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 the shape of leadership

Hablar en lenguas hoy

Qué hacer con la aparente disminución de bautismos en el Espíritu Santo en las Asambleas de Dios

Timothy Laurito on June 1, 2022

Nunca olvidaré la reacción de un joven en nuestra iglesia cuando recibió el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en lenguas. Antes de eso, yo había pasado muchas horas conversando con él acerca del bautismo en el Espíritu y respondí a sus preguntas acerca de hablar en lenguas.

Pero en ese momento, él tenía solo una pregunta más.

Mirándome con una gran sonrisa y con un rostro mojado con lágrimas, preguntó: «¿Por qué no me dijiste que sería así de maravilloso?»

El bautismo en el Espíritu es una experiencia fundacional en la vida de cada creyente pentecostal. Pero hay evidencia de que el bautismo en el Espíritu está disminuyendo en las Asambleas de Dios.

Las estadísticas revelan que la asistencia a los servicios de adoración aumentó un 9% de 2009 a 2019 en las Asambleas de Dios (en Estados Unidos). Sin embargo, el número de bautismos en el Espíritu Santo durante ese período estuvo básicamente estancado (con un crecimiento de un 1%).

Además, datos de Proceso Hechos 2 revelan que entre 2016 y 2019, la mayor cantidad de conversiones en la fraternidad tuvo lugar en las iglesias grandes (con 200 asistentes o más). Sin embargo, las iglesias más grandes también experimentaron una disminución de un 13% en los bautismos en el Espíritu Santo durante ese período.

Estas cifras sugieren que, aunque estamos llevando con éxito a la gente a Cristo, nos estamos quedando atrás a la hora de guiar a los adeptos al bautismo en el Espíritu Santo. La pregunta es: ¿Qué podemos hacer al respecto?

Podríamos lanzar acusaciones y culpar a otros, pero esas reacciones no cambiarán nada. Culpar a otros lleva a la división; encontrar soluciones conduce a la unidad. Lanzar acusaciones pone la responsabilidad sobre otros; buscar el cambio reconoce que tenemos un papel que desempeñar en abordar esta cuestión.

Desear los buenos tiempos de antaño no es la respuesta. Tampoco lo es ponerse cómodo para una nueva normalidad en la cual el bautismo en el Espíritu se convierte en una reliquia de nuestro pasado. En vez de eso, la disminución en la expresión pentecostal debería movilizarnos a la acción. Debería motivarnos a buscar a Dios para un nuevo derramamiento sobre esta generación.

¿Por qué es importante?

Hay cinco razones por las cuales es de importancia fundamental que la gente en nuestras iglesias continúe experimentando el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en lenguas.

1. Hablar en lenguas es bíblico. La primera razón para practicar el acto inspirado por el Espíritu de hablar en lenguas es que la Biblia lo prescribe. Como pentecostales, debemos seguir enfatizando el bautismo en el Espíritu y hablar en lenguas, dado que mantenemos nuestra creencia en la supremacía de la Escritura (2 Timoteo 3:16).

Creemos el testimonio del Nuevo Testamento de que hablar en lenguas es válido y valioso (Hechos 2, 8, 10, 19; 1 Corintios 12-14). Por consiguiente, nuestra postura no es solo acerca de hablar en lenguas. En realidad, tiene que ver con algo mucho más fundamental: nuestra perspectiva de la Escritura.

Estoy agradecido de que las Asambleas de Dios tenga una trayectoria que incluya el hablar en lenguas, pero este asunto no tiene que ver con la tradición o la opinión pública. Más bien, tiene que ver con permanecer en la voluntad de Dios como se revela en la Escritura.

Los fundadores de las Asambleas de Dios no hablaron en lenguas porque lo hacían sus abuelos o porque su cultura eclesial lo apoyaba. Su motivación era simplemente vivir la Palabra de Dios.

De la misma manera, deberíamos seguir defendiendo el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en lenguas porque seguimos comprometidos con una hermenéutica bíblica que ve el bautismo en el Espíritu y los dones del Espíritu como disponibles para cada creyente hoy.

2. Hablar en lenguas es la evidencia física inicial del bautismo en el Espíritu Santo. Por tanto, una disminución en las lenguas sugiere que menos creyentes están siendo bautizados en el Espíritu Santo. El propósito del bautismo en el Espíritu es más que hablar en lenguas. Sin embargo, como la señal visible externa del bautismo en el Espíritu, hablar en lenguas sigue siendo una expresión vital de la obra del Espíritu en nuestro mundo.

