe por primera vez en mi vida que alguien quería ayudarme realmente sin pedir nada a cambio», dijo Hounakey. «Me llevó mucho tiempo conceptualizar eso, entender que ese grupo de personas quería pasarme a buscar después del colegio sin pedirme nada a cambio. Ésas fueron las maneras en que ayudaron. Estuvieron presentes de manera constante».

 

Procesamiento judicial

El procesamiento judicial es un proceso que busca responsabilizar a los traficantes por sus acciones a través de la investigación y el litigio.

Detener y enjuiciar a los criminales es el trabajo de los agentes del orden público y el sistema judicial, no de las iglesias. Los miembros de la iglesia nunca deberían intentar asumir el rol de la policía o participar en investigaciones secretas.

Este punto puede sonar obvio, pero he visto a iglesias y otras organizaciones estorbar el trabajo policial en unos intentos equivocados de poner al descubierto una presunta operación de tráfico humano. Esto es peligroso, poco útil y potencialmente ilegal. Si sospechas que alguien está involucrado en el tráfico de personas, haz una denuncia a las autoridades.

Lo que las iglesias pueden hacer es proveer apoyo a los sobrevivientes durante y después de la etapa de litigio. Los voluntarios de la iglesia pueden ofrecer acompañar a las víctimas a través del proceso judicial, facilitando al mismo tiempo las actividades diarias, tales como comprar provisiones y organizar los traslados.

Nunca menosprecies el valor de la presencia fiel.

 

Participación conjunta

La participación conjunta tiene que ver con trabajar junto a los miembros de la comunidad.

A medida que ha madurado el movimiento para poner fin al tráfico de personas, se ha dado mayor énfasis a esta colaboración. De hecho, el financiamiento mediante subvenciones exige informes sobre la asociación.

Los agentes de policía valoran a los socios en el servicio a las víctimas que brindan cuidado compasivo.

Los programas gubernamentales con presupuesto reducido colaboran con gratitud con las organizaciones comunitarias que traen recursos adicionales.

Los que asisten a la iglesia tienen una variedad de talentos y habilidades profesionales para ofrecer. Con la capacitación adecuada, las iglesias pueden llegar a ser valiosas, socias a largo plazo en la lucha contra el tráfico de personas.

La asociación exitosa depende de la confianza y el respeto. Cuando valoramos, honramos y servimos a otros, construimos la confianza. La confianza crece cuando damos seguimiento y hacemos lo que dijimos que haríamos.

Piensa en la asociación comunitaria como una red de seguridad. Cuantas más conexiones de confianza haya entre los miembros, más fuerte será la red. Debemos trabajar juntos para tejer una red fuerte que evite que las víctimas de tráfico humano se deslicen a través de ella. Ninguna persona, iglesia u organización puede hacerlo solo.

 

Política o normas

Las normas hacen referencia a las estructuras formales que lidian con prácticas explotadoras.

Las iglesias pueden implementar normas específicas que promuevan los derechos humanos. Un ejemplo es la explotación laboral en la cadena de suministros. Considera investigar a los proveedores y, siempre que sea posible, comprar productos sustentables, de origen ético y de comercio equitativo.

Nunca menosprecies el valor de la presencia fiel.

Una red eclesial desarrolló una norma de adquisición que incluía verificar aun el origen ético del papel en la cadena de suministros.

Adopta normas que den más valor a la gente que a los programas y que reconozcan la dignidad de cada persona como creada en la imagen de Dios. Las normas deberían abarcar el uso ético de imágenes, historias y medios de comunicación. También deberían cubrir el cuidado de los sobrevivientes.

Considera la perspectiva de los sobrevivientes, ya sea al hablar con ellos o leer sus historias. Conocer las experiencias vividas de los sobrevivientes puede guiar a tu iglesia a implementar normas que ayuden en vez de hacer las cosas más difíciles.

Finalmente, establece normas que protejan a los niños y adultos del abuso sexual. Dicho abuso incrementa de modo significativo el riesgo de un individuo de llegar a ser una víctima del tráfico. Trágicamente, me encontré con casos en que la primera experiencia de abuso sexual del sobreviviente ocurrió en el entorno de la iglesia.

 

Oración y plegarias

En cada paso de este proceso, la oración comunica nuestra dependencia de Dios. Necesitamos que Dios guarde nuestro corazón y que nos haga defensores eficaces de las víctimas. Necesitamos de su Espíritu para que nos ayude a ver a cada víctima, criminal, agente del orden público y proveedor de servicios como personas creadas a su imagen. Necesitamos la mente de Cristo a medida que lidiemos con cuestiones complejas y difíciles.

Una manera sencilla de añadir una oración focalizada es la oración a través de los puntos antes mencionados: orar por recursos de prevención, por sabiduría y gracia en la protección, por éxito por aquellos involucrados en procesamientos judiciales y la rendición de cuentas a través de la política y las normas.

Pide por las víctimas que todavía están atrapadas en este horroroso mundo del tráfico de personas.

En el prólogo de Ending Human Trafficking: A Handbook of Strategies for the Church Today (Poner fin al tráfico de personas: Un manual de estrategias para la Iglesia hoy), John Cotton Richmond, embajador extraordinario de los Estados Unidos para controlar y combatir el tráfico de personas, escribió lo siguiente:

Una sobreviviente del tráfico de personas me dijo una vez que la única cosa que el traficante no podía controlar era su habilidad para orar. Ella oró a Dios para que su dolor terminara... Pidió que la gente procediera inteligente y estratégicamente para restaurar su libertad y eso le permitiera superar su trauma.

Al hacer frente a este desafío, nosotros también necesitamos pedirle a Dios que nos dé valentía y empodere para pasar a la acción de manera inteligente y estratégica.

 

Avancemos

El problema del tráfico de personas a veces parece abrumador, pero podemos ayudar a cambiar una historia a la vez.

Eso es lo que Hall está determinada a hacer. La mujer que una vez fue llamada «niña estúpida», hoy es una ciudadana estadounidense, autora y defensora de otras víctimas del tráfico de personas que permanecen invisibles.

«Nadie me vio», dijo Hall durante una sesión de capacitación que yo dirigí en Orange County, California. «Nadie me preguntó si estaba bien».

Hall tenía 12 años cuando fue rescatada. Su libro, Hidden Girl: The True Story of a Modern-Day Child Slave (Niña oculta: La historia verídica de una niña esclava contemporánea), provee un recordatorio conmovedor de que éste es un problema real que sigue afectando a gente real. No debemos mirar hacia otro lado.

Toda iglesia puede desempeñar un papel para poner fin al tráfico de personas. Que Dios nos dé ojos para ver y manos para servir con sabiduría, entendimiento y compasión.

 

SANDIE MORGAN, Ph.D., R.N. (enfermera registrada) es profesora en la Universidad Vanguard en Costa Mesa, California, donde sirve como directora del Centro Mundial para las Mujeres y la Justicia. Es ministra de las Asambleas de Dios, coanfitriona del podcast Ending Human Trafficking (Poner fin al tráfico de personas), y copresidenta de la Comisión Mundial de las Asambleas de Dios en lo que respecta a la explotación sexual, la esclavitud y el tráfico humano. Es coautora, junto con Shayne Moore y Kimberly McOwen Yim, de Ending Human Trafficking: A Handbook of Strategies for the Church Today (Poner fin al tráfico de personas: Un manual de estrategias para la Iglesia hoy).

Este artículo aparece en la primavera 2022 de la revistaInfluence.

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