En la Biblia, hablar en lenguas acompañaba el bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 2, 8, 10, 19). A través del libro de los Hechos, la gente que era llena del Espíritu hablaba en lenguas.

De este modo, hablar en lenguas es como una señal que apunta a la actividad del Espíritu en nuestra vida. Si sacamos la señal, corremos el peligro de perder todo lo que representa. 

Como un movimiento centrado en Cristo, dependemos del Espíritu para
ayudarnos a llegar a
ser más como Jesús.

El anillo de casamiento como símbolo material indica la unión del matrimonio, y tiene un significado mucho más profundo que una mera banda circular. De modo similar, la señal de hablar en lenguas apunta a una obra del Espíritu que es mucho más significativa que las palabras mismas.

Jesús prometió que sus seguidores serían «llenos con poder del cielo» (Lucas 24:49). Cualquier disminución continua de bautismos en el Espíritu dentro de nuestra fraternidad sugiere una disminución en el empoderamiento del Espíritu. Para prevenir esto, debemos seguir valorando el acto de hablar en lenguas como una señal vital del bautismo del Espíritu en los creyentes.

3. Hablar en lenguas ofrece a los pentecostales un modo de comunicarse con Dios que va más allá de nuestras limitaciones humanas. El apóstol Pablo hablaba en lenguas mientras oraba y adoraba a Dios a través de la canción (1 Corintios 14:14-15).

La obra del Espíritu entre los creyentes — incluso el bautismo en el Espíritu — suele suceder en un ambiente de oración y adoración. No es coincidencia que los pentecostales sean conocidos por la oración y la adoración poderosa. Esto tiene mucho que ver con su disposición para dejar que el Espíritu obre en ellos y a través de ellos.

Sin embargo, hablar en lenguas es mucho más que un enfoque novedoso de oración y adoración. Provee al pentecostalismo una manera distintiva de pensar acerca de estas acciones espirituales. En un sentido estricto, la disminución en nuestra práctica de hablar en lenguas refleja una disminución en nuestras acciones y en nuestra actitud con respecto a nuestra comunicación con Dios.

Como un movimiento centrado en Cristo, dependemos del Espíritu para ayudarnos a llegar a ser más como Jesús. Hablar en lenguas nos lleva más allá de nuestras limitaciones humanas. El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad (Romanos 8:26), forma en nosotros la mente de Cristo (1 Corintios 2:14-16), y nos fortalece en la fe (Efesios 3:16-17).

El bautismo en el Espíritu Santo nos recuerda nuestra debilidad inherente y necesidad del poder y la sabiduría de Dios. Pablo dijo: «nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras» (Romanos 8:26).

No hay vergüenza en reconocer nuestra debilidad humana y dependencia del Espíritu Santo. De hecho, es precisamente esta postura ante Dios la que ha hecho del pentecostalismo una poderosa fuerza misionera a través de la historia.

4. Hablar en lenguas como una acción inspirada por el Espíritu, moviliza a los creyentes a la misión de Dios. En el libro de los Hechos, es evidente la conexión entre las misiones y el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés.

Empezando con el audaz sermón de Pedro en el capítulo 2, podemos ver cómo el poder del Espíritu morando en los discípulos los habilitó para cumplir el mandamiento de Cristo de llevar el evangelio al mundo (Mateo 28:19-20). Como sabía que el camino por delante no sería fácil, Jesús les dijo a sus discípulos que esperaran el bautismo en el Espíritu para que recibieran el poder sobrenatural y la valentía requerida para llevar a cabo los propósitos de su reino (Hechos1:4-8).

Al continuar con la misión de Cristo en el mundo actual, todavía necesitamos al Espíritu Santo. No es casualidad que el pentecostalismo moderno haya crecido de manera exponencial desde sus inicios humildes a principios del siglo veinte.

Tradicionalmente, los pentecostales han buscado el mismo poder y la misma experiencia que distinguió a la iglesia primitiva. Como discípulos del primer siglo, los pentecostales dependen del empoderamiento del Espíritu para cumplir con la gran comisión y declarar «las cosas maravillas que Dios ha hecho» a las naciones (Hechos 2:11). Esto condujo a la rápida expansión de un movimiento misionero acompañado de señales milagrosas y maravillas.

Si en el día de Pentecostés el bautismo en el Espíritu redundó en la evangelización del mundo, el bautismo en el Espíritu de ahora es necesario para la evangelización de nuestro mundo hoy. Desde una perspectiva pentecostal, el día de Pentecostés no fue el día en que empezó la iglesia, sino el día en que fue empoderada. El bautismo en el Espíritu trata sobre la Iglesia recibiendo el empoderamiento del Espíritu para propósitos misioneros.

Dada la conexión en el libro de los Hechos entre el bautismo en el Espíritu y el empoderamiento misional, no debemos pasar por alto la importancia de buscar al Espíritu Santo hoy. Una disminución en los bautismos en el Espíritu resultará en una disminución en la efectividad misional.

¿Cómo sabemos si alguien ha recibido el empoderamiento del Espíritu para la misión? La acción de hablar en lenguas responde a este interrogante.

Hablar en lenguas (palabras inspiradas por el Espíritu) es la evidencia (indicador bíblico que se repite) inicial (la primera, pero no la única) observable (a nivel físico) del empoderamiento del Espíritu para la misión.

Seguir enfatizando nuestra práctica distintiva de hablar en lenguas es más que proteger un legado. Es reconocer que dar continuidad a nuestro distintivo es la clave para garantizar nuestra habilidad misional presente y nuestra efectividad futura en lo que al reino se refiere.

5. Hablar en lenguas nos da una pequeña muestra de nuestra esperanza futura dentro de nuestro mundo presente. En cuanto a la doctrina, la denominación de las Asambleas de Dios siempre ha contemplado expectante la «esperanza» (Tito 2:13).

A través de nuestra historia, hemos enfatizado el pronto regreso de Cristo en nuestra adoración, predicación y compromiso comunitario. Esa expectativa es un tema central de nuestra teología y práctica. El bautismo en el Espíritu Santo es una parte de esta esperanza del fin de los tiempos.

Una comprensión pentecostal del derramamiento del Espíritu en Hechos 2 debe incluir su conexión con el cumplimiento de la profecía de Joel respecto a los acontecimientos escatológicos (Joel 2:28). En el día de Pentecostés, gente de «todas las naciones» oyeron a los discípulos hablar en lenguas (Hechos 2:5). Ése fue el primero de un continuado testimonio de la obra del Espíritu en los últimos tiempos en este mundo.

En el mensaje del apóstol Pedro, él formuló el concepto del Pentecostés como una señal de «los últimos días» (Hechos 2:17). Llamó a la multitud a arrepentirse y a preparar el corazón para recibir ese don (versículo 38). De modo similar, el bautismo en el Espíritu Santo nos recuerda como Iglesia hoy, nuestra misión presente y nuestra esperanza futura.

El bautismo en el Espíritu trata sobre
la Iglesia recibiendo
el empoderamiento
del Espíritu para
propósitos misioneros.

Debemos reafirmar y reavivar esta esperanza futura dentro de cada generación mientras buscamos el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas. Como declaró Pedro: «Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para los que están lejos, es decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios» (Hechos 2:39).

Así como el día de Pentecostés congregó a un grupo diverso para oír las maravillas de Dios, nosotros esperamos el día cuando «todo pueblo y toda nación, tribu y lengua» adorarán delante del trono (Apocalipsis 7:9).

Desde una perspectiva pentecostal, la esperanza del cielo no es solo una realidad distante. Mientras el Espíritu Santo obra en nosotros y a través de nosotros, experimentamos la presencia de Dios entre nosotros y participamos en señales y maravillas en este era. Esta realidad presente indica el cumplimiento futuro de todas las promesas de Dios en Cristo.

El pentecostalismo es mucho más que hablar en lenguas. Una disminución en los bautismos en el Espíritu con la evidencia de hablar en lenguas pone en peligro nuestra habilidad de trasmitir nuestra fe a la próxima generación.

¿Qué pueden hacer los líderes?

Crear oportunidades para el bautismo en el Espíritu dentro de nuestras reuniones semanales de adoración. Todo ministro del evangelio tiene la responsabilidad de promover oportunidades divinas, es decir, momentos en los que el ambiente se presta para el encuentro con el Espíritu Santo.

Aunque Dios no depende de nuestros esfuerzos, Él comisionó y empoderó a la Iglesia para guiar a las personas a Jesús. Nuestras experiencias de adoración no son solo reuniones sociales. Son oportunidades sagradas para que las personas experimenten cambios de vida y comunión con Dios.

Parte de nuestro ADN como pentecostales es tener hambre de la obra del Espíritu. Así como los discípulos esperaban en el aposento alto el don prometido del Espíritu Santo (Hechos 2:1), nosotros esperamos con expectación un nuevo derramamiento en nuestros días.

Creemos que el Espíritu opera a través de la Iglesia. Por tanto, debemos crear oportunidades deliberadamente para que el Espíritu obre. Sin embargo, la predicación, oración y adoración pentecostales deberían ir más allá de una mera apertura al Espíritu. Deberían cultivar un ambiente que le dé la bienvenida al Espíritu.

¿Por qué es importante esta distinción? El cambio imperceptible de buscar un ambiente que dé lugar a la obra del Espíritu a simplemente estar abierto al mover del Espíritu tiene implicancias profundas.

Una cosa es permitir que el Espíritu esté activo en nuestros servicios. Otra cosa del todo diferente es invitarlo a que Él haga lo que quiera, creando intencionalmente en nuestros servicios de adoración semanales un ambiente donde el Espíritu tenga la libertad para hacer lo que Él desea.

Una disminución en los bautismos en el Espíritu no es el resultado de que el Espíritu tenga menos deseos de bautizar a los seguidores de Jesús. Después de todo, Dios no cambia.

¿Cuál es la cuestión, entonces? Quizás hemos pasado gradualmente de buscar el derramamiento del Espíritu Santo a suscribirnos a la idea en teoría. Así como debemos determinarnos a crear un ambiente donde la gente pueda experimentar la obra de salvación del Espíritu, tenemos que crear con determinación oportunidades para que la gente experimente el bautismo en el Espíritu.

Predicar y enseñar sobre el bautismo en el Espíritu con regularidad. Cada servicio es una oportunidad sagrada, y está la responsabilidad santa sobre cada discípulo de compartir las verdades de la Palabra de Dios.

Hay tantos temas bíblicos importantes que compiten por nuestra atención cada semana. Aunque deberíamos predicar «todo lo que Dios quiere que sepan» (Hechos 20:27), los ministros pentecostales tienen el deber de hacer del tema del bautismo en el Espíritu una parte regular de su programa de predicación.

No podemos dar por sentado que, porque las personas van a una iglesia pentecostal, entienden o han experimentado el bautismo en el Espíritu Santo. En mi investigación doctoral, he encontrado que solo el 44% de personas que se identifican como pentecostales creen que han recibido enseñanza suficiente acerca del bautismo en el Espíritu. Esto indica que muchas personas dentro de las Asambleas de Dios necesitan oír más mensajes sobre este tema importante.

Es posible que, por predicar o enseñar tan a menudo sobre un tema, descuides dar a la gente una dieta balanceada de la Palabra. Al mismo tiempo, la narración de Hechos revela un patrón consistente del bautismo en el Espíritu adondequiera que llegaba el evangelio. Como pentecostales, vemos esto como evidencia bíblica de que el bautismo en el Espíritu era el catalizador para el empoderamiento misional de la iglesia del primer siglo.

La iglesia del siglo veintiuno debe seguir viendo el bautismo en el Espíritu como una parte indispensable de nuestro empoderamiento misional para hoy. Esto significa que la razón para dar prioridad a la predicación y enseñanza sobre el tema no es simplemente aumentar la cantidad de bautismos en el Espíritu. Deberíamos enfatizar el bautismo en el Espíritu desde nuestros púlpitos porque, así como la iglesia del primer siglo, lo vemos como un catalizador para el empoderamiento misional.

Si el bautismo en el Espíritu ha de seguir siendo una parte fundamental de la iglesia pentecostal, debe ser una parte fundamental de nuestros sermones, nuestros grupos pequeños, nuestras clases y nuestra literatura. Cosecharemos lo que sembremos en nuestra predicación y enseñanza.

Creo que hay una conexión directa entre una disminución de los bautismos en el Espíritu y la cantidad de predicación y enseñanza que dedicamos el tema. Es imperioso que prioricemos el bautismo en el Espíritu Santo en nuestros mensajes y en nuestras reuniones.

Las iglesias pentecostales necesitan líderes y miembros que
actúen en los
dones del Espíritu.

El bautismo en el Espíritu suele recibir algo de atención durante el domingo de Pentecostés, pero no podemos relegarlo a un domingo por año. Debemos enfatizar continuamente la importancia del bautismo en el Espíritu Santo.

Predica con el ejemplo a través de una vida llena del Espíritu. Si esperamos despertar un fuerte deseo por el bautismo en el Espíritu Santo en aquellos que pastoreamos, primero debemos demostrar la vida en el Espíritu. Como ministros, guiamos a la gente no solo a través de lo que decimos, sino también por el ejemplo que le damos.

Los líderes del ministerio establecen el precedente espiritual para aquellos que los siguen. Por esa razón, Pablo les dijo a los corintios: «Y ustedes deberían imitarme a mí, así como yo imito a Cristo» (1 Corintios 11:1).

Los ministros pentecostales tienen la responsabilidad de vivir de una manera que inspire a otros a buscar el bautismo en el Espíritu Santo. ¿Es posible que algunos en nuestras congregaciones no estén buscando el bautismo en el Espíritu sencillamente porque la vida de sus líderes no los convence de la importancia de hacerlo?

En última instancia, los mensajes que predicamos y las lecciones que enseñamos acerca del bautismo en el Espíritu Santo no son suficientes si nuestra vida no está alineada con la Escritura. La mejor apologética de la necesidad del bautismo en el Espíritu es una vida que el Espíritu Santo ha empoderado.

De principio a fin en el libro de los Hechos, los discípulos bautizados en el Espíritu demostraban el poder del Espíritu en la manera en que vivían. Como ministros pentecostales, nunca olvidemos que nuestro énfasis sobre el bautismo en el Espíritu debe ser más profundo que meras declaraciones doctrinales o perspectivas teológicas. Necesitamos andar en el Espíritu mientras llamamos a otros a seguir a Dios.

Dónde empezar

Dada la evidente disminución en los bautismos en el Espíritu, estamos en un punto crítico en nuestra historia. Nuestra respuesta determinará el futuro de nuestro movimiento, y saber eso debe llevarnos a la acción.

Motivados por nuestra convicción de que el bautismo en el Espíritu con la evidencia de hablar en lenguas es para los seguidores de Cristo hoy, tenemos una oportunidad emocionante para ver cómo esta generación experimenta el empoderamiento del Espíritu. Podemos ponernos a la altura de las circunstancias al predicar y enseñar acerca del Espíritu, vivir en el Espíritu y crear espacio intencionalmente en nuestros servicios para que la gente tenga un encuentro con el Espíritu.

Deberíamos empezar con un renovado énfasis personal sobre el Espíritu. Luego podremos tratar esta cuestión con confianza, sabiendo que estamos avanzando con la asistencia dada por el Espíritu.

En estos tiempos difíciles, nuestro mundo necesita ministros empoderados por el Espíritu. Los desafíos que enfrentamos exigen sabiduría, discernimiento y poder más allá de nuestras habilidades naturales. Las iglesias pentecostales necesitan líderes y miembros que actúen en los dones del Espíritu.

Las estrategias organizacionales no son suficientes para ganar las batallas espirituales. Pero al orar en el Espíritu (Efesios 6:18), seguiremos encontrando el empoderamiento que necesitamos para hacer retroceder los planes satánicos y expandir el reino de Dios mientras esperamos la venida del Señor.

Nuestra Fuente de posibilitación no ha cambiado: «‘No es por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales’» (Zacarías 4:6).

Motivados por nuestra confianza en el poder del Espíritu, sigamos abogando por la importancia de hablar en lenguas. Sigamos viviendo como testigos empoderados por el Espíritu, proclamando la verdad de la Escritura mientras nos determinamos a crear oportunidades para que la gente reciba el bautismo en el Espíritu Santo.

Hebreos 13:8 dice: «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre». El Señor quiere derramar su Espíritu sobre nuestras iglesias hoy tal como lo hizo en el pasado. ¿Estamos creando el ambiente propicio en nuestros servicios pentecostales para que el Pentecostés suceda una vez más?

TIMOTHY LAURITO, D. Min., es co-pastor de Faith Tabernacle (Asambleas de Dios) en Denton, Texas, profesor adjunto en Northpoint Bible College y Graduate School en Haverhill, Massachusetts, y autor de Speaking in Tongues: A Multidisciplinary Defense (Hablar en lenguas: Una defensa multidisciplinaria).

Este artículo aparece en la primavera 2022 de la revista Influence.

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